PRI Coahuila… ¿Rumbo a su primera elección?

ENRIQUE ABASOLO

Hay feudos que se disputan en cruentas batallas y otros cuyo destino se decide capitulando a puerta cerrada.

    La probada vocación antidemocrática de Coahuila me conduce a pensar que, para no perder la costumbre, nuestro futuro será pactado y no disputado.

    La hegemonía total del priismo en la Entidad nos ha privado de celebrar jamás alguna elección libre. Ello es un hecho, duro y puro: los coahuilenses jamás hemos estado en posición de elegir, sino que alguien elige por nosotros y ya luego nosotros gustosos nos prestamos a participar en toda la pantomima.

    Quizás la única diferencia es que hasta hace algunos años, la oposición local pelaba honestamente los puestos de elección, incluso la silla del Ejecutivo. Por supuesto, eran tiempos más cándidos, pero con el correr de los años esta oposición se volvió igual de cínica que aquellos a los que se supone disputaban el poder y dejaron de pelear para sólo interpretar ya un personaje.

    La elección más disputada fue la de 2017, en la que muy presumiblemente Miguel Riquelme fue derrotado en las urnas. La autoridad electoral le otorgó un cuestionable triunfo luego de un misterioso hiato en el Programa de Resultados Preliminares que venía arrojando una votación muy cerrada.

    Y en días subsecuentes, cuando parecía que la oposición tenía elementos para impugnar y probablemente quedarse con la Gubernatura, el pusilánime, infame y traidor  Guillermo Anaya del PAN desistió, vendiendo la esperanza de los coahuilenses y ratificando el poder al poder.

    Lo traigo a colación para decir que nuevamente, el devenir del Estado se decidió de manera discreta, entre unos cuantos; se pactó aun y cuando se registró la mayor participación de la ciudadanía, despertada por el repudio al régimen de los Moreira.

    Pero nada de ello contó, la voluntad popular fue sólo un ejercicio coreográfico mientras que nuestra suerte se estaba pactando en la penumbra, muy lejos del ojo público.

    Me temo que nunca hemos tenido elecciones libres en Coahuila y ello debería dejar de sorprendernos. En la balanza siempre ha pesado más la calidad de Partido-Gobierno del Revolucionario Institucional que cualquier otra circunstancia, ello basta para sacar cualquier elección y la que no (como en el caso referido) negociarla.

    La asunción del Redentor de Macuspana y el virtual desmantelamiento del PRI en la esfera nacional, como ya hemos dicho, pone en un predicamento la continuidad de la dinastía tricolor en el Estado.

    Aunque invicto, el PRI coahuilense es como un campeón inflado, fuera de toda forma y condición pues en realidad jamás ha tenido que pelear por retener su título. Como ya dijimos, esto siempre se ha pactado en algún despacho o quizás en alguna suntuosa residencia. Pero nunca ha tenido necesidad de fajarse contra un contendiente con posibilidades, desde el momento en que siendo Gobierno, la pelea es desleal y dispareja: Recursos, mecanismos de movilización, clientelismo político, coerción de autoridades y árbitros electorales; ya le digo, el campeón jamás ha tenido que sudar ni esforzarse.

    Y si el PRI jamás ha peleado, no tendría por qué comenzar a hacerlo ahora que está decrépito, enfermo y, según opiniones, terminal. Es hora de negociar… otra vez.

    Habría que averiguar primero qué tanto le interesa realmente al Presidente López Obrador sumar a Coahuila a su colección de gemas. Hay una posibilidad, quizás pequeña pero real, de que no tenga una verdadera intención de invertir demasiados recursos y energía en una encarnizada contienda por esta comarca, para enfocar mejor las baterías morenistas en un bastión más importante y significativo políticamente hablando, como es el Edomex, desde luego.

    Bajo tal escenario, casi idílico, el priismo podría quizás postergar su final colapso y vivir otros seis años más en su burbuja, tiempo más que suficiente para reinventarse o reorientar el rumbo, adaptarse a los tiempos que corren.

    Pero si AMLO va por todas las canicas, quizás sea momento de replantearse las cosas.

    López Obrador es un mal enemigo y podría presionar haciéndole difícil la existencia  a la clase privilegiada de la política coahuilense, en la que hay mucha carne de presidio en potencia.

    No obstante, ya sea que se den con todo en una campaña feroz, o que celebren un feliz convenio (mientras nosotros nos apasionamos en el circo electorero), tricolores y morenos están obligados a presentar a sus mejores prospectos, así tengan que fajarse o sólo pretenderlo. Y es que para negociar también es menester blufear, hacer alarde de fuerza, de poderío y control de la situación, para así vender más caro.

    Por sendas esquinas, ya se preparan los gladiadores. Y aunque el pri al parecer apuesta todo a un ungido único, por MORENA ya iniciaron precampañas al menos dos.

No coma ansias, por supuesto que discutiremos dichos prospectos, tiempo nos va a sobrar y nos hemos de hartar de verlos y oírlos mentar. Ni se preocupe.

La modesta reflexión era sólo esa. Que quizás estemos en vísperas de ver por primera vez en cien años al Tricolor disputando en Coahuila una elección más o menos equilibrada (no robándosela con toda la alevosía y ventaja de sus prerrogativas). Aunque lo más seguro es que termine siendo como siempre, una feliz transacción en la que nuestra voluntad, convicciones, apasionada entrega, debate público y por supuesto el sufragio, habrán valido para absolutamente ni madres.


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