Estudiantes realizan un paro en demanda de inversiones para detener y solucionar el deterioro de las instalaciones. Además, los métodos de enseñanza no se han actualizado
Ciudad de México, 29/10/24 (Más/IA).- El deterioro del Conservatorio Nacional de Música ha alcanzado niveles alarmantes, evidenciado en los daños de su emblemática infraestructura, donde goteras, grietas y un ambiente de abandono contrastan con la labor de los estudiantes que intentan preservar uno de los centros musicales más importantes de México.
Katia Lara, estudiante de 22 años, muestra el estado de la sala principal de conciertos: goteras caen sobre el escenario y el imponente órgano permanece en silencio, sus tubos oxidados e inservibles, mientras fisuras se expanden por las paredes del recinto.
El edificio, cerrado desde hace cuatro semanas por los estudiantes en protesta, enfrenta no solo el deterioro físico, sino lo que sus alumnos llaman “precariedad de la enseñanza”, la cual atribuyen a una mala administración y recortes presupuestales. Los jóvenes exigen la renuncia de la directora, Silvia Navarrete, quien presentó su dimisión bajo presión la semana pasada. “Estoy muy vulnerable, estoy dolida”, expresó la pianista a El País, admitiendo las dificultades financieras y las carencias del Conservatorio, pero asegurando haber hecho lo posible por buscar fondos para mejoras urgentes.
Con la dirección tomada y mantas extendidas en una sala de conciertos convertida en dormitorio, los estudiantes buscan una respuesta formal de la nueva secretaria de Cultura, Claudia Curiel. Han planteado más de 60 demandas, entre ellas, mejoras en las instalaciones, actualización de los planes de estudio, y una reducción en las cuotas de inscripción, las cuales ascienden a 2,500 pesos anuales, un monto difícil de cubrir para muchos que provienen de otros estados y contextos de bajos recursos.
Katia Vargas, vocal de la sociedad estudiantil, señala que la creación de la Fundación Amigos del Conservatorio, un proyecto de Navarrete para recaudar fondos de la iniciativa privada, fue el detonante de la toma de la dirección. La fundación, que buscaba financiar mejoras y la compra de instrumentos, fue vista con desconfianza por los estudiantes, quienes temen que derive en una privatización encubierta. “No sabemos bien las reglas de cómo funciona esta fundación, no se nos consultó sobre ella”, dice Vargas, quien asegura que la falta de transparencia en el uso de los fondos aumenta sus preocupaciones.
Silvia Navarrete, quien asumió el cargo de directora interina hace dos años tras un escándalo de acoso que involucró al director anterior, reconoce la crisis financiera y la falta de mantenimiento del Conservatorio, que abarca más de 20,000 metros cuadrados. Con frustración, describe las dificultades para gestionar el espacio: “Hay 17,000 metros de jardín y no tengo ni jardinero”, expresa. Según Navarrete, la fundación fue creada para atraer a filántropos interesados en ayudar, y había logrado la donación de 15 pianos. Sin embargo, tras el conflicto, varios benefactores han retirado su apoyo.

El desgaste físico del Conservatorio no es su único problema. Alexis Martínez, presidente de la sociedad estudiantil, denuncia que la falta de recursos afecta desde la actualización de los métodos de enseñanza, los cuales no se revisan desde 2016, hasta la obtención de instrumentos. Además, señala la violencia psicológica y las presiones académicas que algunos maestros ejercen sobre los estudiantes, un tema que se suma a las múltiples carencias estructurales.
Carlos Galicia, estudiante de Educación Musical, explica que hay apenas un maestro para 10 materias en su carrera, lo cual representa una carga insostenible. “El paro surge por un cúmulo de necesidades que a lo largo de estos dos años hemos venido reclamando y que no han tenido respuesta”, enfatiza. La falta de personal afecta también áreas clave como la biblioteca y los archivos del Conservatorio, donde se resguarda, entre otros documentos, el manuscrito original del Himno Nacional Mexicano. Rita Rosales, estudiante de maestría, denuncia que la falta de catálogo y organización en los archivos convierte la consulta en una tarea casi imposible, afectando sus investigaciones y el acceso a documentos históricos.
La situación del Conservatorio Nacional de Música refleja una problemática más amplia en el sistema de enseñanza musical en México, afectado por los recortes de presupuesto. Instituciones como la Escuela Superior de Música han externado demandas similares de mejoras en infraestructura y recursos. La situación ha puesto en evidencia cómo la dejadez oficial y la falta de fondos han agravado el estado de las instalaciones, así como las condiciones de enseñanza.
Rita Rosales lamenta la falta de apoyo oficial, afirmando que las soluciones son superficiales y temporales. “Estoy que me carga la hostia”, comenta con indignación, rodeada de instrumentos que, al igual que las salas de estudio, permanecen en silencio, esperando una atención que los estudiantes aún no ven llegar.
Los estudiantes continúan firmes en sus demandas y esperan que las autoridades respondan a su llamado, asegurando que su movimiento no cesará hasta que sus exigencias sean escuchadas y atendidas.
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