¿QUÉ NO CIRCULA?  

Por Horacio Cárdenas Zardoni

Dice la Ley de Murphy, bueno, una de las derivadas de este principio del desorden que es el universo, que todo se le hace fácil al que no tiene idea de lo que está haciendo. Y sí, al que viene llegando, que no está enterado de cómo son y cómo están las cosas, con soltar la primera barrabasada que se le ocurre, con eso se siente que ya llenó el expediente, no solamente para integrarse al grupo de trabajo, sino para según él, posicionarse él y su inteligencia, muy por encima de cada uno de los que lo componen, y ya entrados en gastos, sobre todos ellos.

Ahora que a alguna lumbrera se le ocurrió proponer el establecimiento de un esquema similar, o el mismo para no complicarse más la existencia, al Hoy no circula, que opera desde hace ya varias décadas en el área metropolitana de la Ciudad de México, nos preguntamos ¿pues debajo de qué piedra vivían escondidos los que elevan semejante idea?, ahora sí que como el comercial tan famoso, y que quede claro, no respaldamos que sea cierto ni con mucho: el que no conoce las brasas no conoce Saltillo, en efecto, anda mucha gente por allí proponiendo cosas, sin conocer Saltillo y a los saltillenses.

Hubo un tiempo, hasta eso no demasiado lejano, en que lejos, para los saltilleros, era la Narro. Y había gente que se iba todos los días desde su domicilio en lo que es el área del centro de la capital de Coahuila, hasta la exhacienda de Buenavista. ¿qué son?, algo así como diez kilómetros, que cuando es uno joven y cuando tiene muchas ganas de estudiar, se cubren en una hora a buen paso, y otra hora para regresar. Eso era lejos, ¿hoy?, son pocos los que recorren el trayecto a pie, primero porque hay el célebre “camión de la Narro”, transporte pagado por la institución con el dinero de nuestros impuestos, que presta el servicio gratuitamente a los estudiantes, trabajadores y alguno que otro profesor, no se si todavía suba gente del rumbo que iba y venía, pero antes lo hacía. Además que ya hay rutas de combi, además que ahora la máxima aspiración de muchos jóvenes es conseguirse un carrito, por más destartalado que esté, para no tener que poner un pie en el asfalto, mucho menos en la vil tierra.

Hace no demasiadas décadas, Saltillo era una ciudad tan pequeña, y/o tan aglomerada, que la mayoría de los trayectos podían hacerse a pie. La gente estaba hecha a la caminada, niños, jóvenes, adultos de todas las edades, iban a pie a donde tuvieran que ir, y así se regresaban, a pleno sol, lloviendo o nevando, y no había de otra sopa. O aunque la hubiera, estaban acostumbrados, su salud se beneficiaba, y ni que, la verdad, la verdad, tuvieran tanto que hacer, como para acortar los tiempos en los trayectos.

Luego por alguna razón comenzamos a hacernos flojos, y cinco kilómetros para ir al trabajo o a la escuela, ah no, o en transporte público o en carro, pasamos de ser una sociedad razonablemente sana por todo lo que caminábamos, a una con bastantes padecimientos, desde físicos hasta emocionales y mentales, por querer meternos en un exoesqueleto metálico para ir de aquí para allá, que por cierto, seguimos yendo a los mismos sitios, o reproduciendo en los nuevos asentamientos, patrones similares de viajes, tortura aquellos que viviendo en Ramos Arizpe, tienen que ir a trabajar a Derramadero, atravesando todo Saltillo, o rutas por el estilo, por lo general, se busca uno un empleo cerca de su domicilio, o si consigue una chamba y está en condiciones para ello, procura uno mudarse cerca. Malo es perseverar en la necedad de vivir lejos de donde tiene uno que ir.

Pero ahora nos lo quieren quitar… no quieren que nos trepemos en nuestro carro, preferentemente camioneta o troca, para desplazarnos a nuestro destino. Y es que como nos parecemos tanto, todos queremos tener un vehículo a la puerta, para ir a donde queramos o necesitemos ir, así sea escandalosamente cerca, que nos toma el mismo tiempo caminar que seguir la ruta vial correspondiente, sobre todo cuando hay la pesadilla de sistema de semáforos que padecemos en Saltillo, sincronizados para estorbar el tránsito, más que para ordenarlo.

Cuando surgió lo del Hoy no circula en el centro del país, efectivamente el tránsito era imposible, una tortura ir de aquí para allá, pero no lo aplicaron con esa intención primaria, sino la de paliar la grave contaminación ambiental que ya existía, y que se acrecentaba en determinadas temporadas. ¿Qué sucedió?, pues que como la restricción era por el número de la placa, y la idea era que el 20% del parque vehicular no pudiera circular un día a la semana, liberando en el mismo porcentaje las calles y avenidas, consumiendo eso y menos de combustible al hacer menos tiempo en el recorrido, en fin parecía una buena, idea, por más que a quienes estuvieran acostumbrados a usar carro, su carro, un día a la semana tuvieran que ingeniárselas para llegar a donde fueran. Fue entonces cuando el ingenio anarquista del chilango brotó por los poros colectivos: ¿no puedo circular un día?, pues me compro un carro que sí pueda hacerlo, nomás con que no sea la misma terminación en la placa y ya la hicimos.

Solo los muy ricos se compraron un carro nuevo adicional, el resto de la población optó por una tartana, un coche viejo, pero que sirviera, “que no me deje tirado” era la condición única, y ese lo usaban todos los habitantes de la casa que tuvieran el carro parado, o hasta lo compartían entre parientes y vecinos. ¿qué pasó?, pues que realmente el tráfico bajó muy poco, y la contaminación menos, pues esos carros que ya estaban cerca del fin de su vida útil, adquirieron una nueva utilidad, dándoles el mantenimiento mínimo para rodar, lo demás no les importaba. Esa fue la reacción, fueron realmente pocos los que se cambiaron al transporte colectivo, y menos los que viendo sus bondades, se deshicieron de su carro, los hubo incluso que hasta huyeron de la ciudad para no tener que cumplir con leyes que calificaron hasta de represivas.

¿Qué va a pasar en Saltillo si imponen el Hoy no circula?, pues exactamente lo mismo. La gente de coche, y la gente a la que le caen en los hígados imposiciones como esa, se agenciará otro carro, otra troca, otro peltre, como cariñosamente nos referimos a ellos por acá. Si de por sí en muchas colonias y muchísimas casas no hay sitio para estacionar un solo mueble, imagínese el problema para estacionar dos… Si de por sí los carros por acá aguantan y aguantan y aguantan… pues se les exigirá todavía más aguante, al menos hasta poder sustituirlo con vehículos un poco en mejor estado.

Y la cereza del pastel: ¿qué pasó allá en el centro cuando comenzó a haber carros híbridos y eléctricos?, pues que elegantemente se les otorgó una calcomanía doble cero, pueden circular todos los días, con lo que se borró la ventaja de que liberaran un poco el tráfico. Lo mismo va a ocurrir acá, ahorita son prohibitivos, pero poco a poco bajarán de precio, los nuevos, y los usados también ¿qué utilidad tendrá entonces su gran idea?, ninguna. El problema no está en el carro, está en el camión, trolebús, tren suburbano, que no hay. Podríamos volver a caminar, o andar en bicicleta si no nos atropellaran, ¿pero una calcomanía?, por favor…


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