Por Marco Campos Mena
En días pasados se anunció que en el Estado de México se comenzará a multar a quienes usen el GPS mientras manejan. Para muchos, la medida generó controversia de inmediato: moverse en una ciudad tan grande hace que el navegador se haya vuelto prácticamente indispensable para llegar a lugares fuera de la ruta habitual. Eso es comprensible. Pero aquí hay algo que vale la pena analizar con más cuidado, porque la molestia de la gente está apuntando en la dirección equivocada.
Salí a observarlo. En mis trayectos, manejando y caminando, lo que vi no fue principalmente gente consultando rutas. Vi gente respondiendo WhatsApp en movimiento. Vi personas revisando redes sociales en pleno tráfico. Vi a más de uno tecleando con el pulgar sin detenerse, sin siquiera esperarse a un semáforo. ¿Eso es usar el GPS? No. Eso es otra cosa.
Y aquí está el punto que la gente no está viendo: nadie necesita estar manipulando el celular mientras maneja para llegar a su destino. La mayoría de los autos actuales ya tienen GPS integrado en el tablero. Y los que no, tienen el teléfono con el navegador activado. En ambos casos, la solución es la misma: programas la ruta antes de salir, o te orillas para hacerlo, y listo. ¿Qué tan complicado es eso?
El problema real no es el GPS. El problema es que la gente ha normalizado manipular el celular mientras maneja, y cuando les dicen que eso tiene consecuencias, la reacción es sentirse atacados. Se pierde completamente la objetividad.
En términos jurídicos, esa conducta tiene nombre: violación al deber de cuidado. Cuando manipulas un dispositivo electrónico mientras conduces estás creando una condición de peligro para todos los que van en la vía. No es opinión, es la descripción legal de lo que ocurre. Y cuando eso deriva en un accidente con lesionados o con pérdidas humanas, ya estamos hablando de consecuencias penales, no solo de una multa.
Porque hay que decirlo claro: la falta de cultura vial en este país es un problema serio; no hay que salir muy lejos para verlo. Los semáforos en rojo que se ignoran como si fueran sugerencias. Los límites de velocidad que nadie respeta. Los autos estacionados en plena vía pública bloqueando carriles enteros, como pasa en algunas calles de Saltillo donde literalmente te quedas con un carril porque alguien decidió que ese es su estacionamiento privado. Y encima de todo eso, el celular al volante para contestar WhatsApp, llamadas, o simplemente para ver TikTok en medio del tráfico.
¿Exagerado? Los números dicen que no. En México, el uso del celular está relacionado con aproximadamente el 55% de los accidentes viales, y según la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros, el 90% de los siniestros son causados por distracciones, siendo el celular el principal factor. Más de 15,000 personas mueren al año en accidentes de tráfico en este país. El costo económico de todo eso supera los 887 mil millones de pesos anuales, cuatro veces el presupuesto nacional en educación.
¿Y aun así la gente se molesta porque le van a multar por andar con el celular en la mano?
Hay cosas que deben cambiar, y no son menores. Primero, los exámenes para obtener la licencia de manejo deberían ser mucho más rigurosos, no el trámite exprés que en muchos lugares se convirtió. Segundo, el sistema de infracciones necesita tener consecuencias reales: en Alemania, acumular cierto número de infracciones puede costarte la licencia temporal o definitivamente, y eso funciona. Tercero, las multas tienen que pesar lo suficiente para que la gente sienta que hay consecuencias económicas reales, no una cuota que se negocia en el momento.
Porque, al final, todo esto responde a una pregunta simple: ¿Qué vale más, revisar el celular mientras manejas, o llegar vivo a donde vas? Aparentemente, para muchos, todavía no está claro.
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