Horacio Cárdenas Zardoni
De Jericó Abramo Masso podrán decirse muchas cosas, la mayoría de ellas no muy buenas que digamos, pero sí tenemos que aceptar que es el diputado federal más trabajador y productivo del estado de Coahuila, lo cual no equivale precisamente a que sea el que más logros haya tenido en lo estrictamente legislativo.
Recién los medios de comunicación comarcanos daban cuenta de la que sería la iniciativa de reforma número 104 presentada por el legislador coahuilense, una cifra apantalladora, en un medio en el que diputados federales van, diputados federales vienen, diputados federales permanecen y hacen roncha por décadas algunos, y no presentan más que una o dos iniciativa de algo, de lo que sea, más por callarles la boca a quienes los señalan por haber pasado por el congreso sin pena ni gloria, que porque realmente traigan algo en el buche, quieran significar un cambio a escala nacional, o ya muy de perdida, hacer como que representan a los electores de su distrito, por si luego regresan a pedirles el sufragio a favor de ellos para alguna otra aventura política.
No que las redacciones de los periódicos locales, o nacionales, lleven la cuenta de que Jericó lleva presentadas 104 iniciativas, sería curioso hacer un recuento de cuáles han sido y qué efecto han tenido, cuáles han sido leídas y votadas, y cuántas se han quedado en el camino. Pero a la hora que en la nota de prensa dice que es su iniciativa 104, es porque de su oficina llegó ese dato en concreto y que hay un interés porque se difunda, claro, sin abundar en el destino de cada una de ellas.
Y bueno, la iniciativa de Jericó Abramo en este caso que nos ocupa es una muy simpática, si es que la podemos calificar de esa manera. Lo que propone Jericó es que se modifiquen las leyes correspondientes a fin de que se haga obligatoria la creación y mantenimiento de paraderos para transporte de carga a lo largo de las carreteras nacionales, las de cuota y las públicas, espacios que sirvan tanto para el descanso de los choferes en sus larguísimas jornadas, como para brindarles seguridad de que no les va a suceder nada malo, durante el tiempo en el que permanezcan allí.
Siempre hemos dicho que Jericó tiene un alma de niño, cuando era alcalde le gustaba jugar a los policías y ladrones, y ahora de gente grande lo que le llama es el de indios y vaqueros. Porque ¿qué serían los famosos paraderos de Jericó?, pues algo así como los fuertes, que todavía podemos apreciar en las películas norteamericanas y los espagueti westerns italianos, o los presidios que hubo en el norte de México, cuando este llegaba hasta el Río Misisipi y más allá. En los filmes podemos ver cómo corren, casi vuelan s carretas tiradas por caballos, cómo entran como ráfaga por el portón del fuerte, cómo se cierra este, momento en el cual comienza una matazón de indígenas por parte de los soldados o habitantes del fuerte, que los masacran con sus rifles Winchester.
Y ponga que sí, en las películas y en la vida real, fueron muchas las vidas salvadas por el hecho de haber alcanzado a llegar al resguardo de un fuerte, probablemente fueron muchos más los que quedaron en el camino. Más o menos lo que ocurre ahora en las carreteras que atraviesan el territorio mexicano de frontera a frontera y de costa a costa, nada más que ahora no hay fuertes con representantes de la ley armados, como para disuadir a posibles atacantes. O sí los hay, en las carreteras de Nuevo León y otros estados hay cuarteles de Fuerza Civil, o como se llame en cada entidad, pero no son refugio para los ciudadanos en desbandada. Usted sabe, no van a rendir el fuerte por unos pobres cuates con mala suerte.
Pero para eso está Jericó, para promover los paraderos, pero ¿se habrá puesto a pensar en el tamaño que deberían tener estos espacios, para albergar la cantidad de tráileres que pernoctan en las carreteras? Si ha circulado recientemente por la carretera Monterrey Saltillo, de noche, verá la cantidad de vehículos estacionados defensa con defensa en una o dos filas, del lado izquierdo y derecho, para descansar un poco, antes de continuar su viaje, es muy peligroso para quienes no conocen la autopista o la carretera libre, el circular al lado de tanto tráiler, ahora que… en los alrededores de la caseta, no se nos ocurre un solo terreno de varias hectáreas donde pudiera ubicarse ese parador, con vigilancia, puerta, malla, cámaras, baños, todo. Quizá donde iba a estar la fábrica de Tesla… ajá, sí, la fábrica de Tesla…
Pero Jericó, con todo y que su idea sea emocionalmente fílmica, anda errado, lo que deberían ser seguros no son los paradores, sino las carreteras, de manera que cualquier vehículo pudiera detenerse en cualquier punto sin temor de ser asaltado, desvalijado, secuestrado o desaparecido. Sí, a nivel de película suena muy bien, hemos visto un montón de videos de traileros huyendo de maleantes, con distinta suerte. Pero insistimos, lo que deberían ser seguras son las carreteras, ¿cuáles?, todas, como todos y cada uno de los viajes que los recorran, a lo mejor para la iniciativa 157 lo considera.
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