Ciudad de México, 28/08/26 (Más).- Apenas 33 horas transcurrieron entre el anuncio de Rubén Rocha Moya de que retomaba la gubernatura de Sinaloa y su decisión de solicitar nuevamente licencia por tiempo indefinido, periodo en el que se desplegó una intensa operación política desde el gobierno federal, Morena y sus aliados para obligarlo a reconsiderar su regreso al cargo.
De acuerdo con una reconstrucción publicada por El País, elaborada a partir de testimonios de media docena de fuentes involucradas en las negociaciones, el episodio comenzó la mañana del viernes 21 de agosto y terminó la tarde del sábado 22, después de que Rocha Moya quedara políticamente aislado y recibiera advertencias sobre la posibilidad de activar mecanismos institucionales para separarlo del puesto.
La jornada había iniciado sin señales de una crisis. La presidenta Claudia Sheinbaum encabezó a las seis de la mañana la reunión del Gabinete de Seguridad, aunque una gripe que le había provocado problemas de voz llevó a que encargara a la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, conducir la conferencia matutina. La rueda de prensa concluyó a las 9:18 horas sin incidentes relevantes.

Veintiocho minutos después, a las 9:46, Rocha Moya anunció mediante sus redes sociales que regresaría a la gubernatura. En su mensaje sostuvo que, pese a la imputación por narcotráfico realizada en Estados Unidos y las investigaciones desarrolladas durante más de tres meses por la Fiscalía General de la República, “no existen los mínimos elementos de prueba que sustenten nuestra participación en conducta penal alguna”.
El anuncio tomó por sorpresa a Palacio Nacional. Según las fuentes consultadas por el diario, el gobierno federal no había sido informado de la decisión, pese a que mantenía comunicación indirecta con el entorno del mandatario sinaloense durante la licencia que lo había apartado temporalmente del cargo. La reacción presidencial fue de inconformidad y Rosa Icela Rodríguez recibió la encomienda de establecer contacto con Rocha Moya.
Gobernación realizó distintas llamadas al gobernador y a integrantes de su círculo cercano, pero inicialmente no obtuvo respuesta. Ante la falta de comunicación, comenzó a articular una reacción conjunta con integrantes del gabinete, la Fiscalía, gobernadores y grupos parlamentarios, mientras Palacio Nacional revisaba el contenido del posicionamiento público que fijaría la postura federal.
A las 13:28 horas, la Secretaría de Gobernación difundió un comunicado en el que señaló que el retorno de Rocha Moya “responde exclusivamente a una determinación de carácter personal”. El documento también recordó que permanecían abiertas investigaciones de la Fiscalía General de la República vinculadas con el mandatario y nueve exfuncionarios de Sinaloa requeridos por Estados Unidos.
Después de ese posicionamiento se abrió una vía directa de comunicación con Rocha Moya mediante un solo interlocutor. Aunque no fue presentada como una negociación formal, comenzó una serie de conversaciones en las que se le pidió reconsiderar su regreso y se le hizo saber que existía disposición para utilizar recursos institucionales con el propósito de apartarlo nuevamente del cargo.
Rocha Moya se mantuvo en su postura. A las 15:23 horas difundió un video desde el Palacio de Gobierno de Sinaloa en el que confirmó que ya se encontraba desempeñando sus funciones. “Aquí estoy, y vamos a seguir gobernando con firmeza y entrega por nuestra tierra, Sinaloa”, expresó.
Mientras el gobernador sostenía públicamente su regreso, comenzaron a acumularse pronunciamientos desde Morena. La dirigencia nacional del partido se deslindó de la decisión y distintos dirigentes insistieron en que había sido tomada de manera individual. Citlalli Hernández acompañó uno de los posicionamientos con la afirmación: “En nuestro movimiento hemos sido claros: nadie está por encima de la ley”.
También legisladores federales se pronunciaron contra el retorno. Ricardo Monreal reiteró su respaldo a Sheinbaum; Alfonso Ramírez Cuéllar cuestionó el uso del fuero y la bancada de Morena en el Senado calificó la decisión como un acto personal del mandatario.
La presión aumentó durante la tarde al incorporarse otras figuras de la coalición gobernante.
A las 17:18 horas, Rocha Moya publicó una fotografía acompañado de su gabinete y reiteró que continuaría gobernando. “Sinaloa cuenta con un equipo enfocado en atender las prioridades de las familias. Junto a mi gabinete, refrendamos el compromiso que asumimos desde 2021: transformar profundamente a Sinaloa”, escribió en el que sería su último mensaje público de desafío durante aquella jornada.

