Ciudad de México, 30/04/26 (Más).- El gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, quedó atrapado en una de las sombras más profundas de su carrera política desde el 25 de julio de 2024, día en que Ismael “El Mayo” Zambada acudió a una reunión en Culiacán, fue emboscado por un grupo rival del Cártel de Sinaloa y terminó trasladado a Estados Unidos, donde era buscado por la justicia.
De acuerdo con información publicada por El País, Rocha Moya ha negado haber participado en ese encuentro y ha rechazado cualquier vínculo con la convocatoria, a la que calificó como una farsa y una trampa. Sin embargo, la sola discusión sobre si sabía o no de esa reunión se convirtió desde entonces en un episodio central de su biografía pública.
Según la versión atribuida a Zambada, el capo acudió al encuentro porque supuestamente mediaría entre Rocha Moya y Héctor Cuén, político sinaloense, exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa y antiguo aliado del gobernador, con quien después mantuvo diferencias. La cita se realizó en una casa de un fraccionamiento de Culiacán, donde integrantes de una facción contraria a Zambada lo capturaron.
Tras la emboscada, El Mayo fue sacado del lugar, subido a una avioneta y llevado a Estados Unidos. El episodio alteró el equilibrio interno del Cártel de Sinaloa y desató una crisis de violencia que, con el paso de los meses, ha dejado miles de muertos y desaparecidos en la entidad.
Cuén también acudió a la reunión y fue asesinado ese mismo día. La Fiscalía General de la República confirmó meses después que el crimen ocurrió en el fraccionamiento donde se registró la emboscada, lo que contradijo la versión inicial de la Fiscalía estatal, que había sostenido que el político fue atacado a balazos en una gasolinera de Culiacán.



Ese cambio de versión reforzó las dudas sobre lo ocurrido y volvió indispensable revisar la actuación de las autoridades locales, así como el papel del entorno político de Rocha Moya en una jornada que terminó con la captura de uno de los narcotraficantes más buscados de México y con el asesinato de un actor político clave en Sinaloa.
Rocha Moya nació en Batequitas, Badiraguato, en 1949, una zona marcada por su ubicación en el llamado Triángulo Dorado del narcotráfico. Pese al estigma que ha perseguido al municipio, el gobernador ha sostenido que Badiraguato también es tierra de maestros y ha defendido una historia personal construida desde la educación pública.
Hijo de padres dedicados al campo, a quienes él mismo describió como “analfabetos funcionales”, Rocha Moya salió de su pueblo siendo niño para estudiar en una normal rural en Sonora. Más tarde fue maestro, estudió Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México, cursó una maestría en Querétaro y obtuvo el doctorado en la Universidad Autónoma de Sinaloa.
Su carrera académica alcanzó uno de sus puntos más altos cuando fue rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa entre 1993 y 1997. Años después, al recordar esa etapa, declaró: El mayor honor de mi vida ha sido ser rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa”.
En política, Rocha Moya intentó abrirse paso desde posiciones de izquierda, aunque también transitó por espacios vinculados al PRI, que durante décadas dominó Sinaloa. Compitió por la gubernatura en los años ochenta con el Movimiento Popular Sinaloense y después con el PRD, pero no logró ganar.
Entre esos intentos, se incorporó a gobiernos priistas estatales, primero con Jesús Aguilar y más tarde con Quirino Ordaz, donde acumuló experiencia y redes políticas. En 2018, Morena lo incorporó a sus filas, lo colocó al frente del partido en Sinaloa y luego llegó al Senado.


En 2021, Rocha Moya consiguió finalmente la gubernatura bajo las siglas de Morena. Durante sus primeros años gobernó con relativa estabilidad, hasta que el secuestro de Zambada y el asesinato de Cuén colocaron a su administración bajo una presión inédita.
Primero intentó minimizar la guerra entre facciones criminales y después pareció buscar ignorarla, pero ninguna de esas rutas le permitió contener el desgaste político. La violencia creció, los señalamientos se multiplicaron y el rumor sobre un posible interés de Estados Unidos en revisar lo ocurrido se hizo cada vez más fuerte.
Rocha Moya mantiene su postura de negar cualquier participación en la reunión del 25 de julio de 2024. Pero, más allá de sus desmentidos, el caso lo dejó en el centro de una trama que mezcla poder político, narcotráfico, traiciones internas y una violencia que sigue golpeando a Sinaloa.
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