REBASADOS

por Horacio Cárdenas Zardoni 

Hubo una época en la que en las conversaciones la gente citaba a Cervantes, a Shakespeare, a Dumas, a Schiller, eso si estaba uno entre literatos. Si con los que platicaba era con filósofos, había quien se sabía a Spinoza para arriba y para abajo, o a Descartes o a Kant. Entre los comunistas la cosa está más difícil, pues haberse leído y citar de memoria a Marx con todos sus libros, a Lenin con todos sus textos, de plano, o leen o hacen revoluciones. Ya en tiempos más chabacanos y en repúblicas bananeras como nuestro México, a quienes escuchábamos citados era al Chapulín  Colorado, a la Chimoltrufia, a algún personaje de Derbez… es lo que hay, es para lo que da nuestro intelecto, pero afortunadamente a últimas fechas se ha dado un leve resurgimiento de la cultura, de la intelectualidad y de la gracia, y por allí nos encontramos a gente que cita a Los Simpson’s… ya de si es bueno o malo, o peor que lo anterior, por lo menos los patrocina el Establishment, y eso debe contar para algo.
Para entrar en materia del tema que traemos entre manos, nos acordamos de un capítulo específico de Los Simpson’s, no tengo en mente el nombre ni el tema general, ya ve que meten mil historias en un solo capítulo, pero en este Homero había renunciado a su trabajo en la planta nuclear de Springfield, y como no podía ser de otra manera, le fue mal, entonces decide regresar a su antiguo empleo. El detalle interesante es que Mister Burns, el dueño de la planta, tiene dos puertas en su despacho, una para los solicitantes de chamba por primera vez, y otra para los que solicitan su reingreso. Ya conoce usted el humor de Los Simpson’s, la puerta para los incautos que por primera ocasión se animan a pedir trabajo en la planta nuclear poco le pide a las representaciones de las puertas del paraíso, columnas enormes, frontispicio, dorados, maderas, el máximo lujo posible, en cambio la otra, la de los reingresos… es una puerta para mascotas, por las que el solicitante tiene que entrar arrastrándose, si quiere… y lo hace.

¿Cuál será el mensaje?, pues que el que se llega a ir de la empresa en busca de mejores oportunidades o condiciones, al no tener éxito y querer regresar a su antiguo empleo, que muy probablemente lo esté esperando, ni que fueran tantos los que lo quieren, será en las condiciones del dueño, unas nada halagüeñas para el empleado.
Viene a cuento esta disquisición porque en días pasados se sucedió un hecho que nos parece hasta un tanto bochornoso. El Ayuntamiento de Saltillo decidió montar un operativo para retirar de los pasillos de la Alameda Zaragoza a los reclutadores que allí venían operando, y de pasada, también a los solicitantes de empleo, que con mucho, son  más que aquellos.
El pleito se venía cocinando desde hace tal vez un año, si no es que más. Diligentemente, según ellos, el municipio dispuso un centro de reclutamiento, ubicado en una casona ubicada precisamente allí, frente a la Alameda. Pero con tan mala suerte que… ni las empresas que requieren trabajadores, ni los reclutadores, ni tampoco los solicitantes “se hallan” en el nuevo espacio.
¿Resultado?, pues que el proceso de reclutamiento, por lo menos el primer contacto, se establece entre reclutador y prospecto, en los pasillos de la Alameda, y eso a la dependencia encargada, los tiene más que enchilados, y tanto, que en vez de ver qué pueden hacer para mejorar las condiciones en las que se ofrece un lugar en el centro de reclutamiento, deciden forzar las cosas, y despacharlos a todos, ¿quieres chamba?, pues es nuestra casa o en ningún lado.
No nos hemos puesto a averiguar, ni nos dan ganas tampoco, de quién es la casa de la Alameda, no creo que sea del municipio, ha de ser de alguien rico, lo suficiente como para tener casa en la Alameda, y se ha de haber pactado una renta bastante respetable por ocuparla y usarla, eso por una parte, pero como la administración municipal se caracteriza por el apego a la filosofía del ganar ganar, el ocupar un espacio dentro de la casa, así sea para poner un escritorio, ha de costarle a la empresa interesada, y no ha de ser poca cosa, sobre todo considerando que no le allega más solicitantes ni más trabajadores contratados que los que consiguen afuera y sin gastar un peso.
Esto son especulaciones nuestras, perfectamente nos pueden desmentir, de que la casa sí es del municipio, que no se paga renta, que no cobran por prestarla, pero lo que no nos podrán contradecir es que para los interesados dista mucho de ser la solución ideal.

Dizque los quitaron porque le estorban a los deportistas… oiga, eso a ver quien se los cree. Hubo una época, memorable así sea por la circunferencia de las panzas y el contenido de colesterol en la sangre, en que sobre los corredores de la Alameda había  montón de puestos de garnachas, feos como ellos solos, dejaban la banqueta toda grasienta, pero ah que rico comía uno allí las gorditas, tacos, flautas, tortas y demás. Operaban más bien de medio día en adelante, así que los deportistas, que eran menos, no se quejaban. Por épocas también, por no decir que siempre, ha sido un sitio para reunión de los estudiantes, que deberían estar estudiando y se echan la brincona. A veces en paz, a veces no tanto, a veces entre arrumacos, no pocos pleitos, y siempre ha habido espacio para toda clase de interacciones, hablando de las cuales, ¿qué decir de que fue por mucho tiempo el sitio de reunión de la comunidad LGBT+, cuando ni siquiera tenía nombre y no juntaba medio abecedario?, las buenas conciencias ponga que se quejaron, pero hasta eso no lo suficiente como para que interviniera ninguna autoridad ¿y ahora nos salen con que los buscadores de empleo y los oferentes molestan?
Por la exigencia de la situación, todo es amabilidad: el que ofrece es todo sonrisas, tratando de convencer a los prospectos, estos por su parte, ponen lo mejor de sí mismos para caer bien, portarse a la altura y de ser posible, salir ya con una chamba o de perdida una entrevista. Ya parece que molestan a nadie, salvo claro, a los encargados del centro de reclutamiento, que asomados a la ventana o a la puerta ven como allá enfrente sí se concretan las contrataciones, y de este lado nomás nada, o poco.

¿Qué les cuesta ponerse al nivel de las circunstancias?, desde hace años que propusimos en este espacio formalizar una especie de plaza del reclutamiento, que fuera funcional para empleadores y buscadores de empleo, que tuviera amplísimo estacionamiento, para que los camiones se llevaran a la gente contratada por el día o la semana, para la gente que llega en su carro, en fin, hasta para poner un negocio de copias con internet para sacar el CURP y el acta de nacimiento. Pues no, al ayuntamiento le gustan las cosas a su manera, lástima que a nadie más, y la gente consiga su chamba como pueda, pero no gracias a ellos.

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