RINOS

Por Horacio Cárdenas Zardoni

Hace varias décadas, por lo menos cuatro, el FBI, el Buró Federal de Investigaciones del gobierno de los Estados Unidos, se había dado a la tarea de recopilar una estadística anual sobre la criminalidad en aquel país. El estudio era de lo más comprensivo, en cuanto que analizaba toda clase de crímenes, las circunstancias en las que ocurrían, y particularidades que pudieran llevar a generalizar el funcionamiento de los delitos y el comportamiento de los criminales.

De entre los muchos componentes de la estadística criminal en los Estados Unidos, solicitamos a la embajada, en aquellos años no había internet, uno que nos interesaba particularmente, el de Policías Muertos y Heridos, publicación que se elaboraba anualmente. El documento era una joya de dedicación, analizaba todos y cada uno de los casos en los que un policía, del nivel que fuera, en cualquier estado de la Unión, había sido herido o muerto durante los anteriores doce meses. Y de entre los grupos de datos que analizaba el FBI estaba uno que se nos hizo curioso entonces: ¿qué pasa cuando un policía rinde su arma, que se la quitan o que como en los miles de películas, se encuentra en una situación en la que los delincuentes le dicen “suelta la pistola”? la verdad es que nunca habíamos pensado en el asunto, y sí nos sorprendió bastante enterarnos de un hecho crítico: aquel policía que rinde su arma, se la quitan en un forcejeo o se la arrancan por sorpresa, en un altísimo porcentaje, es victimado con ella misma.

Esto llevó a una cuestión de doctrina en muchas, si no es que en todas las academias de policía en los Estados Unidos: no rendir el arma nunca. Eso de ponerla en el piso, patearla, entregarla con la cacha al revés, y tantas otras conductas, para luego esperar la piedad del criminal, es un error que se paga con la muerte o con una herida que puede ser incapacitante de por vida. Que es difícil enfrentar adecuada y exitosamente situaciones en las que el policía podría incluso ser acusado de negligencia o de falta de humanidad, eso es aparte, son disquisiciones que afortunadamente no nos toca resolver a nosotros, sino a los que se ven en un enfrentamiento armado y tienen que salir, primero que nada vivos, y si pueden salvar a los inocentes, pues qué bueno.

Todo esto viene porque… ¿pues no durante los disturbios en Chilpancingo hace un par de semanas, los manifestantes les quitaron no uno, sino dos vehículos Rino a los policías y guardias nacionales que según, estaban encargados de cuidar que la turba no se saliera de control? ¿qué dicen los manuales al respecto?

Ni siquiera sabemos si tengan manuales al respecto, pero sí nos los podemos imaginar.

De esos videos de guerra que son todavía más atractivos que los más creativos efectos especiales, recordamos que durante la invasión de tropas norteamericanas a Iraq, según esto buscando armas de destrucción masiva que poseía Saddam Hussein, y que pretendía supuestamente utilizar contra países enemigos, entre ellos los Estados Unidos, nos tocó enterarnos que por esas cosas inexplicables, los iraquíes habían logrado derribar un helicóptero Apache, una de las armas tácticas más poderosas del Ejército norteamericano. A lo mejor no lo habían alcanzado con un misil antiaéreo y la caída de la nave se debió a alguna falla, pues se supone que son casi inexpugnables, el caso es que allí estaba el helicóptero tirado, y los videos que se difundieron corresponden a un avión de la Fuerza Aérea que va al sitio y deja caer una bomba que destruye totalmente la aeronave. Incidentalmente, el costo del tal helicóptero puede sobrepasar tranquilamente los 50 millones de dólares.

Allá nada de manda una grúa, o dispón un pelotón de infantería para que lo custodien mientras llegan los de aeronáutica civil… bueno militar, para ver qué fue lo que pasó. Nada, un proyectil y adiós Apache, después del incendio que siguió a la explosión, no quedó nada del helicóptero que tuviera más de un centímetro cuadrado de superficie, inútil para que lo usaran los enemigos. Es natural, ya parece que iban a permitir que los árabes, rusos, chinos, quien fuera, pusiera sus manos sobre las computadoras y el sofisticado equipo del Apache, más barato era volatilizarlo, como lo hicieron.

Todavía más allá, de nuestro poco agradable paso por el Servicio Militar Obligatorio, de las cosas que nos enseñaron en aquellos domingos fue que, antes que rendir el arma, en aquel caso unos mosquetones que salieron de la Fábrica Nacional de Armas en 1947 (allí tenía el año), había que quitarles el cerrojo, e ir tirarlo varios kilómetros más delante de donde habíamos abandonado el “palo trueno”.  Así son las cosas, al menos así las entendíamos nosotros y así siguen siendo en otros sitios.

¿Qué pasó en Chilpancingo?, ¿a poco viendo que se dejan venir veinte, quinientos, cinco mil fulanos armados de cadenas, palos, piedras y lo que sea, se va a retirar la fuerza pública así nomás, dejando abandonado el equipo táctico, a saber, los carros patrulla y los blindados Rino?, pues al parecer eso y no otra cosa fue lo que hicieron.

Por increíble que pueda parecer, allí andaba la pandilla de revoltosos, unos a pie, y otros trepados orondamente en el Rino, arriba, en el cofre, el techo y la torreta, y con ese ariete de acero, de cuatro o más toneladas de peso, se fueron a romper las puertas del palacio de gobierno y del palacio del congreso de Guerrero. ¿Sabe qué?, que así no funciona este país, y ningún otro.

Por definición, si el Rino es un vehículo blindado, no hay manera de que si la tripulación se encierra en él, nadie lo pueda sacar usando medios convencionales, y por estos entendemos barretas, tubos, marros, etc. Claro, también está la posibilidad de que le ponchen las llantas, aunque de todos modos se debería poder mover, y que le prendan fuego, caso en el cual el policía que estuviera dentro tiene derecho a hacer lo que sea con tal de preservar su existencia, entre ello, disparar sus armas hasta el último cartucho, y ya luego vemos.

No, acá son tan incompetentes, tan respetuosos de la vida de los delincuentes, que no solo les dejaron el Rino allí para que jugaran, sino que hasta las llaves puestas estaban. Era para que a los tripulantes los procesaran por abandonar el equipo, por lo demás nada barato, el más barato es de 200 mil dólares, si recibieron una orden directa, de todos modos, por lo menos uno debió permanecer dentro para protegerlo, y aunque no se quedara nadie ¿a nadie se le ocurrió cerrarlo?

Lo peor de todo es que, así como el Cartel Jalisco Nueva Generación presume que derribó un helicóptero de la entonces Policía Federal, ahora Los Ardillos, sí los tristes Ardillos pueden presumir que les bajaron dos Rinos a la policía de Guerrero y a la Guardia Nacional. Ahora sí, la competencia va a estar dura entre los delincuentes, a ver quien le hace la maldad más grande a las fuerzas del orden, que con esos mandos están convertidas en fuerzas de la risa loca.


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