El hallazgo de restos humanos en una fosa clandestina del municipio de Concordia volvió a encender las alertas por la violencia en la entidad, en medio de la búsqueda de al menos 10 mineros desaparecidos desde enero. El caso ha reavivado las críticas a la estrategia de seguridad del gobierno federal en una entidad marcada por la guerra interna del Cártel de Sinaloa
Redacción Más
La violencia volvió a recrudecerse en Sinaloa tras el hallazgo de cuerpos y restos humanos en una fosa localizada en la zona serrana del municipio de Concordia, en el sur del estado, mientras se realizaban labores de búsqueda de al menos 10 trabajadores mineros desaparecidos desde el pasado 23 de enero, presuntamente a manos de un grupo armado.
De acuerdo con El País, las autoridades federales informaron que el descubrimiento ocurrió sin que hasta el momento se haya precisado el número de cuerpos ni su estado. La Fiscalía General de la República señaló que uno de los restos podría corresponder a uno de los mineros desaparecidos, aunque evitó confirmarlo en tanto no concluyan los estudios de identificación.
El caso de los trabajadores ha vuelto a poner bajo escrutinio la estrategia de seguridad del Gobierno federal en Sinaloa, entidad que se ha convertido en un punto central de la política contra el crimen organizado de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien asumió el cargo en octubre de 2024, en medio de una nueva guerra interna del Cártel de Sinaloa entre las facciones encabezadas por los hijos de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán y los de Ismael ‘El Mayo’ Zambada.

El enfrentamiento entre estos grupos ha dejado cientos de muertos y personas desaparecidas, con mayor impacto en Culiacán y su zona conurbada, pero también en Mazatlán y en regiones serranas como Concordia.
En este contexto, el gobierno federal, junto con el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, lanzó una estrategia más agresiva contra el crimen organizado, en contraste con la política de contención aplicada durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, conocida por el lema de “Abrazos, no balazos”.
A pesar de que Sinaloa es uno de los estados con más detenciones, decomisos de drogas y armas, así como con más grupos criminales debilitados o desarticulados durante los primeros meses del nuevo gobierno, la violencia no ha cedido.
La desaparición de los mineros cuestiona incluso los supuestos avances contra una de las facciones en pugna, Los Chapitos, a quienes autoridades federales consideran seriamente disminuidos tras los operativos recientes.
La paradoja, según fuentes oficiales citadas por El País, es que la red criminal atribuida a Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán estaría detrás de la desaparición de los trabajadores, pese a encontrarse bajo fuerte presión tanto en México como en Estados Unidos. El caso evidencia la capacidad de estos grupos para seguir operando y generar daño, aun cuando se les considera en retroceso.
El hallazgo en Concordia también expone la crisis de seguridad que se ha extendido en las últimas semanas por el sur del estado. Además de la desaparición de los trabajadores de la minera canadiense Vizsla Silver, se han registrado enfrentamientos armados en Escuinapa, ataques contra policías estatales y la desaparición de cuatro turistas provenientes de la Ciudad de México en Mazatlán, justo cuando el puerto se prepara para las celebraciones de carnaval.

Durante meses, la aparente calma en el sur de Sinaloa contrastó con denuncias de familiares de personas desaparecidas, quienes advertían sobre reclutamientos forzados en la sierra y traslados de jóvenes a zonas de combate. Las dificultades de acceso y la falta de cobertura mediática permitieron que esta violencia permaneciera parcialmente oculta, mientras las autoridades centraban su atención en otros focos del conflicto.
Ahora, la atención se concentra en la magnitud de lo ocurrido en Concordia y en la identificación de los restos localizados en el poblado de El Verde. Familiares de los mineros ya han entregado muestras de ADN a la Fiscalía, a la espera de resultados que permitan confirmar si las víctimas forman parte del grupo desaparecido, en un episodio que vuelve a colocar a Sinaloa como símbolo de una violencia que parece no tener dueño ni fronteras.
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