Por Horacio Cárdenas Zardoni
Por esas cosas de la vida, de que es uno viejo y no joven, nos tocó la época en la que Óscar Flores Tapia era gobernador del estado de Coahuila, y que como parte de su gobierno, se diera a la tarea de modernizar las vialidades de la capital, y darle una mano de gato a otras ciudades, que estaban bastante abandonadas, en todos los sentidos.
En su momento lo criticaron mucho, digo estamos en Saltillo, donde se cumple aquella máxima de la Ley de Murphy, que dice que a cada iniciativa le corresponde el cuadrado de crítica y el cubo de oposición, entonces sí, bien claro, al nuevo trazo que hizo de la ciudad, le llovieron críticas, acusaciones de que él era el principal beneficiario de las mismas, de que nada más se fijaba en ciertas zonas y otras las dejaba abandonadas, no estamos diciendo nada que no hayan enderezado los críticos contra cualquier gobernante en cualquier época, pero sí, en el caso de Flores Tapia le dio una nueva cara a Saltillo, que dejó de parecer la capital más dejada de la mano de dios de los estados fronterizos, para dar la impresión de modernidad, casi como si estuviéramos del otro lado de la frontera, aunque en cuanto a esto, definitivamente se quedó corto.
Estamos hablando de más de medio siglo, en que nos dimos cuenta de que en las ciudades gringas, en las calles de las ciudades gringas, había un esquema para las vueltas a la izquierda que se nos hizo poco menos que genial. Tan sencillo como que los vecinos habían diseñado sus ciudades con un carril central que no tenía otro objeto, como si esto fuera poco, de permitir la incorporación al tráfico de los vehículos, o su salida de él, cumpliendo una condición: no estorbar a los demás conductores.
Hace 50 años, que se hicieron los famosos bulevares, bueno, eran famosos como sexenios después fueron famosos los puentes, la gente de la época respectiva sabe de qué hablamos, hubo ese fallo de planeación, muy al estilo de cómo se hacían, y se siguen haciendo las cosas en este país nuestro, en que no pensamos en las consecuencias de nada, para nada. Sí, los bulevares quedaron muy bonitos, anchos, por comparación con las calles de antes, y con su camellón central, sí, nada más que este camellón tenía más una función estética que operacional. Mientras que en las ciudades allende la frontera usan el espacio del camellón para dar la vuelta a la izquierda sin estorbar ni a los que van en el mismo sentido que uno, ni los que vienen en sentido contrario, acá se dejaron unos cortes de camellón, que necesariamente implicaban que medio carro quedaba en el carril de alta en el sentido en el que veníamos, y la otra mitad, con la trompa de fuera, quedaba en el carril de alta de los que venían de frente. ¿Resultado?, choques, groserías, mentadas, manejar tratando de evitar accidentes, todo atribuible a la mala planeación vial.
Al paso de los años las vueltas a la izquierda en los cortes de camellón se han ido cancelando, el que quiera dar vuelta que vaya a darla hasta la cochinchina y se regrese, tan absurdamente simple como eso. Así se fueron cerrando las vuelta a la izquierda en Carranza, en Pedro Figueroa, en lo que luego fue el periférico Echeverría.
Cuando Rubén Moreira emprendió su magna obra vial, creo que la única que hizo en todo el sexenio, el paso elevado sobre periférico Echeverría, sobre Abasolo y La Fragua, se vio desde el principio que no tenía una idea clara, ni tampoco obscura de lo que quería, y lo que pretendía resolver del problema de tránsito. A las pruebas nos remitimos, de poniente a oriente… no hay acceso, hay que subirse antes del HEB y bajarse hasta delante de La Lechera, y al revés, de oriente a poniente, allí dejaron una aguja lo suficientemente distante, como para que cada quien decida si se sale, originalmente es de salida, o si se mete, allá su riesgo y su habilidad, no está prohibido, está permitido o más bien tolerado, porque ni señales hay. De un lado, está prácticamente atorado, y del otro, corre riesgos por falta de decisión de la autoridad de si se puede o si no se puede.
Ahora que la administración de Javier Díaz plantea cancelar, no el acceso, sino la posibilidad de hacer la maniobra de cruzar, ‘entrecruzar’ le dicen ellos que dizque le saben al asunto, del carril lateral de Venustiano Carranza para tomar el paso elevado hacia Nazario Ortiz Garza hacia el oriente… queda de nueva cuenta de manifiesto la ausencia de planeación adecuada. Cuando Enrique Martínez hizo el distribuidor vial Venustiano Carranza no estaba el sistema de puentes, no había lateral, los que iban a tomar Nazario se perfilaban desde antes. No, con los puentes, los que salían de Colosio y Figueroa y querían continuar por Nazario, se aventaban una maniobra peligrosa cuando había tráfico pesado, y también cuando era ligero, aventarse los tres carriles, a velocidad baja pero acelerando, a ver si alguien le cede el paso, cosa que no es fácil que ocurra, va contra la idiosincrasia del saltillense el dejar pasar a nadie.
El caso es que de estas, hay muchas, demasiadas, la planeación vial en la capital de Coahuila, si se le puede llamar planeación, es reactiva, no preventiva, reacciona cuando los problemas ya son insostenibles, por más que lo vendan como medidas para ‘mejorar’ la vialidad, la seguridad y los tiempos de traslado, en el fondo no es más que tratar de corregir lo que se quedó corto y mal, a veces complicando la vialidad más de como estaba al principio.
Fíjese usted cuando le presenten el siguiente plan vial ¿contempla las calles alimentadoras, considera preferencias, qué hace con las vueltas a la izquierda, qué dispone para los ciclistas y peatones?, si no hay todo esto, hay una bronca en ciernes, que puede tronar en veinte años, en diez o en uno, pero de que truena, truena, allí hay varias en Saltillo a las que se le dan soluciones de lo más candorosas, si no me cree, vea los fantasmas abajo del Sarape…
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
