Ciudad de México. Agosto 25.- El olor corporal no solo es una característica personal: puede convertirse en una poderosa herramienta médica. Investigaciones recientes han demostrado que el cuerpo humano emite compuestos químicos volátiles a través de la piel, el aliento y otros fluidos, los cuales cambian cuando existe una alteración metabólica. Estos “marcadores olorosos” pueden anticipar el desarrollo de enfermedades y ofrecer diagnósticos en etapas muy tempranas.
De acuerdo con un reportaje del portal de la BBC traducido al español, algunos padecimientos generan olores tan característicos que son reconocibles incluso por el olfato humano. La diabetes, por ejemplo, puede provocar que el aliento huela a frutas o a manzanas podridas debido a la acumulación de cetonas en la sangre; los problemas hepáticos suelen generar un olor rancio o sulfuroso; mientras que enfermedades renales producen un aliento con aroma a amoníaco, pescado o incluso a orina. En el caso de las infecciones, el cólera y la bacteria Clostridioides difficile provocan heces con olor dulzón, y la tuberculosis puede hacer que el aliento huela a cerveza rancia y la piel a cartón mojado y salmuera.
El hallazgo más llamativo es que muchas de estas señales son imperceptibles para la mayoría de las personas, pero pueden ser detectadas por animales como los perros, cuyo olfato es hasta 100,000 veces más potente que el humano. Estos han sido entrenados para identificar cáncer de pulmón, mama, ovario, vejiga y próstata en muestras biológicas, alcanzando niveles de precisión cercanos al 99%. También han mostrado habilidad para detectar Parkinson, malaria, diabetes y crisis epilépticas inminentes.
Sin embargo, no todos los canes pueden ser entrenados y el proceso es costoso y lento. Por ello, equipos de investigación trabajan en replicar esta capacidad en dispositivos tecnológicos. El desarrollo de “narices electrónicas” basadas en receptores olfativos humanos cultivados en laboratorio y en inteligencia artificial busca convertir esta habilidad en pruebas médicas simples, rápidas y no invasivas.
Un caso que abrió camino en esta línea fue el de la escocesa Joy Milne, enfermera jubilada con hiperosmia hereditaria —una sensibilidad extraordinaria al olfato—. Ella fue capaz de detectar el Parkinson de su esposo años antes del diagnóstico médico gracias a un olor almizclado en su piel. Posteriormente identificó la enfermedad en otras personas con notable exactitud, lo que motivó a científicos como Perdita Barran, de la Universidad de Mánchester, a investigar los compuestos relacionados.
El trabajo de Barran y su equipo ha permitido identificar cerca de 30 moléculas en la piel que cambian consistentemente en pacientes con Parkinson. Estos hallazgos apuntan al desarrollo de un hisopado cutáneo que podría diagnosticar el padecimiento en fases tempranas, reduciendo la espera de años que suele implicar el proceso clínico tradicional.
Otros estudios han mostrado que lesiones cerebrales también alteran los compuestos volátiles en el organismo, liberando cetonas específicas en la orina durante las primeras horas tras una conmoción. En el caso de la malaria, investigadores detectaron que los niños infectados desprenden un olor “afrutado y herbáceo” que atrae a los mosquitos, provocado por aldehídos como heptanal, octanal y nonanal.
El avance de esta línea científica promete revolucionar el diagnóstico médico. Identificar enfermedades a través del olor podría no solo anticipar tratamientos, sino también salvar millones de vidas.
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