Por Horacio Cárdenas Zardoni
La verdad que se ha notado la diferencia en el estilo de mangonear Aguas de Saltillo entre el anterior director, Jordi Bosch, y el que llegó hace ¿qué es, ya como un año?. a sucederlo, Iván José Vicente. A lo mejor se trata solo del estilo de cada quien, lo que en política llamaba Luis Echeverría Álvarez el estilo personal de gobernar, en este caso, IP transnacional, sería la manera muy particular de cada administrador de llevar la empresa subsidiaria que le toca, con las aristas que seguramente debe tener una instalada en México, que además tiene un carácter bipartita con el gobierno municipal, que para acabarla de complicar, cambia cada tres años, y necesariamente las relaciones con los gobernantes se han de actualizar, y conste que hasta aquí no hemos dicho nada de la relación con los usuarios, que además, dizque son dueños de la parte municipal del negocio… manque no les guste que se los recordemos.
No es que el anterior fuera mejor que el actual, a pesar de los cambios que se han registrado allá en la matriz, que originalmente era española, o bueno, barcelonesa, y ahora parece que es francesa, sin que hayamos nosotros acá en nuestra lejanía serrana, recibido una comunicación oficial de que esto y cómo nos afectaría, pero para los efectos de una o de otra, los administradores no dejan de dar la impresión de estar cortados con la misma tijera, en cuanto a proteger los intereses de la matriz, y esto es sospecha nuestra, ¿qué le vamos a hacer?, así somos de mal pensados, a costa de los usuarios, y no nada más aquí, donde sea que operen con un bien tan importante y cada vez más escaso, como lo es el agua.
El asunto es que mientras que Jordi sí hablaba de la necesidad de cuidar el uso que le dábamos nosotros los ciudadanos al recurso, Iván se ha especializado en ponernos siempre de punta con sus reportes de que el agua se está acabando, de que no alcanza, y sobre todo a últimas fechas, que la que cae, no es suficiente para recargar los mantos acuíferos.
Y allí es donde entramos en contradicciones sospechosas. Porque ponga que efectivamente, nosotros que nos hemos pegado unas mojadas y unas inundadas de antología, que tenemos goteras en los techos y hasta en los pisos, ahora resulta que esa agua no pinta para garantizar la recarga de esos mismos mantos que se ha reportado que están sobreexplotados por la misma empresa que, según ella ha solicitado la ampliación del permiso para sacarla del subsuelo a la CONAGUA, como si esto fuera lo único importante, hasta ahorita están en falta y lo que les preocupa es la parte burocrática, que la autoridad podría en un momento dado llegar a sancionarlos, no se ocupan de lo que importa de veras, que es que por sobreexplotar, se pierde calidad del líquido, y este tiende a acabarse, más que a tener un uso equilibrado o incluso a reponerse, de esto nada.
Para quienes han visto los ríos de agua que bajan por J. Mery, por Antonio Cárdenas, por Abasolo, por Venustiano Carranza, por Hidalgo, Urdiñola y otras calles y avenidas, para los que ven los espejos de agua que se crean en los bulevares del norte, que permanecerían por días, de no ser porque llegan los bomberos con equipo para desalojarla, no nos cabe en la cabeza eso de que el agua no es suficiente.
Al corte de la semana pasada, según Iván Vicente, estaría faltando todavía un tercio del volumen de precipitación, para que se pudiera decir que ya ha llovido lo necesario para recargar los mantos acuíferos para reponer lo que se ha extraído con permiso… y queremos creer que también lo que se ha sacado sin él. Aceptando sin conceder que sea eso cierto, es un tema sobre el que no podemos hacer nada.
¿O qué, se imaginan los españoles que uno acá, tiene contacto con Tlaloc, con una danza, una oración en el lecho de un arroyo o un e-mail para pedirle que nos complete la cuota anual?, ya después de esa advertencia de que no estamos completando es que viene el exhorto a los ciudadanos a cuidar el agua, porque si no lo hacemos, corremos el riesgo de que se acabe, imagínese, la sobreexplotación no autorizada más nosotros que la tiramos alegremente, pues no, no hay manto acuífero que aguante.
En mi opinión nos siguen dando un trato a nivel comunicación social tan despectivo y denigrante como cuando uno acude a quejarse de que le están cobrando demasiado en el recibo, en cuanto a eso el estilito no ha cambiado en todos estos años. lo que necesitamos los saltillenses es información, puntual y cierta, comprobable hasta donde sea posible sin meterse a las cavernas de los mantos acuíferos, y ya que vemos tanta agua correr y estancarse, pues oiga, que hagan algo para que corra hacia donde se pueda usar para recargarlos, y no a perderse en algún arroyo que va a dar a quien sabe dónde.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
