Ciudad de México, 07/07/25 (Más).- Con la victoria de Claudia Sheinbaum en las elecciones presidenciales de 2024, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) consolidó una estructura de poder que abarca la Presidencia de la República, mayorías absolutas en ambas cámaras del Congreso, 24 de las 32 gubernaturas del país y, tras las elecciones de jueces y magistrados del 1 de junio, el dominio sobre el Poder Judicial. Estos resultados han reactivado el debate sobre si México atraviesa una nueva etapa de partido hegemónico similar a la vivida bajo el régimen del Partido Revolucionario Institucional (PRI) durante el siglo XX.
La participación ciudadana en las recientes elecciones judiciales fue del 13%, porcentaje que para algunos refleja una validación institucional y, para otros, la movilización exclusiva de la militancia oficialista. Además, el Congreso aprobó esta semana una serie de leyes en materia de telecomunicaciones y seguridad que otorgan al Estado amplias facultades de acceso a sistemas de comunicación y financieros, generando preocupaciones sobre la concentración del poder.

Durante su intervención pública en mayo, la presidenta Sheinbaum rechazó que Morena pueda compararse con el PRI. “No hay nada que se parezca de Morena a aquello”, afirmó. Explicó que, a diferencia del modelo corporativo del PRI, Morena tiene una afiliación individual y se opone a prácticas como el corporativismo, la colusión con la delincuencia o la lejanía del pueblo. En una carta dirigida a la dirigencia del partido, Sheinbaum advirtió sobre el riesgo de que Morena se convierta en “partido de Estado” y pidió fortalecerlo sin caer en viejas prácticas.
Morena se define como un movimiento popular humanista con un enfoque prioritario hacia los sectores más vulnerables. En siete años de gobierno, el partido ha logrado una reducción de casi 10 puntos porcentuales en los índices de pobreza. Estos logros han sido parte de la narrativa que sostiene su popularidad, reflejada en la ventaja de 30 puntos que Sheinbaum obtuvo sobre su oponente en las últimas elecciones, así como en el 80% de aprobación que conserva según encuestas recientes.
Sin embargo, algunos analistas y críticos han señalado paralelismos estructurales con el PRI.

Salvador Camarena, periodista y ensayista, señaló que tanto el PRI como Morena han prometido justicia social pero que, en la práctica, “la realidad es la justicia para mis compadres y la pretensión de eternizarse en el poder”.
Para Camarena, la dispersión directa de ayudas sociales no ha cambiado los problemas estructurales en salud pública y seguridad.
Otros expertos, como Lisandro Devoto, politólogo, reconocen que Morena surgió dentro de un sistema de partidos competitivo, a diferencia del PRI que emergió de un conflicto armado. Sin embargo, advirtió que es en el poder donde Morena se empieza a parecer al PRI, al coincidir con una crisis opositora que le permite absorber estructuras y liderazgos sin contrapesos.
Azul Aguiar, especialista en procesos de democratización, afirmó que Morena empieza a reproducir dinámicas similares a las del PRI, en donde universidades, centros de investigación y medios buscan alinearse con el partido como única vía para tener espacio en la política. “Esto genera un escenario muy similar al que vamos a empezar a vivir ahora: el partido controla todas las instituciones del Estado”, declaró.
En cuanto a la figura del liderazgo, Camarena y Devoto coincidieron en que Morena mantiene un carácter caudillista en torno a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), a diferencia del modelo institucionalizado que desarrolló el PRI con el tiempo. Esta centralización en figuras específicas podría representar una vulnerabilidad futura para el movimiento.

Una de las interrogantes abiertas es el rol de los militares. Bajo el PRI, el aparato de seguridad del Estado fue utilizado para reprimir disidencias durante la Guerra Fría. Morena ha otorgado a las Fuerzas Armadas funciones ampliadas, como la administración de aeropuertos, infraestructura y control migratorio.
Camarena advirtió que Morena debería evitar repetir los errores del pasado y “dar verdad y justicia a los crímenes” cometidos por el régimen priísta.
Sheinbaum ha señalado que el fortalecimiento de Morena no debe traducirse en un retroceso democrático. No obstante, el creciente control del partido sobre los poderes del Estado y su rol dominante en la vida política nacional alimentan la comparación con el modelo de “dictadura perfecta” que Mario Vargas Llosa utilizó para describir al PRI.
Mientras Morena insiste en su identidad como un movimiento renovador y ajeno al autoritarismo, el desafío que enfrenta el nuevo gobierno es demostrar, con hechos, que su hegemonía no se traducirá en la repetición de los patrones del pasado. El equilibrio entre popularidad, control institucional y compromiso democrático será clave en los próximos años.
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