Por Juan Rocha
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El Banco de México (Banxico) publicó su “Reporte de Estabilidad Financiera” (REF) correspondiente al primer semestre de 2022 (1S22), que abarca el período de sep-21 a mar-22. En esta actualización, se destaca que: A los retos asociados a los efectos remanentes de la pandemia, se han sumado los asociados al conflicto geopolítico entre Rusia y Ucrania, las presiones inflacionarias a nivel global y el apretamiento de las condiciones financieras.
El otorgamiento de crédito aún no logra alcanzar una reactivación robusta y generalizada que acompañe y dé impulso al crecimiento económico, exponen los autores de este análsis Iván Martínez Urquijo / Carlos Serrano / Mariana A. Torán / Gerónimo Ugarte Bedwell
El sistema financiero mexicano mantiene una posición sólida. Los niveles de capital y liquidez de la banca múltiple en México cumplen holgadamente los mínimos regulatorios.
Las pruebas de estrés confirman la resiliencia del sistema financiero ante potenciales choques de índole crediticio, de liquidez y de cambio climático.
Persiste el riesgo de potenciales incrementos a las primas de riesgo, tanto soberanas como de Pemex, y posibles afectaciones a sus calificaciones crediticias.
Riesgos macrofinancieros: navegando en territorio inexplorado
La irrupción de la pandemia ha dado lugar a una combinación inusual de factores de oferta y demanda que hacen sumamente compleja la respuesta de hogares y empresas y por consiguiente, la predicción del entorno.
En estas circunstancias Banxico distingue cuatro principales riesgos macrofinancieros: Un tensionamiento más acelerado de las condiciones financieras globales. El incremento en los precios de los activos financieros durante la pandemia estuvo relacionado con la expectativa de tasas de interés bajas por un tiempo prolongado.
La reversión de este supuesto ha significado un relevante incremento en la volatilidad. En la medida en que la inflación se muestre más persistente y los bancos centrales tengan que recurrir a ciclos de alzas de tasas más rápidos y prolongados,los riesgos de estabilidad del sistema financiero se incrementan vía los canales de aumento de las primas de riesgo, salidas de flujos de capital y una menor valuación de activos.
Un crecimiento económico global menor a lo esperado. El conflicto bélico en Ucrania ha exacerbado las afectaciones que dejó la pandemia, principalmente sobre las condiciones de oferta de bienes. En la medida en que estas afectaciones sean permanentes o altamente persistentes se podrían debilitar los flujos de comercio mundial y con ello el potencial de crecimiento de las economías. Un menor crecimiento potencial eventualmente puede poner en riesgo la estabilidad financiera.
Debilitamiento del consumo y la inversión internos. Con una elevada carga idiosincrática, la debilidad de la demanda interna, a través de la inversión y el consumo, podría extenderse o incluso acentuarse, dado el entorno de condiciones financieras más restrictivas.
De materializarse este riesgo la intermediación de recursos podría verse comprometida a tal punto que podría incrementar el riesgo de crédito y con ello el riesgo de inestabilidad financiera.
Posibles ajustes a la baja de las calificaciones soberana y de PEMEX. Los elevados precios del petróleo en meses recientes han dado un respiro a las finanzas de la petrolera. No obstante, sus elevados niveles de deuda y las dudas respecto a la viabilidad de su modelo de negocio en el entorno actual, mantienen la posibilidad de reducciones adicionales a su calificación que pudieran poner en riesgo la calificación soberana en el mediano plazo, dada su elevada interdependencia.
Como proporción del PIB, el financiamiento total se encuentra en un nivel similar al observado en el 2T17
En el 1T22, el financiamiento total a la economía siguió disminuyendo. Aunque el financiamiento al sector público permanece estable en términos reales, el destinado al sector privado sigue contrayéndose, aunque a un menor ritmo.
En el período que abarca el REF, el crédito al consumo otorgado por la banca múltiple continuó recuperándose y logró registrar tasas de crecimiento reales anuales positivas por primera vez desde el inicio de la pandemia en la mayoría de los segmentos.
