Ciudad de México, 06/04/26 (Más).- Ser policía en la Ciudad de México implica enfrentar diariamente situaciones de alto riesgo, tomar decisiones en segundos y cargar con un peso emocional constante, como lo vivió el oficial Ricardo Martínez Trejo tras rescatar a un menor de edad de un incendio ocurrido en la alcaldía Azcapotzalco en febrero de 2026.
De acuerdo con información de Animal Político, el elemento acudió a un llamado de emergencia en el Sector Hormiga, donde vecinos intentaban liberar a un niño atrapado dentro de una vivienda en llamas. Sin dudarlo, ingresó al domicilio con una cobija mojada y logró localizar al menor inconsciente, a quien entregó a su compañero, el policía Ángel Uriel Martínez Corona, para que lo trasladara a una ambulancia.
“Vi en la cara del niño el rostro de mis hijos y eso creo que me dio más fuerza y más ganas de meterme y de doblar esos barrotes”, relató Martínez Trejo, al recordar el momento en que decidió arriesgar su vida para intentar salvarlo.
En otro operativo, el oficial Jonathan Cortés Salgado enfrentó una explosión provocada por un tanque de gas en la alcaldía Tlalpan, de donde rescató a un joven y posteriormente intentó contener el fuego antes de la llegada de los bomberos. “Porque sabes todo lo que cuesta hacer algo para que vivan bien. Entonces, el pensar que por cualquier riesgo se iba a perder todo, dices: no, hay que ayudar”, explicó.
Estos actos reflejan no sólo el riesgo físico de la labor policial, sino también el impacto emocional que enfrentan los elementos al estar expuestos constantemente a situaciones límite. A ello se suma el estigma social que pesa sobre la corporación.
Según datos de la encuesta nacional de victimización y percepción sobre seguridad pública (Envipe), una parte importante de la población mantiene desconfianza hacia las policías, lo que obliga a los agentes a lidiar con prejuicios en su trabajo cotidiano.
“Hay que hacer de tripas corazón en algunas ocasiones, hacer caso omiso y tratar de mantenernos lo más serenos posible”, expresó Martínez Trejo, quien reconoció que muchas veces los ciudadanos generalizan conductas negativas hacia todos los policías.
Pese a ello, los elementos coinciden en que la mejor forma de cambiar la percepción es a través de sus acciones. “Sigan confiando en la policía, que somos más los buenos”, afirmó Martínez Corona, mientras que Cortés Salgado subrayó que no todos los uniformados actúan de la misma manera.
Las intervenciones de estos oficiales fueron difundidas en redes sociales, lo que derivó en un reconocimiento y ascenso por parte del secretario de Seguridad Ciudadana, Pablo Vázquez Camacho, quien destacó la entrega y el riesgo que asumen en cada servicio.
Sin embargo, más allá de los reconocimientos, los policías aseguran que su motivación principal es ayudar. “En el momento tú piensas en ayudar a la gente, no piensas en ti hasta después. Ya después asimilas la situación y dices: sí fue arriesgado”, reflexionó Cortés Salgado.
El desenlace no siempre es favorable. En el caso del menor rescatado en Azcapotzalco, el niño falleció posteriormente, lo que dejó una huella profunda en los oficiales involucrados. Aun así, Martínez Trejo encontró consuelo en el agradecimiento de la familia. “El agradecimiento por parte de ellos es grandísimo”, señaló.
En el ámbito personal, el riesgo constante también impacta a sus familias, quienes viven entre el orgullo y la preocupación. “De igual manera recibí regaños también; a la familia no le gusta que arriesguemos tanto la vida por nuestro trabajo pero es lo que tenemos que hacer”, admitió.
Para muchos de estos elementos, la vocación nació desde la infancia y hoy define su vida por completo. “Para mí la Policía en estos momentos lo representa todo, absolutamente todo”, expresó Martínez Trejo, mientras que Cortés Salgado resumió la realidad del oficio: “Prácticamente es mi vida, porque más tiempo nos la pasamos de este lado que con la familia”.
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