Por Horacio Cárdenas Zardoni
La nota la pescamos del Siglo de Torreón: como parte de las acciones llevadas a cabo dentro del programa Mejora del gobierno del estado de Coahuila, y en coordinación con organismos de la sociedad civil, Manolo Jiménez, secretario de Inclusión y Desarrollo Social de la administración estatal, hizo entrega de varias bicicletas en el área rural del municipio de Francisco I. Madero. Y abundaba, fue en el Ejido maderense de La Pinta donde se hizo la entrega de parte de las quinientas bicicletas que comprenden este programa, en el que participan además del gobierno estatal, el Banco Internacional de Alimentos y la fundación Woldvision, y que está orientado en esta fase a apoyar a las familias que por vivir alejadas de las zonas urbanas, requieren de un medio de transporte seguro y económico. Particularmente se está pensando en niños y niñas que para ir a la escuela tienen que recorrer grandes distancias todos los días, lo que ha sido causa tradicional para que abandonen sus estudios, al no encontrar otro medio confiable de transportarse.
La nota es interesante por muchos conceptos. Primero porque el programa Mejora cubre una gran diversidad de problemas y soluciones, segundo porque involucra a organizaciones de la sociedad civil, que lo mismo apoyan con conocimiento de cómo hacer las cosas, que con dinero para que no se queden en el puro proyecto, y finalmente, porque son soluciones concretas a situaciones que vive la gente.
Pero lo que nos interesa particularmente es lo de la bicicleta. La bicicleta como parte de la vida de las personas, como herramienta para conseguir metas educativas o para el desempeño laboral, sin requerir de soluciones mucho más costosas, para las que nunca hay dinero suficiente, hablamos de transporte público en forma de camiones, o automóviles o camionetas particulares, nada baratos en sí mismos, y que además requieren un gasto constante y siempre creciente de combustible, por no hablar de las refacciones, que equivalen a comprar otro vehículo igual.
Transportándonos del difícil medio rural de Coahuila a la ciudad de Saltillo, con problemas de movilidad que son lo opuesto a lo que se vive en Madero y todos los municipios, se nos ocurre preguntarnos ¿y no será posible dar la misma solución al problema del transporte de personas en el campo que en las áreas urbanas?
Estamos pensando en varias cosas. Para quienes se levantan temprano y andan en la calle a las 6:30, es una cosa hasta de terror el ver lo que se conoce en Saltillo como el convoy de la muerte. Son cientos de camiones dedicados al transporte de personal que se adueñan de la carretera 57, desde los parques industriales de Ramos Arizpe hasta Saltillo, y de allí se distribuyen por las distintas avenidas y calles por distintas rutas llevando trabajadores que terminan su turno, y recogiendo otros que apenas van a comenzar. La misma escena se repite a medio día y por la tarde, con la diferencia que mientras que en la madrugada van como alma que lleva el diablo, en los otros horarios tienen que ajustarse al tráfico citadino que por lo demás, es imposible, y al que contribuyen no con su granito, sino con toneladas de arena con un manejo más que ofensivo, peligroso.
¿le sería demasiado esfuerzo a un trabajador, recorrer diez, quince, veinte kilómetros de ida y otros de regreso a su empresa utilizando una bicicleta?, como siempre y en todo, habrá quien diga que sí, habrá quien diga que no.
Desde luego hay gente que se duerme en el camión, así completa sus horas, también hay empleos en los que es mucho el esfuerzo físico que se les exige, pero son cada vez menos. La realidad es que a muchos, operarios supervisores y mandos, les vendría bien el ejercicio físico antes y después de concluir su jornada laboral, pero además, tasándolo en minutos y horas, entre el tiempo que ahora tienen que esperar para tomar el camión y moverse de su domicilio hasta donde lo toman, ese tiempo invertido en el traslado hacia la fábrica, saldrían más o menos tablas.
Claro, aquí en Saltillo está planteado como un gran objetivo a mediano plazo, que debería ser ya pero no se puede, de contar con un transporte intermunicipal aprovechando las vías del ferrocarril, un tren suburbano que llevara a los trabajadores a la empresa y los regresara a la ciudad. Suena bien, pero es un proyecto que no tiene nada de barato, el gobierno no tiene dinero para financiarlo, a la iniciativa privada no le interesa ni como negocio su operación, ni para facilitar el traslado de empleados, ¿entonces?, pues no tiene para cuando, pero ¿y si usáramos las vías para llegar a las fábricas?
¿En qué nos basamos para este planteamiento descabellado?, en dos observaciones. En muchos lugares de los Estados Unidos las vías abandonadas se han convertido en ciclovías, muchos las toman como paseo, cuando son en las áreas rurales, y ya en las urbanas, como calles exclusivas, donde no corren el riesgo de ser atropellados por un carro o camión. Esa es una bastante interesante de la cual hay cientos de ejemplos en los alrededores de las ciudades norteamericanas. Pero hay otra mucho más local, nos tocó ver en la ciudad de México cómo, en los carriles exclusivos del Metrobús, la gente viajando en bicicleta aprovechaba que por allí no circulan carros. Y se preguntará usted lo mismo que nosotros ¿y cuando viene un camión qué?, pues cuando viene un camión, uno cada cinco o diez minutos, la gente se quita, se sube a la banqueta, se acomoda donde sea, y ya, pasa el camión y a seguir pedaleando. ¿Es esto práctico?, eso no importa, estamos en México y lo vimos en operación, quedando más que sorprendidos de lo que como pueblo somos capaces de hacer.
Con estos antecedentes: que el tráfico cada vez está peor, que no se construirá pronto el coahuilteca, que las empresas requieren gente descansada, sana y a tiempo para trabajar, es que sugerimos voltear a ver lo del programa del gobierno estatal, aunque este se haya orientado hasta el momento al área rural.
Claro, no se trata de repetir el error de las ciclovías a fuerzas, que tantos dolores de cabeza ha causado y sigue causando no solo a los políticos sino a los ciudadanos. Se trata de crear algo verdaderamente funcional, como lo que le comentamos, usar las vías del tren para llegar a las empresas, ahora sí que por atrás, usando la ruta que se pretende para el tren suburbano, pero sin tren, con bicis.
Fíjese la simpleza que vamos a decir, afortunados los niños y Francisco I. Madero que no tienen que reformar las vialidades para poder usar las bicicletas, como sí tiene que hacerse en las ciudades. Allá todo el camino de tierra es de ellos, solo cuando viene una camioneta o un camión, como los chilangos, se hacen a un lado para dejar pasar, y a retomar el ritmo.
¿Se imagina un río de miles de bicicletas en vez del convoy de la muerte?, como dicen los memes, no sé, piénselo.
Algunos ya lo pensaron en chiquito, habrá que pensarlo en grande.
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