Por Horacio Cárdenas Zardoni
¡Qué triste es, a veces, tener razón! Mucha gente, de los que no comulgan con la cuarta transformación en su primea advocación bajo el mando de Andrés Manuel López Obrador, su creador e ideólogo, o de su segunda venida, que llaman segundo piso, a cargo de Claudia Sheinbaum Pardo, criticó cuando la filosofía del régimen comenzó a ser aquella de ‘no se necesita mucha ciencia’…
El anterior presidente utilizó muchísimas veces esa expresión para referirse a distintas funciones de su gestión. De las que nos acordamos está por supuesto de que para hacer política no se necesitaba mucha ciencia, él debía saber de lo que estaba hablando, él es licenciado en eso, ciencias políticas, y no precisamente de los más brillantes de su generación, o valdría decir generaciones, pues se tardó 14 años en obtener el título, en una carrera que no requiere mucha ciencia. Pero también lo dijo de la extracción de petróleo, hablando en específico de la explotación de mantos en aguas profundas, no se requerirá mucha ciencia, pero nadie en México, ni empresas privadas ni PEMEX se avientan en una aventura de esas, ¿quién sabe porqué los extranjeros sí?. Otra que nos interesa en este momento, cuando decidió que su gobierno prescindiría de muchos de los ingenieros que trabajaban en la Secretaría de Infraestructura y Comunicaciones, porque nomás se hacían tontos, y para construir caminos, puentes y otras obras, no se necesitaba mucha ciencia, más bien ninguna, y con la pura inteligencia del pueblo bueno y sabio, bastaría para realizarlas a un precio mucho más barato que con su supuesta sapiencia.
Bueno, pues hace pocos días se difundieron imágenes, que algunos llamarían dramáticas, aunque ya ve cómo los mexicanos estamos curados de espanto, son pocas cosas las que nos sorprenden, el caso es que ocurrió un derrumbe al interior del túnel “El Tornillo”, que se ubica en un punto en la carretera del Istmo, en el estado de Oaxaca. El tal túnel había sido inaugurado por Claudia Sheinbaum, ya presidenta, ni cinco meses antes, y resultó que se vino abajo, taponándolo más allá de posibilidades de volver a abrirlo, o sí… si se contratan técnicos, ingenieros y científicos que sepan hacer una obra a la que no le pase lo mismo otra vez, y es que las montañas son canijas cuando las perforan, y más cuando son de material que se disuelve por las lluvias, como dicen que pasó con el tunelito este. La obra costó varios cientos de millones de pesos, cerca de mil, y sí, le daba funcionalidad a la carretera, que ahora tiene que desviarse por el antiguo trazo, ni modo, eso pasa cuando se necesita más ciencia de la que están dispuestos a contratar y pagar.
Es así como llegamos a otro ejemplo, mucho más cercano y más palpable de la filosofía lopezobradorista de que no se requiere mucha ciencia, y aquí nos preguntamos ¿porqué eligió como sucesora a Claudia Sheinbaum, quien siempre ha presumido de sí misma, de ser una científica?, nos referimos al otro programa estrella del gobierno anterior, el de la Escuela es Nuestra, programa que partía de dos preceptos: que fueran los padres de familia los que decidieran las obras que necesitaban realizarse en las escuelas en las que estudian sus hijos, y que ellos mismos, los padres, administraran los recursos y hasta realizaran el trabajo que habían decidido…
Si uno es obrero, contador, periodista, lo que sea, menos ingeniero o arquitecto ¿qué puede saber de la construcción de un techo, de la introducción de servicios de agua, de la instalación eléctrica?, pues bien poco, tirándole a nada. Por toda la geografía del país, y aquí también en Coahuila, nos venimos a enterar que la Secretaría de Educación, la del estado, no la de la federación, ha estado programando y pagando la reparación de una buena proporción de las obras de mejora que se realizaron el sexenio pasado, emprendidas por los padres de familia, supuestamente organizados de la mejor manera que se les ocurrió.
Algunas de las reparaciones eran indispensables, sobre todo los techos, no fuera a ser que se cayeran encima de algunos de los niños y profesores, eso sería imperdonable. Ni modo, había que entrarle, y mientras más pronto, mejor. Hubo que distraer dinero de otras funciones de gobierno, en el mismo sector educativo, para reparaciones que habrá quienes digan que no eran necesarias. Si por ellos fuera, habían quedado bien, y no representaban riesgo alguno, a menos que los afectados fueran sus hijos, entonces ni llorar es bueno.
¿Cuántas de esas obras estarán pendientes? Y más importante ¿alcanzarán a llegar a tiempo antes de que se caigan?, tampoco vamos a aventurar un cálculo, para eso sí se requiere algo, no demasiada, ciencia, pero son muchas.
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