Madrid, España, 03/07/26 (Más).- La persistencia de sesgos de género en la investigación científica y en la atención médica continúa generando diagnósticos tardíos, tratamientos inadecuados y una menor calidad en la atención de la salud de las mujeres, de acuerdo con especialistas y estudios que documentan una brecha histórica en prácticamente todas las áreas de la medicina.
De acuerdo con el reportaje publicado por El País, la mirada androcéntrica que ha predominado durante siglos en la ciencia ha colocado al hombre como modelo universal para el estudio del cuerpo humano, lo que ha provocado que numerosas enfermedades que afectan a las mujeres sean minimizadas, mal interpretadas o detectadas con retraso, además de que muchas de sus manifestaciones clínicas sean consideradas atípicas.
La publicación expone que esta situación no se limita a una especialidad médica, sino que atraviesa disciplinas como la cardiología, la oncología, la neurología, la psiquiatría, la ginecología y la medicina del dolor.
Entre las consecuencias figuran errores diagnósticos, tratamientos insuficientes y una menor investigación sobre enfermedades que afectan de manera predominante a la población femenina.
Uno de los ejemplos más representativos es el infarto agudo al miocardio. Aunque el dolor torácico continúa siendo el síntoma más frecuente tanto en hombres como en mujeres, estas últimas también pueden presentar náuseas, sudoración o dolor que se extiende hacia el cuello, manifestaciones que con frecuencia son confundidas con cuadros de ansiedad.
Como resultado, las mujeres tienen 50 por ciento más probabilidades de recibir un diagnóstico equivocado después de un ataque cardíaco y, en España, la mortalidad por esta causa alcanza 14 por ciento, el doble que entre los hombres.
La información también señala que enfermedades como la endometriosis pueden tardar entre cinco y 12 años en ser diagnosticadas debido a la normalización del dolor menstrual.
Esta enfermedad afecta aproximadamente al 11 por ciento de las mujeres en edad reproductiva en el mundo y, durante ese periodo, las pacientes suelen consultar a diversos especialistas antes de obtener un diagnóstico definitivo.
Estudios citados en el reportaje indican que la mayoría de las enfermedades presentan retrasos diagnósticos en mujeres.
El cáncer puede detectarse hasta dos años más tarde y la diabetes cerca de cinco años después en comparación con los hombres. Asimismo, padecimientos como la fibromialgia, la migraña y diversas enfermedades autoinmunes continúan enfrentando obstáculos relacionados con prejuicios históricos que atribuyen los síntomas a causas psicológicas.
El análisis también aborda la limitada representación femenina en la investigación científica.
Durante décadas, los ensayos clínicos y los modelos experimentales utilizaron principalmente organismos masculinos, bajo el argumento de evitar las variaciones hormonales. Esta práctica generó evidencia médica basada en parámetros masculinos, lo que redujo la comprensión de las diferencias fisiológicas y farmacológicas entre ambos sexos.
Entre los antecedentes relevantes destaca que en 1993 la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos estableció la obligación de incorporar mujeres en los ensayos clínicos, mientras que en 1998 se publicó el primer estudio anatómico detallado del clítoris.
Más recientemente, en 2023, investigaciones identificaron el origen genético de la hiperémesis gravídica, trastorno que durante años fue atribuido erróneamente a factores psicológicos o conductuales.
El reportaje advierte que la falta de perspectiva de género también se refleja en la formación médica, los equipos diagnósticos y los materiales de enseñanza, donde históricamente el cuerpo masculino ha sido utilizado como referencia principal.
Esta situación influye en la interpretación de síntomas, el diseño de tratamientos y la calibración de diversos dispositivos médicos.
Además de los efectos en la salud física, la brecha de género repercute en la calidad de vida. Datos citados por la publicación indican que las mujeres viven alrededor de nueve años con mala salud, un 25 por ciento más que los hombres.
También registran mayor prevalencia de dolor crónico, depresión, ansiedad y enfermedades como la fibromialgia, cuyos casos corresponden en su mayoría a pacientes femeninas.
Especialistas consultadas coinciden en que reducir estas desigualdades requiere fortalecer la investigación con perspectiva de género, mejorar la capacitación del personal sanitario, incorporar las diferencias biológicas y sociales en la práctica clínica y ampliar el conocimiento científico sobre enfermedades que históricamente han permanecido invisibilizadas en la medicina.
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