Por Horacio Cárdenas Zardoni
Podríamos preguntarle a cualquier ciudadano coahuilense, no necesariamente parrense, ni siquiera habitante de la región sureste, sino de cualquier otra latitud, ¿cuándo fue la primera ocasión en la que escuchó hablar del conflicto por el agua entre la empresa Casa Madero y los ejidatarios de Parras de la Fuente?
La respuesta puede ser sorprendentemente preocupante. El conflicto tiene no años, sino décadas, y cada quien, sobre todo la gente que lee periódicos o que está pendiente de las noticias que se divulgan por cualquier medio electrónico de comunicación, se enteró de que existe esa situación de enfrentamiento se enteró en algún momento de su vida, y bueno, que de entonces para acá, no ha habido un cambio significativo en la correlación de fuerzas, entre unos y otros.
Desde luego que en ese asunto que ya se ha dado en llamar la guerra del agua, existe un fuerte componente político, que debe remontarse por lo menos a la época de la revolución mexicana, o bueno, cuando esta terminó y se pretendió hacer el reparto agrario, con su correspondiente repartición de las aguas, que por aquellos tiempos adquirieron el apellido de nacionales.
Sería interesante hacer un estudio histórico de cómo eran las cosas antes de la revolución en Parras de la Fuente. El pueblo tiene unos cuatrocientos años de existencia, y de dedicarse, entre otras cosas, a la fabricación de vinos y la producción agrícola, buena parte de ese tiempo. Es sencillo pensar que esa época funcionó como hacienda, quizá como parte del marquesado de Aguayo o del latifundio de los Sánchez Navarro. ¿cómo andaban las cosas en aquel momento?
Bueno pues por principio de cuentas, había un número sustancialmente menor de habitantes, probablemente una décima de los que se contabilizan ahorita, que no llega a los cincuenta mil. En la zona la tierra es fértil, y en el valle de Parras, con los volúmenes de agua, es razonable pensar que alcanzaba para la subsistencia, para la producción de alimentos, y lo que se convirtió en la actividad más productiva, la fabricación de vino, ah y por supuesto el cultivo de la nuez, que podríamos llamar de especialización y comparativamente mayor costo, aunque también ganancia.
¿Cuándo dejó de ser el agua de Parras suficiente y sobrada para las necesidades de la población, la agricultura y la industria?, difícil de decir. Durante generaciones fue agua rodada la que servía para todo, y cuando esta comenzó a escasear, se perforaron pozos, que llegaron a mantos que nunca habían sido explotados, con lo que la disponibilidad debió seguir siendo amplia, aunque ya no tan barata como solo tomarla de la acequia.
Nos ubicamos entonces en la época posrevolucionaria, cuando se crearon los ejidos y se les concedieron derechos sobre el agua, después de eso, no pasó mucho tiempo para que comenzaran las rispideces con los antiguos terratenientes, que no solo consideraban la tierra suya, sino también todo lo que hubiera por debajo y por arriba, cincuenta kilómetros en ambos sentidos, incluyendo obviamente el agua de manera preponderante.
Pero pareciera que el destino es cruel, cada quien tendrá ejemplos suficientes de esto, pero hablando de la guerra del agua en Parras… por un lado tenemos un aumento exponencial de la población en un siglo, tenemos que aunque en menor medida que en otros sitios, se ha dejado sentir una fuerte sequía en las últimas décadas, lo que ha significado una menor disponibilidad de líquido para todos, llueve menos, baja menos por la acequia, hay que perforar más hondo para sacarla, y del otro lado… como los vinos de Parras se han vuelto famosos por su calidad, sabor y quien sabe qué otras cosas que les ganan medallitas en los concursos, también ha crecido mucho el requerimiento de agua para regar los cada vez más, y más extensos viñedos.
Son tres circunstancias que operan en sentido contrario, presionando en un solo punto, el agua que hay o no hay para lo que se necesita.
Respondiendo la pregunta inicial, nosotros escuchamos por primera vez que había ciertos problemas en torno al agua de Parras hace unos treinta años. Ya se venía arrastrando, pero en algún momento hizo crisis por allá en la década de los noventa, y de entonces para acá… ¿Alguien nos podría asegurar que la relación entre las partes en conflicto, los ejidatarios y los empresarios de Casa Madero, para no meternos con los otros, que con razón, guardan un bajo perfil, para que no les llueva como a la que presume de ser la más antigua del universo, o algo por el estilo.
La semana pasada hubo el enésimo enfrentamiento, donde salieron a relucir armas largas… que portaban los guardias de la empresa, que al parecer vive en un régimen de excepción, nada de exclusividades para el ejército y cosas así, ¿o tanto es el temor que les roben unas uvitas? Para nosotros esta es una señal clara que no ha habido avance.
Alegan lo mismo de siempre: yo tengo papeles, yo también tengo papeles, nada más que curiosamente no son los mismos. Los de cada quien, benefician a cada quien, y por demás decir que son inconciliables.
Bueno, pues aquí estamos, las cosas no pintan para mejorar, y sí para empeorar, ¿y quien se apunta para arreglarlas?, no vemos a nadie con cara de héroe.
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