Chiclayo, 13/05/25 (Más).- Desde una parroquia del norte peruano, un sacerdote de 82 años sostiene el celular en la mano y duda sobre cómo escribirle un mensaje a su viejo amigo convertido en Papa. ¿Debe llamarlo “Robert”, como siempre lo hizo? ¿O ya es “Santo Padre”? Pedro Vásquez, cura jubilado de la diócesis de Chiclayo, no deja de emocionarse desde que vio el pasado jueves al cardenal Robert Prevost asomarse al balcón de la basílica de San Pedro como papa León XIV.
“Lloré como una Magdalena”, confiesa Vásquez al recordar ese momento. Él conoció a Prevost en 2015, cuando fue designado obispo de Chiclayo, y desde entonces mantuvieron una amistad cimentada en la confianza espiritual. “Cuando lo hicieron cardenal, le bromeé por WhatsApp: ‘Es una señal para que luego seas otra cosa’. Y él me contestó: ‘¡Ni se te ocurra!’”, rememora entre risas nerviosas.
Desde entonces no han vuelto a intercambiar mensajes, al menos no desde que comenzó el cónclave. “No quise fastidiarlo, sabía que tenía que estar incomunicado”, afirma. Pero ahora duda sobre cómo retomar la conversación.
Un pastor de rostro humano
León XIV —estadounidense de nacimiento, pero también peruano por elección desde 2015— dejó huella en Chiclayo. No solo por sus homilías o sus decisiones episcopales, sino por gestos sencillos. “Después de comer, llevaba su plato a la cocina. En pandemia, cocinaba él mismo”, cuenta Vásquez. Lo describe como un hombre “suavecito”, pero que “saca la garra cuando toca”. Y recuerda que no se quebró siquiera cuando fue falsamente acusado de encubrir abusos, un señalamiento que fue desacreditado más tarde.
Con formación intelectual, pero con los pies en la tierra, el nuevo Papa se distinguió por su cercanía con los fieles, por recorrer personalmente su diócesis y aparecer por sorpresa en parroquias remotas. “Se ha caminado todo Chiclayo, cuando menos lo esperaban, se presentaba”.
De la teología de arriba a la Iglesia que escucha
Para Vásquez, León XIV llegará al Vaticano con un compromiso profundo por renovar la Iglesia desde dentro. Le inquietaba, dice, la formación de los sacerdotes. “Quiere que se enseñe no una teología doctrinal y desde arriba, sino una de ‘Dios con nosotros’. Es agustino, cree como San Agustín que la Iglesia se tiene que reformar siempre”.
Entre sus gestos simbólicos está el haber permitido que las niñas también fueran monaguillas, algo poco habitual en la diócesis. Y si bien no usó el nombre de Francisco II, para evitar polémicas entre sectores conservadores del clero, su afinidad con el papa argentino fue profunda. “Francisco fue su guía”, dice Vásquez.
Un liderazgo con sensibilidad social
Los testimonios de su tiempo en Perú refuerzan la imagen de un pastor atento a las crisis. Durante la pandemia, Prevost gestionó en una semana la instalación de dos plantas de oxígeno en Chiclayo, a través de Cáritas. Cuando el ciclón Yaku golpeó el norte del país, se calzó las botas y llevó ayuda él mismo. Frente al éxodo de venezolanos, organizó respuestas rápidas que derivaron en la creación de la Comisión de Movilidad Humana y Trata de Personas para atender problemáticas como la explotación infantil o la prostitución.
“En el primer mandato de Trump, se pronunció muy fuerte contra la separación de familias migrantes. ‘¿Cómo es posible que separemos a madres de sus hijos?’, se preguntaba indignado”, recuerda Vásquez.
De Chiclayo al mundo
Con raíces maternas en Ecuador y antecedentes familiares en España, Robert Prevost vivió una transformación personal y pastoral profunda en tierras peruanas. La experiencia moldeó su visión sobre temas como la inmigración, la justicia social y la apertura religiosa, aspectos que se espera marcarán su pontificado.
“Es reservado, escucha más de lo que habla, pero cuando tiene que entrar, entra a fondo”, dice su viejo amigo. A Chiclayo llegó en un contexto de polarización entre la teología de la liberación y los sectores tradicionalistas. “Tiene buena muñeca para manejar cosas complicadas: sencillo, pero firme”, concluye Vásquez.Hoy, desde su parroquia, este anciano sacerdote peruano aún duda cómo comenzar el mensaje de felicitación. Pero si el carácter es destino, como él mismo insinúa, el futuro de la Iglesia bajo el papado de León XIV podría escribirse con el mismo lenguaje: humano, firme y profundamente transformador.
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