Ciudad de México, 26/01/26 (Más).- A casi medio siglo de haber sido instaurados con el objetivo de abrir la representación política en México, los diputados plurinominales enfrentan una nueva amenaza de desaparición.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha impulsado una reforma electoral que plantea eliminar las curules de representación proporcional, lo que ha reavivado el debate sobre el papel de estos escaños que han permitido conformar un Congreso más plural frente al dominio de los grandes partidos.
Según información publicada por El País, esta figura nació en 1977 con la incorporación de 100 diputados plurinominales, y desde 1986 el número se incrementó a 200. Desde entonces, diferentes gobiernos –del PRI, PAN y ahora Morena– han propuesto su eliminación, especialmente cuando detentan la mayoría, pero han defendido su permanencia cuando pasan a la oposición.
El nuevo intento de reforma revivió posturas encontradas: mientras Morena asegura que busca optimizar el funcionamiento legislativo y reducir costos, la oposición advierte que esta medida debilitaría la democracia y cerraría espacios a la representación de las minorías.
Los plurinominales han sido clave para construir la diversidad política del Congreso mexicano, al permitir el ingreso de fuerzas emergentes y de figuras clave que, de otra forma, no alcanzarían una curul.
En el pasado, esta vía permitió la llegada de voces de izquierda, como Pablo Gómez, quien irónicamente hoy promueve su extinción. También ha sido una fórmula recurrente para colocar a perfiles fuertes de cada partido sin someterlos al voto directo en distritos, como ocurrió con Marcelo Ebrard, Citlalli Hernández, Adán Augusto López, Gerardo Fernández Noroña, o el propio Ricardo Monreal.

De hecho, líderes partidistas como Alejandro Moreno (PRI), Manuel Velasco (PVEM) y Ricardo Anaya (PAN) han ocupado en múltiples ocasiones cargos legislativos mediante listas plurinominales. El caso más representativo es el de Alberto Anaya, dirigente del Partido del Trabajo, quien ha sido legislador por esta vía en siete ocasiones desde 1988, sin haber sido nunca electo de forma directa.
Desde 2009, distintos partidos han intentado reducir o eliminar los plurinominales. El PAN propuso en ese año disminuir su número a 160, y en 2012 planteó suprimirlos del Senado. En 2017, el PRI impulsó una reforma para eliminar los senadores de lista nacional y reducir los diputados plurinominales a 100, sin éxito.
Actualmente, los partidos elaboran listas en las que colocan a sus perfiles prioritarios, que acceden a una curul si su partido alcanza cierto porcentaje de votación. Esta fórmula permite asegurar presencia legislativa incluso ante derrotas electorales directas, pero también ha sido criticada por permitir que políticos permanezcan largos periodos en el poder sin someterse al voto directo.
La posible eliminación de esta figura legislativa marca un punto de inflexión. Sus defensores sostienen que desaparecerlos debilitaría el equilibrio de poderes y limitaría la representación de la diversidad política. Quienes promueven su fin argumentan que es una medida necesaria para eficientar al Congreso y depurar prácticas que privilegian a las cúpulas partidistas.
Mientras el debate avanza en el terreno legislativo, el futuro de los plurinominales se define en un contexto político en el que la mayoría en el Congreso podría inclinar la balanza, dejando en manos de quienes hoy tienen el poder la continuidad o extinción de una de las piezas clave del sistema representativo mexicano.
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