Especialistas señalan falta de acciones legales, vigilancia y transparencia ante el avance de desarrollos habitacionales en zonas destinadas a conservación. Tres décadas bajo cuestionamiento por omisiones ambientales
Por Heriberto Medina
Saltillo, Coahuila, 08/09/2026 (Más).- Designada oficialmente como encargada del manejo y cuidado del área protegida de la Sierra de Zapalinamé, la asociación civil Protección de la Fauna Mexicana (Profauna) ha sido testigo del daño causado a esta reserva natural sin realizar denuncias públicas y sin emprender acciones legales para impedirlo.
Durante las más recientes semanas, Más, el periódico digital de Coahuila, ha documentado y publicado las afectaciones sufridas por la Sierra de Zapalinamé durante los últimos 30 años, las mismas tres décadas en las que Profauna ha tenido bajo su responsabilidad el resguardo de la zona sujeta a protección y conservación.
Profauna se constituyó como asociación civil el 27 de septiembre de 1988 y 8 años después, el 31 de octubre de 1996, mediante la firma de un convenio oficial, se le asignó la conservación, administración y vigilancia del área natural protegida y la implementación del programa de manejo.
El mencionado programa de manejo estableció una zona de amortiguamiento en la que no se deberían modificar las condiciones naturales ni los ecosistemas; sin embargo, ese espacio es hoy el lugar de asentamiento de miles de viviendas agrupadas en fraccionamientos de alta densidad.
Esta violación al programa de manejo ocurrió durante el tiempo en que Profauna se encargaba de vigilar su implementación; sin embargo, ante la construcción de los desarrollos habitacionales Profauna guardó silencio, al menos públicamente.
Tampoco se tiene antecedente de algún recurso legal que hubiera hecho valer la agrupación para frenar los desarrollos habitacionales que hoy día llegan hasta las faldas de la sierra.
De hecho, Profauna mantiene un bajo perfil en una dualidad en la que su fundadora, Eglantina Canales, ocupó la titularidad de la Secretaría del Medio Ambiente, cargo desde donde pudo haber evitado el desarrollo de fraccionamientos habitacionales de alta densidad, sin embargo, no lo hizo.

Entrevistado al respecto, Rodolfo Garza Gutiérrez, quien fue titular de Ecología Estatal cuando se declaró a Zapalinamé como zona sujeta de protección y conservación, cuestionó el trabajo de Profauna y sus acciones para impedir que la urbanización avanzara sobre la reserva natural.
“Aquí el problema es que no hay control y pues yo no entiendo, no sé por qué Profauna no ha actuado para detener eso”, expresó.
Consideró necesario que se establezca un consejo verdaderamente autónomo que vigile a Profauna para que cumpla con su función.
Daniel Garza Tobón, fotógrafo ambientalista, denunció la falta de transparencia en el presupuesto que maneja Profauna.
Señaló que la asociación recibe aportaciones de empresas y recibe también una asignación de presupuesto público, además de las aportaciones que donan los ciudadanos a través del recibo del agua.
Garza Tobón consideró que es momento de entregar a alguien más la responsabilidad de vigilar Zapalinamé.
No obstante, en 2024, Profauna firmó un convenio con la Secretaría del Medio Ambiente de Coahuila que garantiza que seguirá siendo el responsable de Zapalinamé hasta 2029.

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