Por Refugio Ontiveros
Saltillo, 23/10/24 (Más).- La venta de comida chatarra en las inmediaciones de las instituciones educativas ha demostrado ser un problema difícil de controlar, a pesar de los intentos de las autoridades para regularla. Mientras que dentro de las escuelas está prohibida la comercialización de estos productos, los vendedores ambulantes aprovechan los momentos de mayor afluencia: la hora del receso y la salida.
Dulces, elotes, nachos, papas fritas, refrescos y jugos encabezan la lista de alimentos que los estudiantes tienen a su alcance en el exterior de los planteles educativos. A pesar de las campañas para promover una alimentación saludable, estos productos siguen siendo altamente demandados por los niños y jóvenes a la salida de clases.

Un comerciante ambulante, que lleva 25 años dedicándose a este negocio, asegura que, a pesar de las advertencias de las autoridades sobre posibles sanciones y desalojos, nunca se ha realizado una intervención real que los retire de la zona escolar.
El vendedor menciona que su actividad le genera ingresos de aproximadamente 10 mil pesos semanales, lo que equivale a unos 40 mil pesos mensuales. “Es un negocio seguro, las ventas son constantes porque la demanda siempre está ahí”, comentó el comerciante, que opera cerca de escuelas primarias, secundarias y hasta universidades.
Este problema, que a menudo se origina como un hábito desde casa, se evidencia cuando los padres, de manera casi inevitable, compran algún aperitivo para sus hijos, quienes corren hacia los puestos ambulantes apenas finaliza la jornada escolar.

El fenómeno es tan cotidiano que se ha convertido en parte del paisaje de la salida escolar. Los vendedores han encontrado en este entorno una fuente constante de ingresos, mientras que los niños y jóvenes, impulsados por el hambre y la costumbre, encuentran en la comida chatarra una opción rápida y accesible.
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