Luis Fernando Camacho afirmó que la experiencia de la fractura hidráulica en EU no puede aplicarse directamente a México. Afirma que en Coahuila hay una mayor distancia entre acuíferos y formaciones gasíferas
Por Zitamar Arellano Trueba
Saltillo, Coahuila 10/04/26 (Más).- La experiencia del “fracking” en Estados Unidos no puede trasladarse de manera automática al caso mexicano, sostuvo el doctor Luis Fernando Camacho Ortegón, integrante del Comité de Científicos y Especialistas que analizarán la explotación de gas natural no convencional presentado por la Presidencia de la República, al defender que la geología del país, y en particular la profundidad de sus yacimientos, obliga a revisar el tema bajo condiciones propias y no sólo a partir de lo que ocurre en Texas.
La precisión surge luego de la nota publicada ayer por Más, en la que, con base en documentos de agencias estadounidenses, se expuso que las nuevas tecnologías no eliminan riesgos estructurales como la afectación a recursos hídricos y la sismicidad inducida.
Frente a ello, Camacho Ortegón afirmó que toda esa información será revisada por el grupo técnico, pero remarcó: “Todo lo que pasa en los Estados Unidos no totalmente puede ser aplicable a México”.
El punto central de su respuesta fue la comparación geológica entre Texas y el noreste mexicano. Camacho Ortegón sostuvo que en Coahuila, en formaciones como La Casita, los horizontes con oportunidad petrolera (gasífera) se localizan a profundidades superiores a 3 mil metros, mientras que los acuíferos someros estarían alrededor de 300 a 400 metros, lo que dejaría una separación de varios kilómetros entre ambos.
En contraste, explicó que en Texas –de donde derivan los estudios y conclusiones de agencias y oficinas de gobierno de Estados Unidos–, la distancia entre la formación Eagle Ford y los acuíferos puede ser, en algunos casos, de apenas 400 o 500 metros.
Bajo esa lógica, el integrante del comité argumentó que las nuevas tecnologías podrían ofrecer en México un mayor margen de seguridad ambiental, justamente porque la separación entre las formaciones profundas y los acuíferos sería más amplia.
Añadió que, según los diseños que refirió, las fracturas no suelen crecer más allá de 200 o 300 metros, por lo que una de las tareas será estudiar si esa relación entre profundidad, mecánica de fractura y geología mexicana permite reducir el riesgo de contaminación de mantos freáticos.
En entrevista, el académico de la Universidad Autónoma de Coahuila explicó que el comité arrancará con la reunión de información de dependencias como Pemex, la Comisión Nacional de Hidrocarburos y el Instituto Mexicano del Petróleo, además de estudios ambientales, sociales, geográficos y geológicos de las cuencas con potencial de explotación para “conocer el estado del arte”, una frase que refiere al conocimiento de la actualidad del tema.
Camacho Ortegón no descartó los documentos estadounidenses; por el contrario, dijo que serán revisados junto con toda la información disponible y con la que el grupo pueda desarrollar mediante minería de datos.
Sin embargo, insistió en que las condiciones de operación tampoco son equivalentes, pues en Estados Unidos se han perforado miles de pozos, y a mayor escala de actividad el riesgo aumenta. En México, añadió, la legislación no permitiría un desarrollo masivo sin antes garantizar seguridad ambiental.
Esa respuesta coloca el debate en un terreno más específico que el de la simple promesa de “tecnologías amigables con el ambiente”. El investigador sostuvo que el comité deberá analizar con criterio imparcial y científico si la combinación entre nuevas técnicas de estimulación, profundidad de los yacimientos, rentabilidad económica, licencia social y normatividad ambiental mexicana permite considerar viable el proyecto, o si, por el contrario, los riesgos siguen siendo mayores que los beneficios.
El especialista añadió que en el análisis también deberán entrar las restricciones territoriales y ecológicas, incluidas zonas Ramsar –zonas de humedales de importancia internacional–, áreas naturales protegidas y regiones con flora o fauna endémica o en riesgo, con el fin de definir desde el inicio qué áreas no podrían tocarse.
Además, mencionó la necesidad de auditoría social permanente y de mecanismos de monitoreo que acompañen cualquier eventual desarrollo.
Así, la respuesta de Camacho Ortegón no niega la existencia de alertas internacionales sobre la fractura hidráulica, pero sí busca mover la discusión hacia una pregunta distinta: si la geología mexicana, la profundidad de sus cuencas y el marco regulatorio nacional permiten pensar en un escenario diferente al de Texas.
Esa será, precisamente, una de las tareas del comité presentado por la Presidencia: determinar si la explotación de gas natural no convencional puede considerarse viable en México o si los riesgos siguen pesando más que la promesa de soberanía energética.
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