SALTILLO Y SUS GACHUPINAS AGUAS  

Por Horacio Cárdenas Zardoni

Va de anécdota. Caminaba un servidor por la calle De la Fuente, con esa satisfacción que solo da el deber cumplido, cuando se me acerca presuroso el buen amigo Jorge Sosa Del Bosque, quien con esa bonhomía que lo ha caracterizado siempre, y un dejo de sorna en la voz, me dijo: tú, eres el único periodista en Saltillo que paga el agua.

No voy a negar que la aseveración me sorprendió, y es que efectivamente venía yo de pagar el agua, en aquel edificio que los hermanos Humberto y Rubén Moreira trajeron entre ceja y ceja, hasta que lograron derribarlo, para hacer una más de esas plazas saltilleras caracterizadas porque no se para nadie en ellas. Pagué el consumo de agua, como cualquier hijo de vecino, hasta eso era poco dinero, nada como para sacarle la vuelta o algo así, momento en el que el fotógrafo que acompañaba por aquellos entonces a Jorge, tomó una fotografía de acá su cuate pagando.

Según lo entendí de la plática banquetera con Sosa y su colega, y luego de que la foto anduvo circulando en el medio periodiquero de la ciudad, aunque fuera solo para burlarse de mí, colegí que algo había de interesante en el asunto: ¿realmente era yo el único que pagaba sus veinte o treinta o cuarenta pesos cuando mucho, de agua?, y la siguiente ¿el resto de los periodistas no la pagaban? Ingenuo y lento de entendimiento que es uno, malicié que allí había una historia, y esa es que el entonces SIMAS, Sistema Municipal de Agua y Alcantarillado tenía cierta licencia para con los consumidores, concretamente los cuates de la prensa, para pagar menos o no pagar nada, a cambio de lo cual, me imaginé, tenían buena prensa.

Esto que le platicamos ocurrió años antes de que Oscar Pimentel González asumiera la presidencia municipal de Saltillo, y se empeñara en una aventura que está a punto de concluir, a menos que se les haga su intentona de que se les extienda el plazo del contrato. Nos estamos refiriendo al contrato signado entre el R. Ayuntamiento de Saltillo y la entonces empresa Aguas de Barcelona, para crear una empresa paramunicipal con capital mayoritariamente público que se denominó Aguas de Saltillo, y que se encargaría de lo relacionado a la administración del agua potable y de las aguas grises de la capital del estado de Coahuila.

A raíz de aquella plática incidental con Jorge Sosa, de la necedad del entonces alcalde, suponemos que con la venia del gobernador Rogelio Montemayor Seguy por buscar una semiprivatización del Sistema de Agua, nos pusimos a examinar su funcionamiento, y las razones que se esgrimían para experimentar en Saltillo lo que no se había intentado en ninguna otra ciudad del país.

Y nos dimos cuenta que Saltillo, tenía una particularidad muy especial. No vamos a decir que todas, pero sí muchas de las conversaciones que tiene la gente de acá, y que tienen que ver con algún trámite o algún pendiente con alguna dependencia pública, invariablemente comienzan a hablar del tema diciendo ¿oye, por casualidad no conoces tú a alguien en…? Y allí viene el nombre de la dependencia, que puede ser desde placas hasta el registro público de la propiedad, la secretaría de salud, la de educación, la que se le ocurra.

Nos dimos cuenta que la gente de Saltillo no es como la de cualquier otro sitio, que si tiene un algo que hacer, va y se planta ante la ventanilla de la oficina de que se trate, donde probablemente reciba el trato burocrático de rigor, que lo mismo puede que le toque alguien muy amable, comprometido con su chamba, capacitado, con don de gentes, que lo estrictamente contrario, un o una cascarrabias que actúe como si le estuviera haciendo el favor de contestarle lo que está preguntando, pero eso, si va a pagar una multa de tránsito, a que lo vacunen, a que le apostillen un documento, pues tan sencillo como que: buenos días, oiga, ¿para hacer este trámite?, de lo que se deriva que le digan o le den un papelito de lo que necesita, y eso es todo.

