Carrizalillo, Guerrero, 19/06/25 (Más). – La muerte de Silvia, una mujer de unos 30 años, ocurrida el pasado martes tras sufrir un agudo dolor abdominal, ha reactivado la preocupación de los habitantes del ejido Carrizalillo por las secuelas en la salud comunitaria derivadas de dos décadas de explotación minera. Silvia fue trasladada de madrugada al Hospital General Raymundo Abarca Alarcón, en Chilpancingo, donde falleció horas después por un probable tumor estomacal del que no tenía conocimiento.
De acuerdo con la médica Nancy Olivia Guzmán, una de los tres doctores que trabajan en la Casa de Salud del ejido, el fallecimiento de Silvia podría estar relacionado con enfermedades asociadas a la contaminación provocada por la actividad minera en la zona. “Atendimos varias veces a Silvia por su diabetes, pero esta vez fue diferente, llegó gritando de dolor”, relató Guzmán.
El deceso de Silvia ocurrió mientras el Comisariado Ejidal de Carrizalillo mantenía un plantón en una de las casetas de la minera canadiense Equinox Gold, cuyo objetivo es forzar la negociación de un nuevo convenio de explotación o el inicio del proceso de cierre de operaciones. La empresa se ha negado a aceptar la propuesta de renta de tierras que fue presentada por los ejidatarios.
José Luis Rodríguez Saldaña, presidente del Comisariado Ejidal, expresó su sorpresa al enterarse de la muerte de Silvia y ordenó de inmediato el envío de la ambulancia para trasladar su cuerpo de regreso al pueblo. La Casa de Salud, que en el pasado operaba con apoyo económico de la empresa minera y del ejido, actualmente depende en su totalidad de las reservas del Comisariado.
La médica Guzmán advirtió que, sin los fondos que antes proveía Equinox Gold, el centro de salud enfrenta un futuro incierto. “Podríamos cubrir bien tres meses más, pero no seis ni un año”, explicó. Añadió que cada mes se destinaban hasta 700 mil pesos en medicamentos, de los cuales la minera aportaba 200 mil. Actualmente, no están comprando todos los medicamentos y han suspendido la adquisición de tratamientos para enfermedades crónicas.
Entre las enfermedades más comunes en Carrizalillo están las respiratorias, dérmicas y oculares. “Una tos debería durar una semana, pero aquí los pacientes duran hasta tres meses”, dijo la doctora. También señaló el elevado costo de los tratamientos, como las ampolletas para nebulizar, que alcanzan los 600 pesos por unidad.
El centro de salud atiende entre 10 y 20 personas por día, subsidia en 50% los medicamentos y los entrega de forma gratuita a quienes no pueden pagarlos. Actualmente, el personal médico y administrativo trabaja sin sueldo desde que finalizó el convenio con la minera.
El caso de Silvia se suma a un historial de afectaciones. Una de las primeras muertes vinculadas con la minería fue la de Sofía Peña Figueroa, quien falleció en 2010 tras trabajar con cianuro en el laboratorio de la empresa. Según testigos, murió tras dos días de vómitos y convulsiones, y tres meses sin comer. Su historia fue documentada por periodistas en un reportaje publicado hace más de una década.
La médica Guzmán señaló que ya se han registrado otras dos muertes recientes por cáncer en la comunidad, también atribuibles a la exposición a contaminantes. Indicó que los informes semestrales sobre calidad ambiental que entrega la empresa siempre muestran niveles bajos de toxicidad, pero considera que están manipulados.
“Todo el polvo tiene un grado de contaminación”, afirmó. A ella misma le fue diagnosticado un embarazo pretérmino, y su hija nació antes de las 37 semanas. “Esto también pasa con otras mujeres en el pueblo, incluidas las pérdidas fetales”, agregó.
En la comunidad se han documentado casos de anemias severas, malformaciones genéticas y diagnósticos de síndrome de Down. Didecsi Robles, madre de cinco hijos, relató que su hijo menor, de tres años, nació con múltiples afecciones. Iris Peña, otra habitante, explicó que su hija mayor padece anemia eritropoyética, una condición que requiere tratamientos constantes en el Instituto Nacional de Pediatría en la Ciudad de México.
Ambas mujeres coinciden en que sus esposos trabajaban para la empresa minera y fueron despedidos durante el actual conflicto. La explotación minera a cielo abierto, junto con la cercanía de los patios de lixiviado al área habitacional, son señalados por la comunidad como responsables directos de los problemas de salud que padecen.
Los habitantes de Carrizalillo enfrentan ahora las consecuencias de la contaminación sin apoyo institucional ni el respaldo de la empresa. El campamento del plantón se ha transformado en una extensión del pueblo y, en ese espacio, el personal médico sigue atendiendo, ahora desde una carpa. La etapa que comienza, coinciden, será aún más difícil.
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