Ciudad de México, 09/07/2025 (Más) — Apenas han pasado cien días desde que Julio César Chávez, leyenda del boxeo mexicano, agradecía públicamente a la presidenta Claudia Sheinbaum por “subirse al ring de las adicciones”, durante un acto oficial en Palacio Nacional. Con una sonrisa en el rostro, la mandataria recibió ese día un reloj conmemorativo del Consejo Mundial de Boxeo. Hoy, esas sonrisas han dado paso al desconcierto, luego de que su hijo, Julio César Chávez Jr., fuera detenido en Estados Unidos y quedara al descubierto una orden de aprehensión pendiente en México por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa.
El arresto del pugilista ha dejado al descubierto una red de omisiones e interrogantes que incomodan tanto en Washington como en la Ciudad de México. ¿Cómo es que un hombre buscado por delitos graves como delincuencia organizada y tráfico de armas pudo moverse libremente entre ambos países? ¿Qué agencias sabían de su situación legal y decidieron no actuar?
El fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, no ha ahorrado señalamientos: “Estados Unidos lo identificó perfectamente, sabía que era un delincuente y no lo detuvieron”, declaró este martes. El titular de la FGR responsabilizó directamente a las autoridades estadounidenses por lo que considera un manejo inconsistente del caso, ya que fue ese país el que solicitó la investigación en 2019 y presentó pruebas que lo vinculaban con el Cártel de Sinaloa.
Según Gertz, Chávez Jr. contaba con una orden de captura en México desde 2023. Aun así, participó en eventos públicos y deportivos, incluyendo una pelea en California transmitida a nivel internacional, un día después de que el Departamento de Seguridad Nacional ordenara su deportación.
Mientras la presidenta Sheinbaum ha asegurado desconocer los antecedentes judiciales del hijo del campeón, Julio César Chávez padre ofreció una versión distinta en entrevista con El Heraldo: “Sí, nos habían informado, pero hace como tres años. Nunca hubo un requerimiento, una llamada… Qué raro que hasta ahora, ¿no?”, cuestionó.
El caso ha abierto un frente inesperado en la relación bilateral con Estados Unidos. La aparente pasividad de ambos gobiernos ha derivado en acusaciones cruzadas. Mientras México señala a EE. UU. por no haber actuado pese a tener la información, en Washington se sugiere que la administración anterior ignoró intencionalmente el caso. “¿Por qué dejaron pelear a mi hijo si era un criminal?”, cuestionó Chávez padre.
Las relaciones de la familia Chávez con miembros del Cártel de Sinaloa tampoco han pasado desapercibidas. En una transmisión de 2022, Chávez Jr. reconoció su vínculo con Ovidio Guzmán, alias El Ratón, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán. “Es tío de la que ha sido mi hija desde hace mucho tiempo”, dijo en un video en vivo. Aunque intentó deslindarse de las actividades delictivas, dejó claro que mantenía una relación cercana con él.
“¿Conoce a esa gente? La conoce. También yo la conozco y eso no indica que sea narcotraficante, pero se respeta, cada quien su trabajo”, afirmó Julio César Chávez padre al ser cuestionado.
El trasfondo político del caso comienza a tomar forma. Tanto Gertz como Chávez han sugerido que la detención puede tener motivaciones ajenas a la justicia. “¿Por qué la usaron en este momento y por qué lo hicieron de esa forma? Es responsabilidad de ellos”, zanjó el fiscal.
Mientras tanto, el gobierno mexicano se prepara para la audiencia migratoria que definirá el futuro inmediato de Chávez Jr., quien podría ser deportado en los próximos días. En México ya lo espera una carpeta judicial que promete poner a prueba no solo a la Fiscalía, sino también la narrativa oficial sobre seguridad, justicia y complicidades.
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