POBRECITOS LOS FISCALIZADITOS  

Por Horacio Cárdenas Zardoni

¿Usted sabía que Javier Villarreal, sí aquel que la justica norteamericana ha acusado de malversación de fondos públicos en el período que fungió como secretario de Finanzas del gobierno de Coahuila, padecía de diabetes y varias enfermedades más?, no se le notó durante los años en los que mangoneó los dineros de los coahuilenses como si fueran suyos, y si a esas vamos, tampoco se le ve muy demacrado en las veces en las que ha acudido al juzgado norteamericano a alguna de las diligencias de su caso, en el que por cierto, todavía está pendiente lo más importante, que le dicten sentencia por los delitos de los que se le encontró culpable, y que no sabemos si es por la habilidad de sus abogados, por la cara de perro mojado que pone ante el juez, o por lo que sea, le han pospuesto en poco menos que una treintena de ocasiones, quedando pendiente, ya no sabemos si de que se resuelva, o de que le den una fecha todavía más allá en el futuro. Entre tanto, sigue tan campante, gozando de las mieles que libó de flores que no eran suyas, sino nuestras y que  nunca, pero nunca nos dieron ni remotamente para el tren de vida que gozó y goza.

¿Sabía usted que Elba Esther Gordillo estaba al borde de la muerte cuando fue ingresada en el penal femenil de la Ciudad de México en tiempos de Enrique Peña Nieto?, de veras, temimos, muchos, bueno algunos, bueno quizá alguien, que palmara antes e terminar de escribir sus memorias en el muro de la celda de la prisión en la que estaba confinada, eso por la insuficiencia renal que se difundió como diagnóstico de lo que padecía. Todavía más feo sentimos cuando nos enteramos que se le notaba ya mucho la demencia senil, o bueno para que no haya sentimiento ni acusaciones de discriminación, la demencia juvenil y femenil que se dijo que también padecía, que ya hacía prácticamente ininteligible cualquier cosa que decía. La verdad nos preocupó, había señales antes, como aquella vez que refiriéndose a la pandemia, no la de covid, la anterior, cuando no supo distinguir las “ies” de los “unos”, pensamos, esta pobre señora ya valió lo que se le unta al queso, pero no.

Nomás se desistió la entonces PGR de la acción penal contra la exlíder del sindicato de maestros, y mírala, hasta se casó la doña, perdió ese pasito centenario y hasta bailó en su boda con el abogado al que le debe su libertad. Un telenovelón en toda forma aquello.

Algo así pasó con Augusto Pinochet, usted se acuerda, aquel temible general chileno que encabezó el golpe de estado contra Salvador Allende y se quedó en el poder por un montón de años. ¿Pues no fue a España quien sabe a qué, y el juez Baltazar Garzón giró orden de aprehensión para detenerlo?, allí lo tiene al viejillo senil, al que nada más le faltaba babear ante las cámaras y micrófonos de los periodistas… miento, sí babeaba y toda la cosa. Total que fue tanta la presión sobre el juez de hierro, que igual que con Elba Esther, terminó desistiéndose de la causa, todo para que a bordo del avión que se llevaba a la piltrafa pinochetista para que pudiera morir en paz en su natal Chile, aquel recuperar las facultades mentales, hasta se paró de la silla de ruedas, y casi se nos muere… pero de tanto carcajearse de Garzón, de la policía española y de toda la madre patria, pues al general no le dolía ni una muela.

Así suelen ser los criminales, confesos y convictos, unos verdaderos actores, que dejan a los de Hollywood como meros aficionados de una puesta en escena escolar. El caso más reciente lo tuvimos en Emilio Lozoya, quien cuando lo trajeron extraditado de España y antes de ingresarlo al reclusorio, salió con que tenía una apendicitis, diabetes y un montón de padecimientos que hacían temer que no sobreviviera la primera noche en prisión, de veras que sí, así lo dijeron. Tan fue así, que entre la fiscalía y el juez acordaron que siguiera el proceso en su contra, quizá el más importante caso judicial de todo el sexenio, en libertad, desde su domicilio. Todo hubiera seguido en santa paz, se hubiera acabado la administración de López Obrador y Lozoya no habría cumplido con señalar a ningún corrupto y ninguna corruptela, de no ser porque llegó una periodista… nunca falta alguien del gremio ¡caray!, Lourdes Mendoza, quien se lo topó en un pomadoso restorán de comida china recetándose tremendo pato laqueado. Ya sabrá, ardió Troya, o bueno, Iztapalapa, y y metieron a Emilio en chirona, a ver si así soltaba la sopa… misma que sigue sin aventar.

Todo este larguísimo recorrido por la clase política metida en criminal, viene a cuento porque nos topamos con una noticia que nos pareció casi increíble, una propuesta de la Auditoría Superior del Estado, la de aquí de Coahuila porque cada estado tiene la suya, creemos, en la que pedía a los integrantes de la legislatura al congreso estatal que se autorice “un mecanismo de protección de los derechos humanos al revisar los poderes e instituciones públicas estatales y municipales a ser fiscalizadas”, que se nos antoja de lo  más enredado que hemos escuchado en materia burocrática en mucho tiempo.

A leer la explicación de plano no entendimos si lo que quiere la auditoría, que por lo demás se caracteriza por su casi imbatible falta de resultados concretos, es proteger los derechos humanos de los que ejercen los recursos públicos como si se tratara de su cuenta de gastos personal, o si por el contrario, lo que pretenden es que la afectación a las arcas gubernamentales pudiera catalogarse como una falta o atentado, o lo que sea, a los derechos humanos de los ciudadanos, que dejan de percibir un beneficio, un servicio o un producto en la cantidad y la calidad adecuada, todo porque algún servidor público con las uñas particularmente largas y la consciencia particularmente impermeable, se sirvieron con una cuchara que ni siquiera tenían permiso de tocar.

Si se trata de lo primero nos parece de escándalo. Ponerse del lado de los malversadores de fondos públicos, para que durante las auditorías se les trate con pincitas, se nos hace exagerado. De por sí que los auditores, con todo lo temido que suelen ser, también son cuidadosos de no enemistarse con alguien de gobierno que ante todo goza de la presunción de inocencia, hasta que no se demuestre que se chispó esto, aquello o lo de más allá.

Ahora que si se trata de lo segundo… si un funcionario de la Secretaría que sea, Educación, Salud, Cultura, Desarrollo Rural, mete una factura por unos chilaquiles rojos, cuando no se los comió, o por un equipo que no se compró, o un contrato de servicios que no se prestaron, ¿los derechos humanos de quién se afectan?, en esencia los de todos los coahuilenses, si es el estado, o los habitantes del municipio del que se trate, pero… ahora demuéstrelo… y si lo logra, construya un caso en el que se demuestre que a Juanito, Pedrito o Enriquito los afectaron, se nos hace en chino.

Marrulleros como son los fulanos que suelen cometer tropelías contra el erario, imagínese su defensa, sentimental, lacrimosa, convincente, ¿y cuándo se quejen de que los fiscalizadores fueron los que violentaron sus derechos humanos, ¿qué van a hacer en esos casos? Sería de risa loca, si no fuera tan ridículamente serio.


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