Por Leslie Zamora
Saltillo, Coahuila 24/07/2025 (Más). – En las bancas de la distinguida plaza Manuel Acuña, entre la sombra de los árboles y el eco de conversaciones, los adultos mayores de Saltillo guardan en su memoria la historia viva de la ciudad. Entre risas, añoranzas y algunas bromas sobre la “placita de los huevones”, este grupo de hombres y mujeres revive los lugares, costumbres y personajes que marcaron una época.
Uno de los entrevistados, de 68 años, recuerda con cariño cómo la plaza del centro sigue siendo el punto de encuentro por excelencia. “Aquí te espero”, dice que aún es la frase que define el lugar. “Aquí venimos a comer, a platicar, y a tocar música. Muchos ya se nos han ido, pero aquí seguimos”, comenta mientras habla de sus compañeros músicos que animaban las tardes con su talento.
Otro de los testimonios, el del señor José Ángel Medina, de 90 años, refleja una mirada más contemplativa sobre los cambios en la ciudad. Nacido en la colonia Topo Chico, recuerda cuando Saltillo era aún un pueblo pequeño, y el Ojo de Agua era el centro de la vida social, espiritual y festiva.
“Ahí hacíamos danzas, había fiestas. El Ojo de Agua está arriba en la loma, y desde ahí se veía todo chiquito, ahora ya no. La ciudad creció mucho, se llenó de colonias nuevas y de gente que no es de aquí”, dice con cierta nostalgia. Para él, lo que más extraña no es un edificio o una calle, sino esa comunidad íntima que poco a poco se ha ido transformando.
Ambos coinciden en que, aunque Saltillo ha cambiado y crecido, hay sitios que permanecen en el corazón de sus habitantes. El centro histórico, los bares tradicionales, las plazas, las botanas con caldo de res los lunes y el simple gusto de encontrarse a platicar en la sombra siguen siendo pilares de identidad.
“Tenemos todo”, dice don José, pero al mirar al pasado también confiesa: “Era bonito cuando éramos menos y nos conocíamos todos”.
Por otro lado, Alma, una mujer de 60 años recordó la historia que su papá le contaba, ya que era un oficial que trabajaba en la cárcel que se encontraba en donde ahora es Secretaría de Finanzas, en donde él estuvo a cargo del último fusilamiento en Saltillo, donde cada que pasa por ese lugar recuerda esa y otras anécdotas que le contaba su padre cuando era pequeña.
Así, entre voces que entretejen historias cotidianas y profundas, Saltillo se recuerda y se reinventa en la memoria de quienes lo han vivido durante generaciones.
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