La operación política continuó desde la Secretaría de Gobernación.
En paralelo, comenzaron especulaciones sobre si Rocha Moya habría consultado su retorno con el expresidente Andrés Manuel López Obrador en Palenque. El silencio de López Obrador y de personajes cercanos a él alimentó versiones sobre una posible ruptura con Sheinbaum, aunque las fuentes citadas por El País rechazaron esa interpretación y posteriormente la presidenta calificó esos señalamientos como “política ficción”.
A las 18:30 horas, 23 gobernadores del bloque oficialista difundieron un pronunciamiento en el que pidieron responsabilidad y madurez a Rocha Moya y expresaron respaldo a la presidenta. “Manifestamos nuestro absoluto y categórico respaldo a la presidenta de la República”, señalaron. A esos posicionamientos se sumaron posteriormente dirigentes del Partido Verde y del Partido del Trabajo.
Para las 19:00 horas del viernes, Rocha Moya había perdido prácticamente todos los respaldos políticos nacionales: gobernadores, legisladores, Morena y sus aliados habían cerrado filas con Sheinbaum, mientras el mandatario sinaloense permanecía acompañado principalmente por su equipo más cercano en Culiacán.
Al final de esa jornada se añadió la presión proveniente de Estados Unidos. Medios de ese país difundieron declaraciones de un portavoz del Departamento de Estado en las que, al referirse a la crisis provocada por el regreso del gobernador, aseguró: “El Cártel de Sinaloa no podría operar sin la ayuda de funcionarios corruptos”.
La mañana del sábado, a las 10:39 horas, Sheinbaum intervino directamente mediante un mensaje en redes sociales. “Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación. Y mucho menos cuando aquello que se pretende colocar por encima de México no es el bienestar de su gente, sino la ambición desnuda del poder por el poder”, señaló.
La presidenta agregó después: “México merece servidores públicos que entiendan que los cargos son pasajeros, pero la responsabilidad ante la Nación es eterna. El Pueblo no está para alimentar ambiciones personales. Por encima de cualquier nombre, de cualquier grupo y de cualquier interés particular, está el pueblo y la Nación”.

A esas alturas, según la reconstrucción, Rocha Moya comenzó a asumir que difícilmente podría mantener su regreso. Durante las conversaciones con el interlocutor designado desde el gobierno federal explicó que su estrategia había consistido en volver primero a la gubernatura y después intentar convencer a la presidenta, al partido y a las instituciones de aceptar su decisión.
La respuesta desde el gobierno federal fue mantener la negativa a realizar concesiones. Entre las opciones que fueron planteadas durante las conversaciones figuró la posibilidad de impulsar un juicio político contra Rocha Moya, procedimiento que ya había sido promovido meses antes por el PRI ante la Cámara correspondiente.
Finalmente, a las 18:40 horas del sábado, el gobernador cedió. Envió al Congreso de Sinaloa una solicitud de licencia temporal con carácter indefinido por más de 30 días, con lo que concluyeron las 33 horas que habían comenzado con su anuncio de regreso al poder.

Tras la salida de Rocha Moya, la atención del gobierno federal se desplazó inmediatamente hacia la sucesión. Sheinbaum instruyó buscar una gobernadora interina que no dependiera completamente del grupo político del mandatario con licencia y acelerar las definiciones internas de Morena rumbo a la elección estatal de 2027.
La designación interina recayó posteriormente en la diputada federal Graciela Domínguez Nava, quien había sido secretaria de Educación durante la administración de Rocha Moya, pero cuya trayectoria y perfil fueron considerados aceptables por el gobierno federal. El propósito era que concluyera el periodo constitucional que originalmente correspondía al gobernador hasta octubre de 2027.


En paralelo, Morena adelantó la definición de su estructura política en Sinaloa y designó a la senadora Imelda Castro como coordinadora estatal de defensa de la transformación, movimiento que la perfiló hacia la candidatura a la gubernatura. Su nombramiento recibió respaldo de Morena, Partido Verde y Partido del Trabajo, mientras distintos aspirantes, algunos vinculados con el grupo de Rocha, aceptaron la decisión.

El episodio terminó así con Rubén Rocha Moya nuevamente fuera del gobierno y con una reconfiguración acelerada del poder político en Sinaloa.
La reconstrucción de El País describe esas 33 horas como una confrontación en la que el gobernador intentó regresar mediante una política de hechos consumados, pero terminó cediendo después de quedar aislado frente a una operación coordinada desde la Presidencia, Gobernación, Morena y sus aliados.
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