Únicamente el crédito automotriz sigue mostrando un rezago en su recuperación, debido a las disrupciones en las cadenas de suministro que ha enfrentado el sector y el encarecimiento de los vehículos nuevos.
La morosidad de esta cartera sigue disminuyendo y en mar-22 alcanzó niveles inferiores a los observados previos a la pandemia. En particular, la disminución en la morosidad de tarjetas de crédito se explica principalmente por la reducción en la cartera vencida ante la adopción de los criterios contables IFRS9. Contrario a lo observado en la banca múltiple, en el caso de entidades bancarias no reguladas y el Infonacot, el REF destaca que la morosidad del crédito al consumo permanece elevada y en niveles mayores a los observados antes de la pandemia.
En cuanto al financiamiento a la vivienda, se observó un incremento respecto al mismo período del año previo, pero a un ritmo menor. En el caso de la banca múltiple, en el 1T22 se observó un incremento marginal respecto al cierre de 2021.
Para el Infonavit y el Fovissste, se registraron 28 meses consecutivos con tasas de crecimiento real anual negativas. La morosidad de la cartera también muestra un desempeño diferenciado entre otorgantes: mientras que en el caso de la banca múltiple la morosidad ha disminuido desde jun-21, para el infonavit dicho indicador aumentó respecto al último trimestre analizado, alcanzando su nivel más alto desde que se tiene registro (17.7% en feb-22).
Para el Fovissste, el IMOR se ubicó en 7.6% al cierre del 1T22, 0.6 puntos porcentuales mayor al reportado en el REF de dic-21.
El financiamiento a empresas privadas no financieras siguió mostrando contracciones a tasa real anual, tanto en su componente interno como externo. En el caso del financiamiento otorgado por la banca múltiple, en el 1T22 se acumularon siete trimestres consecutivos de decrementos, aunque cada vez menores.
Destaca que en el primer trimestre del año, el crédito a las empresas de mayor tamaño muestra una menor contracción de su cartera. Respecto a la morosidad de esta cartera, destaca que, con la entrada en vigor de los estándares IFRS9, se registró un incremento significativo en el IMOR. Dicho efecto se observa sólo en la cartera de las empresas de mayor tamaño.
En el caso de intermediarios financieros no bancarios, la morosidad en su conjunto se mantiene en niveles estables.
Exposición de la banca a cambios en el empleo formal y la actividad económica.
Dentro de su análisis asociado al riesgo de crédito, en esta edición el REF presenta dos indicadores para evaluar la exposición de la banca a cambios en el empleo formal y la actividad económica.
En particular, la exposición de la cartera de crédito empresarial a cambios en la actividad económica está asociada al tamaño de la caída o al menor crecimiento económico en términos agregados y cómo se distribuye esa caída o menor crecimiento entre los distintos sectores de la economía.
Es decir, una contracción económica generará más riesgo para la banca si se concentra en los sectores que tienen más peso dentro de la cartera de crédito empresarial.
Tomando esto en consideración, se construye un indicador de exposición del crédito empresarial, con la suma del crecimiento en distintos sectores, en donde el peso que recibe el crecimiento de cada sector es equivalente a su participación en la cartera empresarial, de tal forma que el indicador captura el riesgo de cambios agregados y de cambios sectoriales en el crecimiento económico.
Con la información analizada se observa que los mayores niveles de riesgo se registraron en mayo-20, cuando se evidenciaron los efectos más severos de la pandemia en la actividad económica, medidos a través de la variación en el Índice Global de Actividad Económica (IGAE). Adicionalmente, en esa fecha se observa que el indicador de riesgo empeoró más que el IGAE, lo cual implica que que la contracción económica estuvo concentrada en sectores de la economía con más peso en las cartera de crédito que en la producción.
A febrero-22 (última información disponible), el indicador todavía no alcanzaba su nivel prepandemia ni su promedio histórico.
