Ciudad de México. Septiembre 3.- Las lenguas mayas, como el mam, el quiché y otras variantes originarias de Centroamérica, se extienden cada vez más en Estados Unidos como consecuencia de la migración indígena desde Guatemala, México, Honduras y El Salvador. En la actualidad, estos idiomas no solo se hablan en comunidades migrantes, sino que se han vuelto tan comunes que ya figuran entre los más utilizados en los tribunales de inmigración estadounidenses.
De acuerdo con un reportaje de BBC Mundo, este fenómeno lingüístico refleja la fuerza de la migración indígena y plantea retos sociales y jurídicos, pues muchos de estos migrantes no dominan el español, que en teoría los clasifica como “hispanos”. En la práctica, se comunican únicamente en su lengua materna.
La historia de Aroldo y la herencia del mam
El caso de Aroldo ilustra esta transformación. Tras la muerte de su padre en San Juan Atitán, Guatemala, decidió migrar a Estados Unidos. En mam, le comunicó a su madre su deseo de partir a “la nación de los blancos”, como se refiere en su lengua a ese país. Un año después, tras un viaje de más de cuatro meses por la Sierra Madre, México y Arizona, llegó a la Bahía de San Francisco, donde lo esperaban familiares.
Entre sus pocas pertenencias llevó consigo lo más valioso: el mam, idioma cuyas raíces se remontan a las antiguas civilizaciones mayas. Hoy, esta lengua lo conecta con su comunidad en California y le brinda consuelo en medio del duelo por la pérdida de su padre.

Crecimiento y visibilidad de las lenguas mayas
El área metropolitana de San Francisco, con más de siete millones de habitantes, es un punto clave para la migración latinoamericana. Uno de cada cuatro residentes es latino, pero entre ellos existe una diversidad cultural más compleja de lo que reflejan las estadísticas oficiales. Muchos guatemaltecos de origen maya hablan primero su idioma indígena y después español, mientras que otros ni siquiera dominan este último.
Tessa Scott, lingüista de la Universidad de California en Berkeley especializada en mam, advierte que etiquetar a todos como “hispanos” oculta realidades sociales. Esta generalización impide que se reconozcan necesidades específicas como el acceso a intérpretes, apoyo psicológico para traumas y servicios legales adecuados para solicitantes de asilo.
En respuesta, California aprobó en 2024 una ley que obliga a las agencias estatales a recopilar información sobre los idiomas preferidos de los inmigrantes, incluyendo lenguas indígenas como el mam y el quiché, con el fin de mejorar la atención pública.
Discriminación y asilo
Los expertos señalan que muchos indígenas guatemaltecos sufren discriminación y violencia en sus países de origen por su pertenencia cultural. Este contexto los impulsa a buscar asilo en EE.UU., donde enfrentan nuevas barreras de comunicación. El reconocimiento de sus lenguas es esencial para garantizar derechos y servicios.
Una herencia milenaria que se reinventa
Las lenguas mayas no son reliquias del pasado: más de seis millones de personas las hablan en el mundo. Aunque algunas, como el chicomuselteco o el choltí, han desaparecido o están en riesgo de extinción, otras como el quiché, el yucateco y el qeqchií cuentan con alrededor de un millón de hablantes cada una. El mam, hablado por medio millón de personas, es tan distinto del quiché que no hay intercomprensión entre ellos, del mismo modo que el yucateco resulta ininteligible para los mames.
Durante casi 2,000 años, los mayas tuvieron un sistema propio de escritura jeroglífica, el maya clásico, equivalente en prestigio al latín. Sin embargo, los misioneros españoles lo consideraron pagano y destruyeron la mayoría de los códices, obligando a los descendientes mayas a adoptar el alfabeto latino. Gracias a ello, aunque los glifos desaparecieron, las lenguas orales sobrevivieron hasta la actualidad.
En el siglo XIX, lingüistas occidentales comenzaron a estudiar esos jeroglíficos, y grandes avances en su desciframiento se lograron en el siglo XX y especialmente en la década de 2000, cuando se integró a hablantes mayas en la investigación. Hoy, colectivos como Ch’okwoj y Chíikulal Úuchben Ts’íib organizan talleres y producen materiales culturales con glifos antiguos para revalorizar la escritura.
De la migración al resurgimiento cultural
La migración ha sido clave para la revitalización de estas lenguas. Los primeros mayas que llegaron a EE.UU. lo hicieron a través del Programa Bracero durante la Segunda Guerra Mundial. Pero el gran flujo ocurrió en los años 90 y 2000, cuando el número de guatemaltecos en Estados Unidos pasó de 410,000 en el 2000 a 1.8 millones en 2021, muchos de ellos de origen indígena.
Este proceso transformó pueblos como San Juan Atitán, cuya economía pasó de depender del maíz y frijol a sostenerse de remesas. Según la maestra mam Silvia Lucrecia Carrillo Godínez, hoy casi uno de cada cinco habitantes de esa localidad emigra a México o Estados Unidos en busca de mejores oportunidades.
En California, las comunidades mayas primero se asentaron en el Distrito de la Misión de San Francisco, pero el aumento del costo de la vivienda los llevó a ciudades como Oakland y Richmond. Allí, el mam y otras lenguas mayas se escuchan en festivales, radios comunitarias y hasta en mensajes de WhatsApp que mantienen unidas a las familias.
Lenguas vivas que cruzan fronteras
Los mayas no solo preservan sus lenguas, también las usan para crear nuevas formas de expresión. El investigador Genner Llanes-Ortiz, de la Universidad Bishop’s en Canadá, afirma que estas lenguas no solo narran la historia ancestral, sino que también permiten enfrentar los retos actuales de la migración.
Además, varias palabras mayas se incorporaron al español y al inglés. “Cigarro” deriva de siyar, término maya para fumar tabaco en rituales, mientras que “cacao” dio origen al chocolate europeo introducido en 1544.
Hoy, las lenguas mayas siguen vivas en el continente. Para Aroldo, hablar mam en California es un acto de resistencia cultural y un vínculo afectivo con su tierra natal: “Primero viene el mam, luego el español y después el inglés”, asegura, mientras enseña a su sobrino a no olvidar la lengua que lo conecta con sus raíces.
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