Por Horacio Cárdenas Zardoni
El sistema educativo mexicano tiene muchos defectos, demasiados, más de los que sería permisible para cualquier entidad nacional y pública, y sobre todo para aquella encargada de ofrecer y garantizar un futuro para los niños y jóvenes que cursan sus estudios con la expectativa de convertirse en personas de bien, económicamente productivas, siendo una satisfacción para sus padres y sus familias.
Podríamos comenzar nuestra enumeración de los problemas del sistema educativo por el principio, por el final o por en medio, y de todos modos no avanzaríamos mayormente, porque el sistema es tan grande, y está todo tan interconectado, que tratar de atacar un problema sin considerar sus vínculos con los de otro subsistema o nivel, equivale a un esfuerzo desperdiciado. No de balde, antes, cuando medio se querían corregir las cosas, se avanzaba a paso de tortuga, pero en todos los frentes, ahora simplemente no hay ninguna intención y menor interés por que las cosas se resuelvan. Ojo, ni siquiera vamos a decir, como se ha repetido hasta el cansancio en aquella teoría conspiracionista, de que hay un interés maquiavélico por mantener a la gente ignorante, porque así son mucho más fáciles de manipular… este… fue el presidente de la república Andrés Manuel López Obrador el que dijo exactamente eso, que la campaña política de su partido no se orientaba a los ricos ni a las clases medias, sino a los pobres sin educación, pues son ellos los que se movilizan a cambio de la entrega directa de dinero, pero es cierto, una educación ineficiente produce resultados ineficientes, allí tiene sin ir más lejos los que arrojó la última aplicación de la Prueba PISA, esa que lleva a cabo la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico entre sus integrantes y otros países que gustan de medir el estado de su sistema educativo.
No solo no mejoró la educación en el país durante los últimos cinco años, sino que se las arregló para empeorar, algo que no es sencillo. Lo decimos porque el sistema educativo mexicano es tan vasto y reacio a los cambios, que lo mismo es difícil que mejore como que empeore, pues es demasiado grande y complejo para llegar a todos los sitios donde se enseña y se aprende. No obstante eso, lo lograron, fuimos de más a menos, y eso que el más tampoco era algo para presumirle a nadie.
Pero bueno, para no meternos a decir que el principal problema de la educación en México se encuentra en la educación básica, o en la educación superior, o en la educación normal, vamos a señalar el que a nuestro juicio es el origen de todos los males: no hay remediación…
No estamos diciendo que no tenga remedio, aunque a lo mejor tampoco lo tiene, pero estamos hablando de otra cosa, de la remediación, entendida como aquellas medidas que toma el sistema, la dirección de la escuela, el profesor con su grupo, para que aquello que el alumno debió aprender y que las pruebas dejan demostrado que no sabe, se le apliquen acciones correctivas, emergentes, para que no egrese del grado y nivel escolar sin dominar el contenido que debió adquirir.
Durante años, décadas ya, el sistema educativo mexicano se centró en mejorar su desempeño… en las estadísticas, no en las aulas y menos en los cerebros de los estudiantes. La orden fue concisa: no reprobar a nadie, fue la manera que el sistema encontró para incrementar el número de años cursados por cada ciudadano. Anteriormente, por allá a principios de los setenta del siglo pasado, se hablaba de que el nivel promedio de estudios de los mexicanos era de 2.5 años. Con esta medida burocrática, que no implicó ninguna revisión de nada, ninguna autocrítica, y más bien poco o ningún trabajo, se logró que para los años ochenta ya la educación se había elevado al sexto de primaria, y para el principio del siglo se hubiera llevado hasta primero o segundo de secundaria. México se había convertido en un país educado y culto… sin haber abierto un libro adicional, ni estudiado una hora más, nada.
Antes de eso… había dos opciones para todo alumno que andaba mal, la primera y muy radical era reprobarlo y que repitiera el año. Entre la vergüenza de no haber pasado, de haberse quedado atrás de su generación y caer en la siempre menospreciada que viene detrás, y ponga que algo de madurez forzada, había una mejora en la interiorización de contenidos ya vistos. Era la terminante, la otra era ruda también y aderezada con la amenaza de reprobar, pero sin llegar a cumplirla era muy sencilla: remediar, remediar y remediar.
Si algo estaba mal, el maestro ordenaba al alumno que lo volviera a hacer, y lo volviera a hacer y así el número de veces que fuera necesario hasta que lo aprendiera y lo realizara correctamente. Se aprendía por enojo, por odio, por repetición, pero había un avance. Mientras hubo remediación, la educación avanzaba, no es gratuito que las generaciones anteriores a las actuales, gente con un par de años de primaria pudiera perfectamente abrirse camino en la vida, cosa que ahora con licenciatura completa y maestría, no se alcanza.
Se dejó de remediar porque ¿para qué, si de todos modos al escuincle había que pasarlo?, ya sería mucho que el profesor al que se hacía cómplice de una burla educativa, tuviera la consciencia y la convicción de que de todos modos había que educar, si la motivación negativa y cruel pero funcional de la amenaza de reprobarlo, se anulaba, los alumnos automáticamente dejaron de temerle, al profesor y al sistema, y todo el esfuerzo educativo, se fue al caño.
Desde el sexenio pasado en Coahuila se dio un distanciamiento entre el sistema educativo estatal y el federal. El meollo del asunto fue el de los libros de texto gratuitos, que acá se juzgó que eran insuficientes e inadecuados para garantizar una educación como debería ser. Se dio lo que todos supimos, la impresión, reparto, utilización de libros de texto propios, que suplen la carencia principalmente del área de matemáticas y la de contenidos locales. Desde nuestro punto de vista no estuvo mal, si acaso se mantuvo el estándar anterior, malo por los de otros estados, que sí redujeron horas materia de algunas de las más importantes. Ya estamos viendo su impacto en pruebas sucesivas.
Ahora el gobernador Manolo Jiménez ha anunciado que el sistema educativo estatal retomará el tema de la remediación. Al menos en el discurso, se habló de resolver las lagunas que dejó la pandemia de COVID19, que es un principio, lo que nos parece más relevante es lo otro, la posibilidad de que todo, que cualquier contenido que el alumno no aprendió a la primera, lo aprenda a la segunda o por aburrimiento a la tercera, pero que no se quede con la laguna, que como no es difícil de visualizar, impide el adecuado seguimiento de los estudios.
Ojalá los niños coahuilenses aprendan a la primera, y si no, la cosa tiene remedio. Pobres de los que no aprenden a la primera, porque allí quedó la cosa, y esos son los del resto del país.
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