Por Enrique Abasolo
Tuve la oportunidad de ver a algunos opinólogos y comunicadores gringos celebrar la respuesta con que nuestra mandataria, la doctora Ivermectina, encaró los pronunciamientos del esperpento naranja y próximo Presidente de los Yunaites, sobre renombrar al Golfo de México como “Gulf of America”.
Incluso, gracias a la I.A. pudimos escuchar a la gerenta de la 4T hablando en un inglés articulado y fluido (recordemos que los gringos aborrecen leer subtítulos). ¡Qué lástima que al viejito acedo de Tepetitán nadie se tomó la molestia de doblarlo (aparte de Trump, digo), para escucharlo hablar en otra lengua! Pero es que, en primer lugar, nunca dijo nada interesante (algunos chistes locales quizás, pero ninguna joya humorística que librara bien la barrera del idioma); y en segundo, la inteligencia artificial cuesta cada segundo, por lo que traducir sus verborreas catatónicas habría resultado “carítsimo”.
Y es que a los detractores del depravado magnate allá en su país, les cayó de perlas que “doña Shein” lo refutara, porque cuando andamos escasos de alguien que nos dé la razón, se agradece el respaldo venga de quien venga.
Es imposible o poco menos que el consenso internacional acepte la imposición de un nuevo nombre para un punto de la geografía terrestre nomás porque se le hincharon las ganas al Commander in Chief, a quien quizás le convendría aprender un poco sobre lo ocurrido en el municipio de Tultitlán, en el Estado de México, en donde los vecinos rechazaron enérgicamente el súbito cambio al que el Ayuntamiento quiso forzar la nomenclatura de sus calles.
Los habitantes del sector El Paraje y Fimesa se despertaron con la novedad de que ahora vivían en la orgullosa Colonia Cuarta Transformación y que las calles que hasta un día antes se llamaban Fresnos, Copal o Colorín, habían sido rebautizadas en honor a los programas del sexenio anterior e incluso, como algunas de las frases más conocidas del expresidente y líder del movimiento morenista.
Las nuevas “vialidades” (es un decir, porque ni asfalto hay) recibieron nombres como Calle Tren Maya, Calle Tandas del Bienestar, Calle Refinería Olmeca, Calle Sembrando Vida, Calle Soberanía Energética, Calle Justicia en Pasta de Conchos (wtf!).
Otras fueron: Internet Para Todos, IMSS Bienestar, Súper Farmacia, Banco del Bienestar, Revolución de las Conciencias.
Parque Lago de Texcoco, Aeropuerto de Tulum, Reforma Laboral, Reforma Judicial, Mexicana de Aviación, Guardia Nacional.
Le juro que no sé si reírme o repetir “ruega por nosotros” después de escuchar cada una de las nuevas designaciones (no vaya a ser que me quede sin bolo y tamales).
Las colonias “afectadas” por el capricho de la hoy ex alcaldesa, Elena García, no tendrán todos los servicios básicos, pero eso sí, estrenaron señalamientos y nomenclaturas en cada cruce para que propios y extraños supieran en todo momento que estaban en territorio morenista (aunque con la carencia de cinta asfáltica bastaba saber que gobernaba Morena).
Bien poco duró el gusto ya que los propios vecinos se encargaron de derribar el nuevo equipamiento urbano, no sin un altercado de por medio con elementos de seguridad municipal que estaban allí para proteger el gesto lisonjero de la ex alcaldesa.
Pero por difícil que le pueda resultar a un chairo de entender, el rechazo de los vecinos no estaba motivado en las posturas políticas o la ideología.
Es tan sencillo que, tratándose de barrios populares (no se atreverían a hacer esto mismo en un sector de clase media o media alta), el cambio obliga a los vecinos a poner al corriente toda su papelería, que puede ser desde su simple registro ante el INE, como todo lo relacionado con su trabajo o prestaciones sociales.
O simplemente, pongámonos en el lugar de alguien que lleva años tratando de escriturar su casa o terreno, para que venga una alcaldesa de cuarta con su afán zalamero y nos obligue a volver a iniciar las gestiones ante el registro público. Lo que para muchos de nosotros sería una real molestia, para la gente más modesta –como es el caso– representa un verdadero perjuicio en su patrimonio, planes y calidad de vida.
Así que sin arengas, ni discursos, ni ofrecer razones históricas, los vecinos salieron en defensa de los legítimos nombres de sus calles, para que ninguna ideología se imponga sobre lo que es justo, correcto y pragmático.
Y ya le digo: Trump puede conseguir que al interior de su país, el Golfo de México reciba el nombre que mejor les acomode. ¡Y qué! ¿Realmente importa si el pinche gringo loco le quiere dar demagogia a su base de electores? ¡Si para eso lo votaron! ¡Son puros rednecks! (¿Qué esos no jugaban en Washington? –¡No, menso! ¡Esos eran Redskins!).
Por eso sostengo que salir a refutar lo que de entrada es un mero despropósito puede resultar en apariencia la gallarda defensa de una causa justa, pero es sólo montarse al mismo tren demagógico para que los ciudadanos crean que están defendiendo su interés.
Al final ese pleito diplomático con alguien que ni siquiera es presidente todavía me parece incluso coreografiado, pues permite a ambos explotar ese imbécil sentimiento nacionalista que es la base ideológica de sus respectivos movimientos. Lo que sea, antes que enfrentar los problemas reales.
Que muy a propósito de problemas reales, esos comenzarán para nuestra presidenta Adjunta apenas este lunes, sin falta.
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