Horacio Cárdenas Zardoni
Seguramente ha visto usted algunas o muchas películas de vaqueros, ahora quizá también haya las mismas historias, pero en forma de series, de esas que se transmiten en plataformas de streaming, después de todo, si por algo se caracteriza la oferta visual de cine, televisión abierta o restringida, es por la inmensa cantidad de opciones, que sin embargo, repite las mismas historias una y otra, y otra vez, pues no parece que se nos ocurran nuevos temas.
Pues bien, lo que los viejos vimos en forma de películas y los jóvenes ven en forma de series, enaltece la manera en la que se pobló lo que ahora es los Estados Unidos, distinto de como se logró la colonización de México. Sí, mientras que en México los exploradores venían cada vez más hacia el norte, fundando presidios en los sitios que consideraban propicios para que allí crecieran villas y eventualmente ciudades, en los Estados Unidos lo que buscaban era ante todo que hubiera bastiones que fueran eminentemente productivos, o que tuvieran ese potencial en un corto plazo, de forma que atrajeran cada vez más gente en un país que todavía en el siglo XIX era inmenso, momento en el que nuestro México ya había consolidado y perdido el latifundio más grande de toda América, precisamente acá en Coahuila.
A lo mejor las diferencias no son tantas entre el modelo de ellos y el de los españoles y luego los mexicanos. Había que expandirse eso sí, y si se encontraba uno la oposición de los nativos… pues había que erradicarlos… a estos, la oposición se iba con ellos. Pero como que los norteamericanos fueron más visionarios en cuanto a dónde fundar sus ciudades, en comparación a como fuimos de este lado del Bravo. Sería que había menos gente acá, gente española o criolla, la de confianza, que se hacía acompañar de indios afines, y ya entre ambos ocupaban los asentamientos, muchos de los cuales luego se abandonaban, o se cambiaban a sitios más propicios, en cambio los estadounidenses parece que buscaban los sitios mejores, de tal manera que allí creaban empresas que se beneficiaran de los recursos naturales que se localizaban en la región.
Así se establecieron grandes explotaciones forestales, enormes ranchos ganaderos, minas de diversos minerales. Da la impresión de que la diferencia es que mientras que acá, primero se estableció la gente y luego vinieron las empresas, del otro lado fue al revés, primero las empresas, y luego llegó la gente a laborar en ellas. Al menos esa es la visión que sacamos de tanta película de vaqueros, comparadas con las de charros mexicanas.
Viene a cuento porque hemos seguido la evolución económica del municipio Parras de la Fuente en los últimos años, y de aquella explotación principalmente agrícola de sus inicios, con cierto énfasis en el cultivo de vid para la fabricación de vinos, que sí, tiene su carácter industrial, no deja de ser un cultivo de alto rendimiento. La industria en Parras tuvo una época de auge con el procesamiento del algodón proveniente de la Región Lagunera, tenía su lógica, allí se crearon empresas para la fabricación de telas y finalmente de ropa, con lo que Parras logró un nivel de desarrollo económico destacado, sobre todo en comparación con otros municipios coahuilenses en los que no se planteó ese esquema económico, similar al de los Estados Unidos.
Luego la disponibilidad de algodón comenzó a menguar y comenzó a escasear el trabajo para la población, a falta de iniciativas para la diversificación económica, se regresó a la tradicional agrícola, y al turismo, en el que también destacó, pero no en proporción suficiente como para vivir solo de este.
Pero es en los últimos dos años en los que, al parecer, la situación comienza a cambiar para Parras. Tan solo en este año se ha anunciado la instalación de dos grandes empresas, que nos imaginamos desarrollaron los estudios estratégicos necesarios antes de tomar la decisión de irse a Parras, en vez de a cualquiera de otros doscientos municipios en el norte del país. Sus ventajas habrán encontrado, comunicaciones, mano de obra disponible, antecedentes de paz social, relación con el gobierno, seguridad, un poco de todo, o todo, y se inclinaron por el municipio parrense, en buena hora.
Donde nos entran las dudas es si Parras logrará abastecer de mano de obra suficiente a las dos empresas que han anunciado su llegada. Porque Artistic Milliners, con inversión inicial de 35 millones de dólares, requerirá 900 trabajadores al principio de sus operaciones y en pleno empleo llegará a los tres mil. Por su parte la recién anunciada inversión de Daimay habla de la necesidad de dos mil quinientos obreros, a lo mejor no en un primero momento, pero a la vuelta de pocos años.
Esto nos habla de seis mil nuevas posiciones de trabajo para un municipio de algo así como cuarenta y cuatro mil habitantes, que incluso registró una disminución en su número de pobladores en las últimas dos décadas, producto precisamente de la falta de empleo. Muchos de los parrenses en su momento respondieron a las necesidades de trabajadores de la región sureste del estado, iban y venían a diario, o se quedaban la semana laboral, para regresar el fin, un modelo incómodo, pero ni modo, había que hacerlo. Ahora tendrán la posibilidad de emplearse en el propio municipio, pero no estamos ciertos que entre los desempleados y los que regresen, sean suficientes para cubrir las necesidades de mano de obra de estas dos empresas, más las otras que se han anunciado en el renglón hotelero y turístico.
Como siempre, esperamos que sea para bien, pero todavía más, esperamos que el proyecto contemple el número de gente que hay, porque si no, estaríamos viendo un fenómeno de migración inversa, ya no hacia fuera de Parras, sino hacia Parras, algo para lo que tampoco está preparado el pueblo. En fin, preocupaciones derivadas de las películas de vaqueros, pero no vaya a ser que se nos complique la cosa, cuando ahora todo pinta color rosa.
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