Por Horacio Cárdenas Zardoni
Los periodistas lo sabemos muy bien, la publicidad en los medios de comunicación es de lo más efímero que podamos encontrar en este mundo. Cuando un periódico manda un cobrador con un cliente, exhibiendo como debe ser, la plana en la que salió el anuncio que previamente se había contratado, no es extraño que el cliente se haga rosca para cubrir el pago, no que de plano se niegue a hacerlo, después de todo ¿Quién quiere a un periódico de enemigo?, pero sí le dará todas las largas que pueda, y si le es posible, dejará pendiente la deuda. Así son las cosas, y es que para probar que se prestó el servicio contratado, la publicidad en medios, tiene que haberse publicado ya, ¿y quien ve un periódico de ayer, como dice la canción?, nadie.
En medios electrónicos es todavía peor, claro que se puede anexar el testigo en un disco de que la publicidad se transmitió así como se había especificado en el contrato correspondiente, ¿pero qué huella queda en la mente del público, que es lo que finalmente importa al cliente?, por eso es que es tan difícil la venta de publicidad en medios de comunicación.
Pues bueno, si hay algo todavía peor que esto, es lo que ocurre en política. Allí donde lo ve, durante las campañas políticas cambia dinero de manos de una manera impresionante, ni nos imaginamos cuánto es el dinero que circula entre partidos, candidatos, prestadores de servicios, comercializadores de productos promocionales, medios de comunicación, etc. Se supone que todo es dinero supervisado desde el primero hasta el último centavo por las autoridades electorales, pero lo cierto es que aun en los mejores momentos del Instituto Federal Electoral, y ni qué hablar en estos que distan mucho de serlo, ya con el INE, el dinero vuela a una velocidad que hace imposible rastrearlo, suponiendo que alguien tuviera la intención de hacerlo.
Desde muy temprano en la campaña de Ricardo Mejía Berdeja para gobernador de Coahuila, cuando todavía era privilegiado funcionario de la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador, se ventiló que en su aventura había mucho dinero. Se llegó a decir, todavía el año pasado, que había dinero contante y sonante, no para los que estaban cerca del candidato, gente como él con dinero de sobra producto de sus incursiones exitosas en la política, sino de gente de base, quienes se encargarían de la movilización de contingentes cada vez más grandes de personas que terminaran redundando en una cascada apabullante de votos, y tanto, que dejarían medio ahogados a sus contendientes, pensamos todavía en Armando Guadiana con quien competía por la candidatura morenista, y del PRI y sus coaligados en la Alianza por la Seguridad, que ni siquiera se había formalizado.
Desde principios del año anterior se manejó la hipótesis de que el gobierno federal había estado guardándose recursos destinados para Coahuila los años anteriores, para este 2023 liberarlos todos juntos, con lo que los candidatos, a gobernador y a diputados locales, podrían exhibir pruebas irrefutables de que MORENA sí que cumple. La hipótesis resultó fallida, a lo mejor era solo la expresión de un deseo ante tanto recorte de parte de Hacienda federal, cuando se suponía que llovería dinero, no hubo más que sequía, a excepción de lo que cada aspirante pudiera levantar de entre sus simpatizantes, sin dejar un rastro demasiado notorio.
Total que Mejía traía mucho dinero, mismo que comenzó a repartir entre la gente, que ni tarda ni perezosa dijo aquí hay, y hubo, hasta que dejó de haber.
A lo largo del proceso, y sobre todo el día de la elección, se manejo que hubo compra de votos. Las acusaciones volaron de aquí para allá, y de allá para acá, se manejaron incluso cifras, en tal lado y con tal partido, el voto está en 200 pesos, otros llegaron a hablar de 500 y hasta de mil pesos. ¿mil pesos por voto?, nos parece demasiado dinero para que anduviera circulando el domingo 4 sin que a nadie lo hayan pescado con tambaches de billetes como alguna vez ventanearon al famoso señor de las ligas, curiosamente también dinero destinado a las campañas políticas. El dinero se nota, abulta mucho, y con los calores que hubo ese día, a nadie se vio con sudaderas o chamarras de las que saliera el chorro de billetes.
Pero a qué negarlo. Por lo menos la campaña del Partido del Trabajo, cuando llevaba de candidato a Ricardo Mejía Berdeja, se aceitó con dinero. Se habla de que hubo repartición de recursos en los 38 municipios del estado de Coahuila, así, sin dejar uno solo sin su dotación ¿qué fin tenía ese dinero?, bueno, pues que la gente se apareciera en los mítines, cuando fuera el candidato, que invitaran a votar a sus amigos y parientes por el candidato, y algunas otras tareas a favor de Ricardo, y otras menos mencionables, en contra de sus oponentes.
El asunto hubiera pasado desapercibido, de no ser porque, desconfiados como son los políticos, no dieron toda la lana de un jalón, la fueron dosificando, de manera de tener a la gente segura de que cumpliría hasta el último momento, pero luego las ministraciones comenzaron a espaciarse, no llegaron las partidas como se habían calendarizado, y peor, se le había dicho a la gente que los días tales y tales, vendría gente hasta el municipio a soltar “el recurso”, tanto el suyo como el que había para repartir, en una estructura piramidal de esas que tantos casos de fraude han propiciado.
¿Qué ya no hay candidaturas y triunfos electorales que se den a la antigüita, es decir, sin mediar un pago en numerario o en especie? Esto es algo que nos viene preocupando de un tiempo para acá, no solo por la sospecha, pendiente de probar, que las candidaturas y los triunfos electorales se compran y se pagan, y que solo nos enteramos de estas prácticas cuando fallan en esto último, en pagar.
A lo mejor es que no hemos indagado lo suficiente como para decir, fulano no dio un peso a nadie, todos sus votos son suyos propios, porque le cae bien a la gente, porque le creen lo que dice, porque esperan que cumpla las promesas que hace, pero corremos el riesgo de pecar de ingenuos.
Las denuncias que se hicieron en los últimos días en torno a que el PT, ese que se quedó sin candidato en la recta final del proceso electoral pasado, dejó cuentas por pagar a gente a la que se contrató, aun que sea candoroso pensar que hubo un papel firmado entre el partido y el operador, del nivel que este haya sido, nos regresa a la cantidad de veces que se ha dado esta situación en la política a la mexicana, a la gente le prometen dinero en efectivo, y viendo que la campaña se va al caño, los dejan colgados, a ellos y a todos los que logró sumar a la causa.
¿resultado?, que cada vez hay menos política por ella misma, y más por el dinero. Los partidos se han vuelto mercenarios, tanto como los operadores y hasta los electores, y desafortunadamente no hay señalamientos suficientes, no hablemos de castigos, para que estas cosas dejen de pasar.
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