SALTILLO, UNA CIUDAD SITIADA   

Por Horacio Cárdenas Zardoni

Alguna vez, hace bastantes años, tuvimos una plática incidental con un ingeniero que pese a vivir y trabajar en México desde hacía algún tiempo, era ciudadano alemán. Eran los tiempos, imagínese cuándo, en que todavía había dos Alemanias, la del este y la del oeste. El ingeniero Rossler, había nacido y le había tocado quedarse en la parte occidental, la controlada por las potencias que ganaron la Segunda Guerra Mundial, los estados Unidos, Francia e Inglaterra.

Eso nomás para situar, Rossler había cumplido con su servicio militar obligatorio, que no era la vacilada que es en México, sino era desempeñándose como soldado raso, cubriendo las tareas que a estos se les asignan: guardias, rondines, fajinas, lo que corresponda, incluso contaba que le tocó a él montar guardia a lo largo, no del Muro de Berlín, pero sí de la alambrada y la tierra de nadie que separaba la República Democrática de Alemania y la República Federal, también de Alemania.
De las cosas que contaba eran las pláticas, discusiones, entrenamiento que recibían los soldados de línea, porque sería muy estudiante entonces de ingeniería, pero era eso, un soldado de línea, sobre distintas tácticas de guerra. Entre las que mencionaba era los modelos probados para sitiar una ciudad, y forzarla a rendirse, no por el uso de las armas, que también era procedimiento normal, sino de hacerle la vida de cuadritos a sus habitantes y a su gobierno, para debilitarlos y de preferencia, obligarlos a rendirse sin tener que entrar en combate, que como es sabido, la guerra urbana, casa por casa, es de lo más temido por los ejércitos de todo el mundo, es de lo que más recursos consume y más bajas causa, y donde una ofensiva puede verse detenida durante meses o años, o de plano ser repelida.

Ni nos acordamos, ni nos queremos acordar de los detalles de procedimiento que dominaba Rossler, al grado de poder recitarlos como si estuviera leyendo un manual, pero sí hablaba de ir sobre los servicios básicos: energía eléctrica, comunicaciones, agua potable, drenaje, atención médica, entre otros. Y aquel ingeniero radicado en el pacífico México, de entonces, porque ahora es cada vez menos así, podía elaborar, y lo más terrible, llevar a cabo planes para sitiar una ciudad y disrumpir, que así se dice, la vida de sus pobladores, con el menor número de elementos y los recursos más elementales. Ya se imagina por dónde vamos.
Y pues sí, la semana pasada, el jueves concretamente, la ciudad de Saltillo se vio disrumpida de una manera que no recordamos en los tiempos recientes, al menos no por causales humanas, y apenas comparable con causas naturales, el caso de los huracanes Gilberto, Alex y otros que han azotado de pasada nuestra región, no precisamente bien dispuesta para enfrentar fuertes avenidas de agua.
Se tardaron, pero los grupos con alguna causa que reclamar, han encontrado en el bulevar Venustiano Carranza el sitio idóneo para poner en jaque a la ciudad de Saltillo, incomodar y molestar a sus habitantes, que es diferente de ganar adeptos a sus causas, y presionar directa e indirectamente a las autoridades para que resuelvan las cuestiones lo antes posible, cediendo a veces en cosas para las que en otras circunstancias no darían su brazo a torcer.
Todo fue que los estudiantes del Instituto Tecnológico de Saltillo, ahora Tecnológico Nacional de México campus Saltillo, decidieran tomar los dos cuerpos del bulevar Carranza para protestar por el uso que le habían dado el gobierno del estado y el ayuntamiento de la capital, convirtiendo a su institución educativa en una cantina… para bien o para mal la administración de José María Fraustro Siller había agarrado la moda de cerrar Carranza en donde cruza con Avenida Universidad, para realizar eventos masivos, tampoco fueron muchos, dos o tres, ¿qué importaba que fuera la principal vía de acceso de la ciudad, que tuviera que permanecer cerrada dos o tres días para montaje, celebración y desmontaje de la parafernalia? Pensaban que era vistoso y buen sitio, y que la gente no se molestaría que la desviaran por calles y avenidas, haciéndole perder minutos y gastar combustible, si se iban a divertir…
Pero los del Tec Saltillo se sintieron ofendidos, tomaron el bulevar y la gente los respaldó durante los cosa de diez días que estuvieron allí, hasta que el gobernador Riquelme primero y Chema después, pidieran disculpas públicas. Les salió bien, mejor de lo que esperaban, pero le abrieron el caminito a otros movimientos, grupos y gremios a usar el mismo sitio para llevar a cabo sus manifestaciones y protestas.
Aquí a la gente ya no le gustó tanto, porque los chavos del Tec estaban en su casa, o frente a ella, y tenían motivo. Y ponga que los que han venido luego también lo tengan, pero… no es el lugar. Hablamos por los trabajadores del sector salud, que ya más mañosos, no se concretaron a cerrar Carranza, sino que bloquearon primero la parte de abajo del periférico Luis Echeverría, y ya en el colmo, también la parte superior, importándoles muy poco el que decenas de vehículos quedaran atorados y sin posibilidad de evitarlo, hasta podemos decir que estaban felices de lo bien que les había salido, por más que dos o tres casi fueron atropellados por los desesperados ciudadanos.
Y bueno, lo del jueves. Desde San Pedro de las Colonias un grupo de ciudadanos se dejaron venir para protestar por el asesinato de dos menores, supuestamente a manos de la policía, sin haber recibido el caso la debida atención, a su juicio, de las autoridades. ¿Qué su causa es justa?, es probable, ¿Qué deban recurrir a venir a colapsar Saltillo para exhibirla?, eso es más cuestionable. Como hecho adrede, también los trabajadores de la siempre emproblemada empresa  Tupy, decidieron tomar la avenida Isidro López Zertuche para exigir un pago de utilidades justo… y Saltillo se colapsó, pues fuera de esas dos avenidas, Carranza e Isidro López, solo queda Vito Alessio Robles hacia el poniente, y Abasolo al oriente, y en esta última para acabarla, ocurrió un accidente automovilístico de esos que merecen el calificativo de aparatoso de parte de los colegas de policiaca. Total: Saltillo en caos, y con un calor de los demonios, las calles alimentadoras convertidas en estacionamiento, y… para qué le platico, si lo vivió, y si se salvó, casi seguro que le tocará alguna de las siguientes ocasiones, que de por hecho que las habrá, porque de aquí en adelante todas las manifestaciones cuyos integrantes quieran hacer efectivas, se harán en bulevar Carranza, allí donde sus organizadores saben que más daño hacen a la ciudad, que más presiona a las autoridades a tomar medidas, a doblar las manos, a negociar en minutos lo que no han querido en semanas, meses o años.
Estamos ante el peor escenario posible, una ciudad que no puede más de tanto tráfico, y que con una periodicidad impredecible se verá sometido a protestas, marchas y manifestaciones de duración variable, no es una perspectiva nada agradable. Otra cosa sería si Saltillo tuviera veinte avenidas de sur a norte y otras tantas de oriente a poniente, pero con solo dos… con que un contingente de 100 personas se divida en dos o tres, bloquean la capital y le hacen la vida imposible a un millón de personas. Y eso que de estrategia y táctica no saben nada, qué sería si las hubieran estudiado…

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