Por Horacio Cárdenas Zardoni
Todavía estamos en el limbo de lo que los burócratas del Instituto Electoral de Coahuila decidieron denominar intercampañas, y no los candidatos, sino los partidos están dándose hasta con la proverbial cubeta.
Se suponía que este período debería servir a los candidatos, a los partidos que los postulan, pero sobre todo a los ciudadanos, como un tiempo para digerir intelectualmente, suponiendo que eso sea posible, no solamente las propuestas, de las cuales ha habido alarmantemente pocas de parte de todos los que persiguen alcanzar la gubernatura del estado de Coahuila, sino de todo lo demás: lo ocurrido, lo que no sucedió, lo permitido, lo que pese a estar prohibido y penalizado, de todos modos estuvo allí presente, entre otras muchas cosas que giran en torno a este complicado proceso electoral, en el que pese a todo lo que se desgañitan por gritar los involucrados y sus cercanos, no hay nada para nadie.
Pero no, las intercampañas lejos de contribuir a la madurez cívica de los coahuilenses, ha servido para que los que las traen, sigan usando navajas y espolones para herir a sus contrarios. Claro que nadie quiere arriesgarse a una llamada de atención, mucho menos a una sanción, así que los golpes que han estado a la orden del día, son los que se han dado, ojo, no necesariamente intercambiado, por debajo del ring.
Pero no habrá faltado entre la clase política comarcana, grillos que consideraran que esta abstinencia obligada estaba siendo perjudicial para sus pretensiones de tener un buen desempeño en la elección del 4 de junio próximo. Quizá pensando que más vale perdón que pedir permiso, volvieron a las andadas por todo lo alto, y nos suponemos que también por todo lo bajo, aunque de esto no es tan sencillo dar cuenta, pero de lo otro sí, porque a lo que nos estamos refiriendo es a la instalación de una nueva oleada de anuncios espectaculares con la intención de hacerse o mantenerse presentes en el ánimo de los posibles electores, así ha de estar el miedo de que los olviden en el escaso tiempo que llevan las mentadas intercampañas.
De repente a principios de la semana pasada nos sorprendió ver un anuncio allá por el rumbo de periférico Luis Echeverría, por donde cruza con Isidro López Zertuche. En este espectacular no se está invitando al voto, si no van a cometer un error tan elemental. No, la invitación es como el anuncio aquel del aceite o los aditivos Bardal de hace muchos años: saca el tigre que llevas dentro. Se trata, supuestamente, aparentemente, de una campaña de afiliación de ciudadanos al Partido del Trabajo, el cual por puritita casualidad, lleva como candidato a la gubernatura de Coahuila ni más ni menos que a un señor que ha adoptado la imagen de un tigre, de esos de Bengala que andan libres por la Sierra de La Paila seguramente, o los que han sido avistados por el rumbo de Charcos de Risa, bueno, con esa sensibilidad que caracteriza a Ricardo Mejía Berdeja, eligió como nahual a un animal de esos que solo se dejaban ver aquí cuando venía un circo, y eso hasta que la ley de protección a la fauna prohibió su exhibición.
Interesante ¿no le parece?, una campaña de afiliación a un partido político, el PT. ¿Cuándo había sido la última campaña de afiliación así, lanzada abiertamente entre la población coahuilense, para acudir a alguna sede del partido que se trate, llevando la documentación correspondiente, ya sabe, credencial de elector, comprobante de domicilio, fotografías tamaño infantil, testigos, cosas así?, será que nos falla la memoria, pero no, no recordamos de una campaña de afiliación masiva, y menos en temporada electoral.
Sí, sabíamos por ejemplo que Acción Nacional, durante muchísimos años el partido político más serio en toda la escena política nacional, y por extensión en la estatal, tenía su campaña permanente de afiliación, a la cual potenciaba en algunas temporadas al año, pero fuera de ellos, ninguno. Nos tocó ver en el PRI, hace años, que la gente acudía a sacar su credencial del partido aplanadora, pero porque le servía de identificación, quien sabe por qué no tramitaban o no podían tramitar su credencial de elector, algo habría no muy claro en sus historias personales, el caso es que iban al PRI, y este feliz, feliz, feliz, como López Obrador después de algún desliz… disculpe usted el chascarrillo forzado, le daba la tarjeta con su foto, cancelada con el sello correspondiente. Luego hubo algo de más cuidado en la repartición, pues lo que importaba, que estas afiliaciones se convirtieran en votos, nomás no era proporcional con el número que se expedían, y luego también salió a relucir que las estaban utilizando para “charolear”, verbo muy mexicano aceptada por la Academia de la lengua, equivalente a hacer ostentación de un cargo o influencias, sin realmente tenerlas.
Y bueno, así está la campaña de afiliación al PT, que repetimos, parece anuncio de Bardal, del de antes.
Pero están también los otros espectaculares que aparecieron, por allí por Nazario Ortiz Garza, de ida y de venida. Estos espectaculares, con un sospechoso fondo color sangre quemada, que localmente le llaman guindo o guinda, pero que no es precisamente el tono que se usa a nivel nacional, con tamañas letras blancas, todo en mayúsculas dicen: el PRIAN ya se va.
¿De quién será este dechado de ingenio?, lanzar una frase que pretende ser, no nos queda claro, si un vaticinio, una esperanza, una promesa, o meramente una llamada de atención de que en esta época de intercampañas y su correspondiente reflexión en la cosa política, hay gente que no quita el dedo del renglón, y anda alimentando las inquietudes.
El PRIAN ya se va… por principio de cuentas debían de explicar qué es eso de PRIAN, porque como entidad social, política, como organización gremial, no existe. Podríamos entender que es una evolución de lo que las historietas de Rius comenzó a llamar hace cincuenta años el PRI-Gobierno, expresión que pegó y se usó durante todos los años que el PRI siguió siendo todavía el partido gobernante. Es ante todo una expresión de burla amargosa, de falta de respeto, de franco desprecio, una expresión que dependiendo del momento y la circunstancia a variado a PRIMOR, cuando el Revolucionario Institucional se alinea con las propuestas de MORENA, e incluso se ha hablado de un MOREPAN, que no requiere explicación de qué puede significar. Se suponía que los intercampañas eran para dejar descansar a la gente, no para seguirla incomodando o continuar picándole la cresta, porque seguro habrá priístas por un lado, panistas por otro lado, que se sentirán aludidos y molestos, y que querrán responder como ellos quieran responder. Pero está también el asunto de que, que sepamos, no hay un PRIAN gobernando en Coahuila. Aquí gobierna, hasta el último de noviembre, el PRI en la persona de Miguel Ángel Riquelme Solís, el PAN no tiene espacio en este gobierno ¿de qué lo quieran sacar, cuando ni siquiera le han concedido los votantes la oportunidad de gobernar?
Nos parece una frase de mal gusto, y de poca efectividad política. Porque apelan a que la gente sepa qué es el PRIAN, cuando la gente no sabe que es, y no lo sabe, porque en el instante presente, no es nada. Como puede llegar a ser, puede no llegar a ser, y además no es la fórmula completa. El caso es que lo único que hacen es alborotar el gallinero, cuando todavía no es hora de darles de comer, no por nada la molestia allí está.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
