¿PRIÍSTAS SOMOS TODOS?


Por Horacio Cárdenas Zardoni

Pésele a quien le pese y duélale a quien le duela, el sistema político mexicano está basado en lo que fue el viejo Partido Revolucionario Institucional, características, procedimientos y mañas que todavía tiene eso que llaman nuevo PRI y prácticamente todos los actores que juegan en el escenario político nacional.


No podía ser de otra manera, el Revolucionario Institucional gobernó de manera continuada durante setenta décadas, creando y consolidando lo que se constituyó como el sistema político a la mexicana, después de la primera alternancia todavía pudo regresar a gobernar un sexenio más, dejando en claro para quien tuviera aun dudas, cual es su naturaleza, qué es lo que puede lograr como instituto político y de qué vicios no se puede librar.


Con esos antecedentes, en los que ejerció la parte política del régimen con puño de acero, solo había dos posibilidades, la que planteaba el haber formado parte del PRI, militando, dirigiendo y gobernando desde su ideología y su estructura, y la estrictamente contraria, casi freudiana de hacer exactamente lo contrario de lo que hacía el PRI, y en esta opción solo puede mencionarse al Partido Acción Nacional, al cual estaríamos acusando, como mera hipótesis de trabajo, de no tener postulados propios, sino como formación reactiva, pensar y actuar en oposición directa y enfrentada a lo que hiciera el PRI y el gobierno. Se podría alegar que también había una oposición de izquierda, y que esta sí tenía basamentos ideológicos sobrados, pero la izquierda de entonces, ni más ni menos que la de ahora, vivían dedicados a destruirse mutuamente, antes que salir a enfrentar al mundo, hoy que gobiernan, hay más grupos antagónicos y tribus de las que nadie puede controlar, su líder moral Andrés Manuel López Obrador incluido.


El postulado es simple, todos los políticos son priístas, o dejaron de ser priístas, los químicamente puros, como gustan de calificarse, son lo que son, como reacción a lo que era el PRI, y como tal, dificilmente pueden sustraerse de la influencia pasada y presente del priísmo. Triste, lo sabemos y lo aceptamos, bueno sería que lo aceptaran también los políticos en activo, les ahorraría muchos problemas y bastantes explicaciones respecto a su pasado y su actuar en el momento actual.


Hablando específicamente de la sucesión en la gubernatura del estado de Coahuila, podemos hablar de los tres principales candidatos en contienda, está Manolo Jiménez Salinas, que va por la coalición que encabeza el PRI, obvio es priísta de toda la vida, es más, de ascendencia de priístas, lo que se diga de él, es que se rige por lo que el PRI ha sido siempre, y están los otros dos, Ricardo Mejía Berdeja y Armando Guadiana Tijerina, ambos que comenzaron como priístas, o si no ideológicamente como tales, sí como empleados de gobiernos priístas, lo que los hacer haber conocido y servido al sistema desde adentro. Todavía podría hablarse de un Lenin Pérez, quien igualmente es hechura su partido y hasta el mismo, de las concesiones que el PRI hacía a los opositores en apariencia, siempre y cuando se portaran como se les marcaba, su fortaleza ideológica se reduce no a lo que dice en sus discursos, sino a las alianzas que ha buscado y conformado a lo largo de los años, oscilando de aquí para allá, según soplen los aires de conveniencia.

cardo y Armando, es de llamar la atención la cantidad de coincidencias que han tenido hasta el momento, que más que distanciarlos, los hermana. El que comenzó lanzando tierra y cosas orgánicas más feas, fue Mejía Berdeja, quien acusó flamígeramente a su contrincante, todavía por la nominación de MORENA a la gubernatura, de ser un candidato a modo… sea eso lo que sea, pero nos imaginamos que se refiere a que se dejaría vencer por otro candidato de otro partido o coalicion. Para dar cuerpo a su denuncia, exhibió y dio vuelo a una fotografía en la que aparecía Guadiana franqueado del gobernador Miguel Ángel Riquelme Solís, de José María Fraustro, hoy alcalde de Saltillo y antes secretario de gobierno, y de Manolo Jiménez, antes alcalde y en ese instante, el de la foto, secretario de inclusión. Una foto… dicen que dice más que mil palabras, no siempre las correctas, baste recordar una de López Obrador con José Luis Abarca, o de Cuauhtémoc Blanco con unos narcos. Guadiana es político, además es de sangre liviana, faltaba más que se negara a retratarse con la gente con la que trata, y además riéndose todos probablemente del mismo chiste. De que Guadiana estuviera ligado a los Moreira… otra de las acusaciones consentidas de Mejía, pero si durante los sexenio de Humberto y luego el de Rubén estaban peleados a muerte ¿y ahora, según él, se reconciliaron? Todavía está vigente la ley que prohibe las corridas de toros, que promovió Rubén con dedicatoria exclusiva para golpear a Guadiana, sus negocios y sus aficiones, si hubiera la tal reconciliación, ya la hubieran derogado o suavizado, y nada.


Ahora lo contrario, Guadiana y la dirigencia nacional de MORENA acusan a Mejía de plegarse a los Moreira, la declaración de Mario Delgado no tiene desperdicio “Todas las acusaciones que lance en contra de Morena, de su servidor, del senador Guadiana, le está lamiendo las botas a los Moreira que dice combatir y a Riquelme. Es decir, ya se convirtió en una pieza del moreirato”… lamebotas, eso sí que es una ofensa, sobre todo para un hombre en el que descansaba la seguridad pública del actual gobierno, y quien presume de duro, al grado que su símbolo es, o era hasta hace poco, el puño cerrado en actitud de golpear. Mario Delgado está enojado, entre otras razones por haber mordido la mano que le daba de comer, la del presidente López Obrador, a quien ni adiós le dijo, en sus propias palabras. Si le lame Mejía las botas a Moreira, nos imaginamos que es a Rubén, que la gira de secretario general del PRI y líder de la bancada en la cámara de diputados.


Allí los tiene entonces, Ricardo Mejía, tendido ante el PRI, habiendo sido priísta y luego “por no hallarse”, brincando de partido en partido hasta caer como candidato del PT del que ni siquiera es militante; Armando Guadiana, supuesto candidato a modo, expriísta o simpatizante del PRI, quien se dejaría ganar. Conste, nosotros no hacemos juicios sobre lo que ellos acusan, si acaso lo examinamos a la luz de lo que sabemos de sus personas.


Viene a resultar que la elección del próximo 4 de junio será una entre priístas y expriístas, a los que si el partido les hiciera ojitos, capaz que regresaban, así son de fuertes en sus convicciones políticas. Esto que vivimos en Coahuila lo han vivido y sobrevivido más o menos en varios estados con candidatos que han chapulineado de aquí para allá, y sí, han ganado con otras siglas, ¿pero en el fondo de eso que llaman corazón, no siguen siendo lo que fueron de origen, priístas?


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