Bueno, pues tratándose del SIMAS de entonces, y considerando esto que le comentamos, no faltaba nunca, más bien todos los días, a todas horas, que llegara alguien a hacer un trámite, de alta, de baja, de reclamación, de reconexión, lo que guste, y que primero que nada, buscara a un conocido suyo o a la persona que le habían recomendado que le podía aceitar el asunto, así no ameritara el pago de una tarifa, o que si la ameritaba, que le hiciera una rebaja sustancial, de preferencia a cero.

SIMAS era una dependencia grande, y siendo Saltillo todavía una ciudad relativamente pequeña, a alguien conocía casi cada visitante, de lo que se derivaba que los empleados, más que trabajar conforme a un manual, reglamento o una descripción de puestos se la pasaba capoteando peticiones de conocidos o recomendados. Obvio mermaba la productividad, se la pasaban en la cháchara con los visitantes, y si por trámites debía ingresar una suma “n” de dinero al día, entraba “n-y”, siendo “y” las condonaciones que se tramitaban para los conocidos.

No me haga mucho caso, pero en eso radicaba básicamente la intención de privatizar el SIMAS, que por lo demás, funcionaba como cualquier otra dependencia de gobierno centralizada o descentralizada. Lo que se quería era quitarle ese carácter de amiguismo al manejo y al pago del agua, y que se manejara “profesionalmente”, aunque una vez concretado el contrato, los saltillenses de entrada extrañaron el trato amistoso y familiar de antes, que fue sustituido por una distancia entre fría y grosera, además de que se acabaron los descuentos de nada, se incrementaron escandalosamente las tarifas de los trámites, se acabó el trato preferencial, hasta donde pudimos ver, a los apellidos más connotados, y los empleados estaban bajo una supervisión exagerada para que todo se hiciera conforme a procedimiento.

A la luz de los años transcurridos… se puede hablar de una mayor eficiencia del sistema, pero no de una diferencia en la efectividad del cielo a la tierra. Anduvimos buscando comparaciones con otros sistemas de aguas en el país, y no, así como que el de Saltillo sea el más efectivo, el de mayor rendimiento y de menos problemas, la verdad es que no. Al contrario, se puede decir que como hay fecha de terminación del contrato, los españoles se han comportado como si su responsabilidad terminara ese día y a esa hora, y los que lleguen a hacerse cargo, a ver qué encuentran, actitud que contrasta diametralmente con los administradores de los sistemas cuando los maneja la autoridad municipal, pues en lo que se piensa es en la continuidad. Y sí, ahora que solicitan la ampliación del plazo, lo que están pidiendo en realidad es la asignación de una cantidad impresionante de dinero, para traer agua de otros puntos de la región, lo que solo se puede entender de una manera: quitársela a otros para usarla aquí, y eso presumirlo como el gran éxito. ¿270 millones para construir acueductos y pozos?, no resuelve los problemas legales que habrá con los actuales dueños o concesionarios, que litigarán por décadas y que casi seguro terminarán por ganar, en un momento en el que los gachupines hace mucho que se habrán llevado sus ganancias por una gestión que jamás quiso ser sustentable ni permanente, solo tener un flujo de efectivo constante y de preferencia creciente.

SIMAS debió quitarse lo pueblerino, era su camino natural,  en vez de cederse a una empresa cosmopolita que se llevó jugosas utilidades que debieron quedarse aquí desde el primero hasta el último centavo ¿de cuánto estamos hablando? De muchísimo dinero, del que no podemos criticar nada porque estaba el contrato inicial firmado con ellos. Error será soltarles más y más millones por algo que se perfiló desde el principio: que el agua dure mientras esté vigente el acuerdo, y luego, adiós.


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