Siguiendo una metodología similar, también se construye un indicador de exposición para el crédito de nómina, como la suma del crecimiento del empleo formal en los distintos mercados laborales.
En este caso, el peso que recibe el mercado laboral que corresponde a un estado, un género y al nivel de salarios (altos o bajos) es igual a su participación en el crédito de nómina.
El indicador calculado señala que los mayores niveles de riesgo se observaron en ago-20; es decir, a diferencia del crédito empresarial, el mayor riesgo se observa dos meses después de que se registraran los efectos más negativos de la pandemia (que para el empleo formal ocurrieron en jun-20).
Un comportamiento similar se observa en el caso del crédito hipotecario y el automotriz. Cabe señalar que para estas carteras, el indicador se comportó mejor que el empleo formal, lo que refleja que la pandemia afectó menos a los acreditados con alta participación en este tipo de créditos que al resto de la población. Adicionalmente, el indicador ha mejorado desde el 4T21 y muestra ya un mejor desempeño que su nivel histórico y prepandemia.
La banca múltiple continúa mostrando fortaleza para enfrentar escenarios adversos
El índice de capitalización de la banca mexicana continuó aumentando durante el semestre que abarca el estudio y al cierre del 1T22 alcanzó un 19.7% (vs 18.8% en sep-21). En el período destaca el incremento en la participación del capital de mayor calidad, el capital fundamental, que pasó de 17.3% a 18.2%. En cuanto a los requerimientos asociados a los distintos riesgos, se observó un aumento en los componentes asociados a riesgo de mercado y operacional, en tanto que el asociado a riesgo de crédito disminuyó.
En particular, el riesgo de crédito bancario se redujo en las carteras de consumo, vivienda y empresas, principalmente por la disminución en sus probabilidades de incumplimiento, y se espera que la evolución de este riesgo seguirá ligado al desempeño de la actividad económica.
El documento destaca que, con un riesgo de cartera que se mantiene acotado y con los altos niveles de capital observados, hay margen para que el crédito se incremente sin que los riesgos lo hagan de una forma desproporcionada si se mantienen criterios adecuados de originación.
En cuanto a la posición de liquidez, se han observado pocos cambios en el semestre de referencia y los niveles se mantienen por encima del mínimo regulatorio (con una mediana de 233.4% en mar-22 vs 231.7% en sep-21).
El REF destaca que aún se observan altos niveles de liquidez a nivel sistema. Esta liquidez se explica porque la recuperación del crédito ha sido menor al dinamismo observado en la captación. Sin embargo, destaca que algunos bancos medianos y pequeños presentan mayores riesgos debido a la concentración y baja estabilidad en algunas de sus fuentes de fondeo.
En cuestiones regulatorias destaca que, en el período que abarca el reporte, concluyó la vigencia de las medidas de liquidez y financiamiento implementadas para enfrentar la pandemia, aunque las autoridades decidieron mantener algunas de las herramientas empleadas durante dicha contingencia.
Tal es el caso del costo de la facilidad de liquidez ordinaria y facilidades administrativas relacionadas con el reconocimiento en el capital complementario de las reservas adicionales totales .
Además las autoridades financieras retomaron la instrumentación de medidas, cuya entrada en vigor se había pospuesto, como en el caso del requerimiento de Capacidad de Absorción de Pérdidas (TLAC por sus siglas en inglés) y el cumplimiento del requerimiento de al menos 100% para el Coeficiente de Financiamiento Estable Neto (CFEN).
Las principales instituciones del sistema financiero mantienen condiciones adecuadas de solvencia y liquidez en un entorno retador
El entorno actual que enfrenta el sistema financiero mexicano ha estado caracterizado por dos principales factores. El primero, el tensionamiento de las condiciones financieras como resultado del retiro de los estímulos monetarios ante el significativo incremento en la inflación.
