SER POLICÍA


Por Horacio Cárdenas Zardoni

Recordamos algunas voces de militantes izquierdistas de hace décadas, que bien podrían haber durado hasta mediados de 2018, pues con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador como presidente de la república, las cosas deben haber cambiado para ellos, el caso es que cuando los izquierdosos se referían a la policía, al ejército, a la marina, a cualquier persona o cuerpo que sonara a la función de seguridad, no dejaban de adornar hasta con salivazos la frase: los perros guardianes del sistema…
Claro, también ya como reflexión posterior, podían referirse a los perros amaestrados, o a los perros de presa del sistema, entendiendo este como el sistema capitalista que siempre ha sido su enemigo jurado, y en menor medida, mucho menor, el sistema político, económico y social, en el cual la izquierda, allí donde la ven, lo acepten o no, forma una parte integral, al grado que sin ella, sin sus exabruptos, sin sus continuadas explosiones y añagazas, habría un desequilibrio complicado de volver a hacerlo funcional.
Ni que decir que al gobierno, a cualquier gobierno, le conviene tener válvulas de desfogue de la presión. Los policías siempre han sido la válvula más efectiva, la más socorrida, acompañada de los cobradores de impuestos, los que hacen expropiaciones, esa clase de funciones que resultan poco agradables a la población, en cambio otros integrantes de la administración pública, desde luego el propio gobernante, aquellos encargados de la salud, de la beneficencia, del llamado desarrollo, en sus distintas acepciones, social, rural y los que se les vayan ocurriendo, siempre caminan limpios, y limpiándose.
Y sí, en muchas circunstancias, en muchos momentos de la historia y del momento actual, las policías se han hecho acreedoras del odio y desprecio de la población, ganándose a pulso lo que la gente piensa, siente y dice de ellos, como brazo ejecutor de las políticas impopulares o francamente represoras del régimen en turno. Pero también hay que tener en consideración que la labor de policía es indispensable para el funcionamiento del gobierno. Aun el presidente Andrés Manuel López Obrador, izquierdista empírico, a la hora que le toca ser gobernante, se vio obligado por la realidad a transformar su discurso de que llegando al poder, poco menos que desbandaría a las fuerzas armadas, toda vez que no había un enemigo de México, para dar paso a una guardia nacional, que sería algo así como un cuerpo de paz, a uno en el que el ejército es elemento fundamental del ejercicio de la función pública, asignándole una cantidad sorprendente de funciones que siempre habían estado en manos de civiles, y para las que las fuerzas armadas no están ni remotamente preparados ni habilitados, pero como buenos soldados, con su partecita de burócratas, no hay orden a la que digan que no.
Ser policía en México nunca ha sido sencillo. Lejos estamos de la visión de las películas y programas norteamericanos donde el policía es un bonachón servidor público al que el tenderlo le deja robarse una manzana, porque es robar el comérsela sin pagarla, o un profesional de primera línea dispuesto a jugarse el pellejo heroicamente por los demás. Acá siempre ha sido el cuico, el mordelón, la chota, el corrupto, y por supuesto, el perro del sistema. Con ese nivel de reconocimiento social, aunado a que muy pocos de los policías en funciones realmente tienen un salario que haga valer la pena el exponer la vida, tener jornadas de trabajo ingentes, condenarse al ostracismo cuando no a la soledad, porque ¿cuál vida familiar puede tenerse con esos horarios de trabajo?, y la presión… quien se queje de la presión en el trabajo no tiene ni idea de la que vive un policía, siempre presionado por sus superiores para rendir cuentas lo más pronto posible, al costo que sea, que no es la corporación la que los asume, sino el propio oficial ¿y qué pasa cuando no resuelve el caso, cuando no puede contener el ataque, cuando se le escapa el presunto?, pues se le ve con desconfianza, se sospecha que se corrompió, que se acobardó, que ha dejado de ser apto, y para pronto se le releva, se le relega y ponen otro en su sitio, uno que como puede ser que de el ancho, lo más probable es que termine demostrando que también es humano, y tarde o temprano recorra el mismo espinoso camino.
Ser policía en México es difícil, es una expresión vacía. Hace algo más de una semana un grupo de policías del estado de Nuevo León fue emboscado por bandas del crimen organizado en los límites con Coahuila, una de las zonas más calientes del país, por más que se sepa poco de ella por lo despoblado de los parajes, pero que para los criminales es esencial por que la frontera está allí nomás, del otro lado del río. seis policías asesinados casi sin darse cuenta por miembros de este o aquel cártel que han hecho de esa parte del territorio algo suyo, y tanto que el gobierno, el sistema, sus fuerzas, sus “perros”, no le disputan; eso un día, otro día, tres policías de San Luis Potosí fueron secuestrados, torturados y asesinados en el municipio de Santo Domingo; otro día, tres policías estatales emboscados y victimados en el municipio de Valparaíso Zacatecas… eso en el curso de pocos días, que no es más que el corte que hacemos para escribir estas líneas sobre lo difícil, lo peligroso, lo insatisfactorio que se ha vuelto ser policía en México en estos tiempos.
Por si fuera poco, vivimos tiempos muy extraños, en los que el sistema, digamos quien ocupa el poder público, desprecia a quienes ejercen la función de seguridad, no que los anteriores la hubieran respetado particularmente o mantenido en alta estima, pero le concedían su sitio en el aparato burocrático y de poder. Ahora no, son vistos, si bien las va, como un mal necesario, uno que hay que mantener a pan y agua, cuando no se les sacrifica abiertamente, al preferir a los delincuentes flagrantes, por encima de la ley y quienes tienen la obligación y el deber de hacer que se cumpla.
Ser policía en México nunca ha sido fácil, quienes eligen esa profesión sacrifican mucho de su presente y su futuro posible, todo por un ideal del todo intangible de justicia. ¿hoy?, es casi un suicidio, por el cual no obtienen más que escarnio, ellos que han sido contra viento y marea el parapeto entre el caos y un principio de orden, hoy viven en una constante traición, mientras la paciencia les dure.


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