Por Horacio Cárdenas Zardoni
¿Quiénes somos nosotros para echarle a perder la democracia a quienes se inician en ella?, nos estamos refiriendo a todos aquellos jóvenes que se inauguran como votantes en este próximo proceso electoral, o que lo hicieron en el anterior, el del año pasado en que se eligieron diputados al congreso del estado de Coahuila y gobernador constitucional.
Esto es algo así como la conspiración, le podemos llamar así, conspiración en la que la inmensa mayoría de los adultos conspira para que los niños pequeños crean en la existencia de seres tan idílicos como Santa Claus o los Reyes magos, que a cambio de portarse bien y describir una cartita, les cumplirán sus más caros deseos. Con la democracia, al menos como se hace aquí en México, ocurre algo similar, cómo vamos nosotros o cualquiera a echarles a perder la idea de que la democracia es el más elevado de todos los modelos de convivencia y el mejor modelo de gobierno inventado jamás por la humanidad. Y sin embargo nos sentimos en la obligación no de atentar contra el mito de los regaladores que convierten a los verdaderos financiadores de la felicidad momentánea de lo que se encuentra en los niños bajo el árbol de navidad, en meros accesorios, sino en la forma en la que nuestra sociedad se ve perjudicada seriamente por estar nosotros pensando que la democracia es lo máximo, cuando que es solo un recurso más para que los que están arriba logren imponer a la inmensa base de los que estamos abajo ideas, hechos y situaciones con las que no estamos ni remotamente de acuerdo.
Alguna vez vimos una película del viejo oeste en la que en una tienda de raya ocurría un tremendo pleito a golpes un jefe indio, que como toda su gente, se había rendido a los blancos, estaba formado para recibir algún alimento o una cobija y el empleado de la tal tienda con un pincel grueso le pintaba una x al gran jefe en la mano, con lo que quedaría identificado como que recibió el beneficio y que estaba obligado a pagar una cantidad de dinero por él. El jefe se lo tomó como una ofensa, eso de que le pintarrajearan la mano y se le fue a los golpes, con ello daba inicio la rebelión de ese grupo de bravos. De alguna manera lo que está ocurriendo en estos momentos en el congreso del estado de Coahuila nos recuerda que una cosa es lo que nos prometen paz, gobierno, interacción igualdad y tantas otras cosas agrupadas en que somos los ciudadanos los que votamos, y a través del voto los que gobernamos, y resulta que como a los indios en la tienda de raya lo único que se nos pide, se nos permite y se nos premia, es votar, que nos manche en el dedo y nos perforen nuestra credencial de elector. De gobernar, de decidir, absolutamente nada.
Pusimos el título de política amargosa a esta colaboración porque efectivamente nos sentimos amargados, decepcionados, frustrados y hasta violentos de ver cómo los políticos acuden cada vez que hay elecciones a solicitar, a rogar que votemos por ellos todo para que a la primera oportunidad que se les presenta, a ellos no a nosotros, nos dejen la chamba tirada.
¿Pues no que tanto querían ser diputados para que a la primera oportunidad dejen abandonado el congreso local para irse a buscar alguna posición en el congreso de La Unión, u ocupar, si el voto los favorece una presidencia municipal?
Y lo hacen todo el tiempo, ahorita nos estamos quejando de lo que nos está pasando en el instante, pero todos los procesos electorales de los que tenemos memoria, o a los que les hemos dado seguimiento han estado caracterizados por conductas muy similares. La realidad es que no tienen ni madera, ni alma, ni corazón de legisladores, no son como presumen y pregonan representantes populares, para ellos el congreso local es únicamente un escalón, un escalón cualquiera que no pasa de ser un mero paso en lo que ellos consideran su exitosa carrera política, siempre ascendente.
Puestas las cosas así, el congreso que está iniciando funciones es distinto del congreso que se votó en junio del año pasado y el que eligieron los coahuilenses. Es alrededor de un 20% distinto en el sentido de que 25 legisladores ganaron su curul y si no nos salen mal las cuentas, cinco de ellos dijeron no, no la ocupamos, nos vamos a otra aventura más.
Lo que nos queda claro es que repetimos no son legisladores, ni son servidores públicos, ni son representantes populares, son grillos profesionales a lo que les encanta es andar en campaña y ganar elecciones, la emoción la adrenalina de andar buscando el voto, ganándoselo a otros, quitándoselo a otros que quizá hicieran un papel mucho más decoroso como representantes, pero ni modo, hay que ganar. Y es que también es entendible qué mejor carta pueden postular los partidos políticos que la de un grillo que recién ha ganado un proceso electoral de qué de lo que sea simplemente que se trate de un triunfador en vez de alguien recién desempacado para la cosa política.
Si había uno platicado con su aspirante a diputado, o con su diputado electo: oye es que lo que hace falta es esto, aquello y lo de más allá, todo para que resulte que ese diputado no llega al congreso ¿y usted cree que les va a dejar a quien ocupe su espacio una agenda con lo que estaba pendiente, y estaba comprometido? Nada, eso simplemente no ocurre, es borrón y cuenta nueva, el que llega trae su propio calendario y su propia agenda, probable o seguramente más política que legislativa.
No por nada hay tal distancia entre gobierno y gobernados, entre congreso y pueblo, cada quien vive dedicado a lo suyo y cada quien para su santo, y encima no le extrañe que a la vuelta de los pocos meses vengan esos mismos señores y esas mismas señoras a pedirnos: oigan, voten por mí ¿eh? Yo ya les demostré que puedo ganar una elección, y a la hora que algún ciudadano les reclama oye ¿pero es que votamos por ti la vez pasada y tú nos dejaste tirada la chamba?, cínicamente contestarán que así es la política lo que importa es ganar las posiciones para el partido y el partido será el que responda por esas demandas sociales y esas preocupaciones de cada uno de los distritos.
A lo mejor es un poco ingenuo o bueno bastante, quizá no tiene mucho de democrático, pero sí de honesto ¿no sería más adecuado que votáramos por partidos o por plataformas, y que los partidos ultimadamente eligieran y pusieran al que mejor les venga en gana, el que cumpla, o la que cumpla sus expectativas en ese instante? Puede parecer una simpleza y de hecho lo es, pero ante tantas ocasiones en las que se ha negociado el voto de la población, el suyo y el mío, ¿no valdría la pena sincerarnos y decir vota por el PRI y el PRI pondrá al diputado que más le acomode? Y lo mismo para el PAN y lo mismo para el PRD y lo mismo para Morena y para todos, porque este no es un problema de un solo partido, lo es del sistema político, que así juega.
Por algo aquel orgulloso jefe indio de la película que le platicábamos se enojaba tanto le tacharan la mano, a nosotros nos tachan el dedo, y sirve para lo mismo exactamente, para que nos vean la cara, y hagan con nuestro voto, nuestras expectativas, nuestros intereses y nuestros ideales lo que les viene su regalada gana. A ver si esto lo enoja a usted tanto como me enoja a mí y a la hora de votar por presidentes municipales y por diputados federales y senadores no decido yo ejercer un voto de castigo, al menos yo estoy cansado de votar por alguien y que sea otro el que llegue y se siente, y gane muchísimo más dinero del que yo voy a ver junto por no hacer lo que yo quería que hiciera.
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