Por Horacio Cárdenas Zardoni
Hace algunas semanas nos cayó en las manos un artículo que nos pareció digno de ser conocido por todo el mundo, cuanta más gente, mejor, y no es que seamos dados a andar difundiendo cosas con la finalidad de convencer a nadie de creer o hacer nada, en nuestro caso, con hacer que las personas nos veamos en el espejo, con eso nos damos por satisfechos cada quien sacará la enseñanza que quiera o ninguna. El artículo apareció en varios medios de comunicación norteamericanos, que han desarrollado una vena muy efectiva de comunicación con tintes emotivos, de lo cual suelen obtener un beneficio concreto, no solo informativo, sino también práctico para la sociedad.
La nota que le comentamos nos llamó la atención desde el título, Betty Reid Soskin, la más antigua guardabosques del Servicio de Parques Nacionales, se retira a la edad de cien años… obvio que nos pusimos a leer la nota ¿Quién trabaja hasta los cien años?, en México absolutamente nadie, uno que otro logra que lo soporten, así con ese término, en alguna universidad en la que hizo huesos viejos y tuvo en algún momento de su carrera algún prestigio, pocos son los que pasan de los ochenta, y a la mayoría los echan fuera pasando los setenta, así son las cosas en nuestro país, y nos imaginamos que en la mayor parte del mundo.
Pero resulta que en el Servicio de Parques Nacionales, un área que no es precisamente en donde la gente se la pasa todo el día sentada tras un escritorio, sino donde hay bastante actividad, y hasta cierto riesgo, no solo trabajaba Betty Soskin, sino que se dieron el lujo de contratarla cuando tenía 84 años de edad… ¿qué le parece como ejemplo de capitalizar el conocimiento, la experiencia de las personas, sobre todo en un país que siempre es acusado de todos los vicios del capitalismo, del neoliberalismo y demás, donde exprimen a los individuos hasta dejarlos secos?
¿Qué cualidades, habilidades, realmente únicas le vio el Servicio de Parques a Soskin, para invitarla a trabajar a pesar de lo avanzado de su edad, repetimos 84 años? debió ser algo muy especial, no son como los nombramientos de maestro ad vitam, o de profesores investigadores eméritos en las universidades, que lo que significan en el fondo es que los han colocado en el panteón de la gente importante, pero con ganas de que molesten lo menos posible. No, a esta persona le reconocían su activismo… para que lo siguiera ejerciendo, tan sencillo como eso, si no le hubieran hecho el típico homenaje que se estila en todos lados, un diploma, una plaquita, y a la goma.
En otros países, en algunas instituciones, saben aprovechar lo que la gente sabe, no es el caso de México, donde no manda la meritocracia, sino el amiguismo, el compadrazgo, y en general, las instituciones gubernamentales están copadas por gente que es afín y afecta al superior, al “titular de la dependencia”, que lo que menos quiere es personal que cuestione su capacidad y su liderazgo, no siendo extraños los casos en los que se deshacen de aquellos que más experiencia, estudios y práctica tienen en la solución de los problemas, para sustituirlos con personas que ganan mayores sueldos que los que tenían aquellos, y que no solo no saben cómo hacer las cosas, pero que además no tienen el menor interés en hacer carrera, en aprender, en ensuciarse las manos o el calzado en la talacha.
Estados Unidos está orgulloso de sus bosques, el departamento de Parques Nacionales, que además se reproduce en los estados con sus correspondientes departamentos de Parques Estatales, hacen grandes esfuerzos por mantener lo que saben que es una de las mayores riquezas del país y de su gente. Una riqueza tan grande, tan extendida, necesariamente está expuesta a grandes riesgos, que se pueden sintetizar en dos palabras: incendios forestales. Cada año se queman en los Estados Unidos miles de hectáreas de bosques, todos hemos visto documentales en los que los bomberos forestales… porque hay bomberos forestales, profesionales dedicados en cuerpo y alma a apagar incendios allí donde se presentan, aplican tecnologías que parecen de fantasía, y de los que acá en México apenas tenemos un atisbo, cuando el presupuesto siempre exiguo lo permite, así hemos visto aviones que no aterrizan, ni siquiera acuatizan en los lagos, presas o en el mar, sino que cual si fueran aves, tocan la superficie del agua con el pico abierto, cargando en una sola pasada decenas de toneladas de líquido, para ir a verterlo de inmediato en las partes más inaccesibles o más críticas de los incendios. No vuelan una vez, ni dos, pueden estar realizando viaje tras viaje, diez, veinte, lo que les dure el combustible antes de parar para reabastecer y que la tripulación, que tampoco es de fierro, descanse, no pocas veces a fuerza, pues si por ellos fuera allí seguirían. Hemos visto unas mangueras explosivas, que al estallar luego de desplegarse por una centena de metros, crean e segundos una guardarraya para contener el avance de las llamas, pero esto, lo sabemos, está mucho más allá de lo que los políticos y los administradores públicos mexicanos están dispuestos a hacer con el dinero de las dependencias que mangonean.
Pero hay otro tipo de trabajo, llamémosle de zapa, mucho menos vistoso pero efectivo en cuanto que más vale prevenir que luego arriesgar vidas tratando de controlar lo que no debió ocurrir desde el principio. A esto le han dado en llamar manejo forestal, distinto, pero emparentado, con el manejo con fines económicos, que consiste básicamente en la tala planificada de árboles para su aprovechamiento, que se acompaña de la resiembra de las mismas especies o de otras más valiosas, pero similares a las existentes para que puedan adaptarse al entorno y las condiciones climáticas.
El manejo forestal que debería hacerse, y se hace demasiado poco en nuestro estado es el del retiro de material combustible de los bosques, con la intención de que cuando llegue a caer un rayo, o que una fogata, de esas que están prohibidas, se salga de control, no encuentre suficiente maleza seca que quemar. En muchos lados se hace, y funciona, aquí no por el hecho obvio de que cuesta, y como nadie quiere pagar, ni los particulares propietarios de los predios, ni los ejidatarios que esperan que todo les caiga del cielo, ni el gobierno porque no le corresponde, y las asociaciones ecologistas se arriesgan a que los corran de mala manera por andarse metiendo en terrenos privados, así sea para retirar la maleza.
¿Qué no se puede usar todo ese material combustible de manera económica?, de que arde, arde, eso nos consta a todos los que tenemos una semana o ya más, respirando ceniza, ¿a nadie se le ha ocurrido compactar esos pastos secos para fabricar “ladrillos” combustibles?, en Irlanda tienen siglos cocinando y calentándose con pit moss, ¿porqué acá no?, digo, si la preocupación es sacar dinero. Pero para todos esos corredores, maratonistas, fisicoculturistas, y cuanta cosa que hacen esfuerzo físico sin ninguna utilidad ¿Por qué no se dedican a preservar las sierras, primero retirando material combustible, luego forestando, y finalmente regando los arbolitos que planten? ¿o de qué se trata, de esperar que todo termine de arder?
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