El segundo, la invasión rusa a Ucrania, la cual ha exacerbado el incremento en los precios de las materias primas y ha impactado de forma negativa las expectativas de crecimiento económico, retroalimentando, a su vez, al primer factor antes mencionado.
Estos factores se han reflejado, principalmente, en significativos incrementos de las tasas de interés a nivel global, caídas en la valuación de activos de renta variable, volatilidad cambiaria y un moderado incremento en los spreads corporativos.
Todos estos cambios en las condiciones del entorno durante los últimos seis meses, han influido de diversa manera en las principales instituciones que conforman el sistema financiero mexicano.
Para las Siefores (19.6% de los activos del sistema financiero), el principal inversionista institucional del país, el alza de las tasas de interés a lo largo de toda la curva, aunado a la caída de los índices accionarios a nivel global, se tradujo en minusvalías durante el primer trimestre del año, luego de relevantes plusvalías durante el 2021.
Es relevante recordar que alrededor del 50% del portafolio de las siefores está compuesto por instrumentos de deuda gubernamental, participación que se ha venido reduciendo en los últimos años en favor de instrumentos estructurados y de renta variable nacional.
Además del tema de las minusvalías, los retiros de las cuentas de las afores por motivos de desempleo han sido un punto a llamar la atención, dado su elevado nivel.
No obstante, el Reporte sostiene que los riesgos por este hecho se mantienen acotados, dada la baja proporción que representan de las aportaciones recibidas por las afores al primer bimestre de 2022 (4.0%).
En el caso de los fondos de inversión (10.6% de los activos del sistema financiero), el ciclo de tensionamiento monetario en EE.UU. y México, así como la expectativa de que aún les queda un buen recorrido, ha generado un cambio en las tendencias.
El apetito por fondos de renta variable observado desde mediados de 2020 se detuvo, influido por las significativas caídas de los índices accionarios. Por el contrario, los fondos de renta fija retomaron su crecimiento tras varios meses de estancamiento, ante los niveles atractivos de las tasas de interés.
De esta manera los activos administrados por los fondos de renta fija crecieron 6.0% nominal entre el cierre de 2021 y mayo de 2022, mientras que los de los fondos de renta variable decrecieron 9.0%. Esta caída corresponde tanto a menores flujos, como a rendimientos negativos.
Ante la previsión de un ciclo de tensionamiento monetario largo y de elevada magnitud, las casas de bolsa (3.6% de los activos del sistema financiero) redujeron la duración de su portafolio mediante la reducción de la posición directa de títulos de deuda, principalmente gubernamental, a tasa fija y de largo plazo. Con ello, la duración del portafolio de títulos de deuda pasó de 0.8 años en abril de 2021 a 0.7 años en abril de 2022.
A su vez, esta menor exposición en títulos de largo plazo se tradujo en un menor riesgo de mercado, medido por el Valor en Riesgo Condicional (CVaR), el cual pasó de 17.4 a 12.6% del activo neto, entre abril de 2021 y abril de 2022.
Para las aseguradoras (7.8% de los activos del sistema financiero), la menor letalidad del COVID-19 significó una menor siniestralidad, indicador que se había ubicado en niveles históricamente altos desde la segunda mitad de 2020. Esto apoyó el incremento en las utilidades, aunque aún a un nivel menor que los observados antes de la pandemia.
Llama la atención que la emisión de primas haya tenido un crecimiento prácticamente generalizado, con excepción del ramo de automóviles, el cual mantiene una contracción ante la menor producción y venta de automóviles nuevos. Este comportamiento ha estado influido por los cuellos de botella que presentan las cadenas de suministro afectadas aún por la pandemia.
A pesar del complicado periodo reciente para las aseguradoras, mantienen elevados niveles de solvencia. El Índice de Cobertura de Reservas Técnicas y el Índice de Cobertura del Requerimiento de Capital de Solvencia, con niveles de 1.06 y 2.7 respectivamente, señalan que las inversiones cubren las obligaciones contraídas con los asegurados.
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