RECUPERAR LA PLAZA


Por Horacio Cárdenas Zardoni

Oiga, que interesante noticia la que dio el gobierno del estado de Coahuila la semana pasada, sí se realizará un evento multitudinario para celebrar la independencia de México. Vaya, hasta que a alguien se le prendió el foco de que las plazas, de armas o de lo que sea, son del pueblo y para el pueblo, y que el gobierno está no para tenerlas como si se tratara de un escenario para una postal, sino algo vivo, que refleja lo que al pueblo le gusta o al pueblo le duele.


¿Cuántos años estuvo suspendida la celebración de la Independencia de México en la plaza de armas de Saltillo?, fueron varios, primero por la pandemia de COVID 19, y luego porque al anterior gobernador Miguel Ángel Riquelme Solís, le gustaba, literal, llevar la fiesta en paz, es más, que de plano no hubiera fiesta, que los ciudadanos se quedaran en sus casas para presenciar el grito de independencia que lanzaba él a los cuatro vientos, o por mejor decir a los cuatro gatos que anduvieran en los techos, tratando de cazar a las palomas dormidas en los aleros y cornisas. Allá cada quien si sintonizaba la celebración local, si se iba directo a la nacional, o si haciendo uso de su aparato para sintonizar las televisoras de cualquier estado del país, o la de Los Ángeles, Chicago o Nueva York, prefería ver esas que lo estrictamente saltillense.


Lo hemos dicho y no nos cansaremos de repetirlo, gracias la damos a Riquelme de no habernos cumplido su promesa de construir un teleférico en Saltillo, postes y tendederos de cables los tenemos de sobra por culpa de las empresas de televisión por cable, la Comisión Federal de Electricidad, Teléfonos de México y alguien más que se cuelgue, eso de un teleférico solo hubiera contribuido a incrementar las telarañas, fuera de eso, nada. Pero en esa estética tan Riquelmiana o como se diga, estaba también contemplado que la plaza de armas no se viera mancillada con nada, y por nada hay que entender ninguna manifestación, protesta, celebración, concierto, o escuincle o escuincla correteando las palomas y dejando pedazos de tortilla, maíz quebrado o granos de arroz tirados. No, del balcón de Palacio todo debía de verse bello y hermoso… así que nada de nada, y a cumplir la orden del patrón del sexenio pasado.


Otra vez lo de la estética, quien sabe si al próximo senador por Coahuila le encantara ver las rejas, vallas, patrullas y policías instalados en la plaza, impidiendo que nadie más se plantara momentánea o con carácter más permanente en ella, o quien sabe, a lo mejor padece de la vista, miopía u otra cosa que le impida ver bien de lejos, aunque si este fuera el caso, ¿qué importaría si estaban abajo los profesores que protestaban por el pésimo servicio de las clínicas de la Sección 38, los familiares de los desaparecidos que colgaban las fotografías con sus nombres de los árboles, los taxistas, los de Antorcha que siempre están dispuestos a quejarse y exigir lo que sea, si de todos modos el mandatario no los iba a ver?, a lo mejor es cosa de ideología, que Riquelme cumpliera como versículo bíblico la máxima salinista de -ni los veo, ni los oigo-.


El caso es que los saltillenses estuvimos sin plaza de armas por algo así como cuatro años, o bueno, la plaza estaba, pero secuestrada por quienes debían de cuidar que estuviera siempre a disposición de los ciudadanos, los que se querían divertir, los que querían protestar, los turistas, los que nada más pasaban por allí.


Por cierto, si se topa por allí al Diablito light, Fernando de las Fuentes Hernández, reclámele, cuando los ciudadanos le pidieron explicaciones sobre el recién decretado cierre de la Plaza de Armas, él dijo que el gobierno estatal estaría comenzando las obras de remozamiento de la tal plaza, en la cual se aplicarían los mejores materiales, déjese de Coahuila o siquiera México, nada del mármol que dejó Rogelio Montemayor, piedras preciosas, y durante los cuatro años no hicieron nada de nada, como no fuera sostener el bloqueo a cualquiera que intentara instalare allí. Okey, el Diablito no es morenista, no entiende la mística de la cuarta transformación de no robar, no mentir, no traicionar. Por lo menos hubo mentira y traición, de lo otro no estamos seguros, pero ya entrados en sospechas…


Total que ahora Manolo recupera la tradición de que las plazas de armas de las ciudades y los pueblos son para que la gente se reúna en ellos para lo que tenga a bien hacerlo. La idea es que no haga desmanes ni destruya nada, pero no por estar ocupándose de proteger las piedras, descuide el gobierno a la gente. Y ponga que haya daños, que la pelusa se deje llevar por las pasiones, ahorita de fiesta y al rato en son de protesta por cualquiera de muchas razones y pendientes que tiene el gobierno para con los gobernados, pero son los costos de vivir en una democracia, así sea una tan imperfecta como la mexicana. Si el pueblo no sabe cuidar sus cosas, o se desquita dañando su patrimonio, debe estar perfectamente consciente de que los gastos de las reparaciones los pagará el mismo pueblo.


Que sí, ojalá se porte, nos portemos a la altura, definitivamente eso es lo que esperamos, y que el festejo por la independencia de México este próximo septiembre sea como los mejores de la historia, y que no la abstinencia de los últimos años provoque que los saltillenses nos aloquemos de más, pero eso será en todo caso secundario, y disculpe que terminemos con una cita cinematográfica, pero que tiene su peso, aquella película de Cinema Paradiso, en que el loco del pueblo repetía todo el tiempo, la plaza es mía, en este caso, la plaza es nuestra… otra vez.


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