Apuntes para el insomnio
Manuel Fragoso Álvarez
Hace algún tiempo cuando daba clase en una Prepa, los estudiantes tenían que realizar su servicio Social obligatorio. Para ello, a mis estudiantes les tocó impartir algunos cursos en diferentes escuelas primarias de la localidad una vez a la semana. Ellos tuvieron que preparar su clase, así como material didáctico y convertirse por dos horas a la semana en profesores de niños de cuarto, quinto y sexto grado de primaria. A la gran mayoría les pareció una grata experiencia, muchos de ellos se emocionaron por que los niños les mostraron su aprecio de distintas formas. En sí fue para la mayoría, una experiencia gratificante.
Algunos me comentaron que habían batallado, que los niños eran desordenados, que no les hacían caso, que eran inquietos y que algunos hasta los molestaban ¿Dónde he escuchado esto jajaja? Yo les digo que todos los chavos son iguales y así se comportan, así tengan nueve, diez, quince, veinte años y no importa el grado, primaria, secundaria, prepa, profesional. Lo importante es encontrar la estrategia adecuada para “hallarles el modo” para que esto funcione bien. Me preguntan que cómo le hago yo que, si nunca batallé, -por supuesto que batallé- pero le vas agarrando el hilo, el gusto, la forma y buscas la metodología adecuada para que se logren los objetivos deseados.
– ¿Le gusta ser profesor me preguntaban? –
Podría haber elegido otra profesión, de esas que entras a un horario, sales a tu hora, llegas a tu casa y te pones a descansar o ver la tele. Un profesor, sale de la escuela y apenas empieza la mitad de su trabajo, hay que llegar a casa, revisar tareas, libros, trabajos proyectos, planificar clase, semestre, objetivos y esto es casi todos los días. Aparte hay que lidiar con los chavos, sus padres, tu jefa de academia, la directora y el director, capacitarte cada semestre, llevar cursos de actualización y ser “modelo de conducta”.
Muchas veces se nos vendió la idea de que ser profesor era como “un apostolado”, o sea una entrega altruista y desinteresada, más yo considero que eso actualmente ha dejado de entenderse de esa forma, ser profesor es una profesión y los que nos dedicamos a esta sí noble carrera, somos profesionales de la educación (al menos la gran mayoría, no esos que roban, insultan, queman camiones y joden inocentes, como esos de la cente pues).
Dicen que para ser profesor debes tener vocación, aunque esta palabra tiene una connotación religiosa, puesto que vocare significa «llamado” en latín y originalmente, vocación era un llamado de Dios y pensar la tarea docente como mera vocación no es tal. Los buenos profesores, estudian, se preparan, se comprometen y están al día en los modelos educativos, pero sé de algunos que son prófugos de su “otra” profesión, que no la hicieron donde debían y buscaron otra alternativa, pero dan horas de quince minutos, cuando deberían de ser de sesenta, pasan a los estudiantes con notas que no merecen, o a veces simplemente dejan que sus “jefes” lo hagan por “moches” o por cuestiones políticas. Y les vale si sus estudiantes aprenden o no.
El buen profesor se preocupa por sus estudiantes, pero también se ocupa, dando asesorías, encargando tareas extra (que si revisa) hablando con sus padres, buscando alternativas diversas para que el estudiante pueda salir adelante. Lo he dicho cientos de veces, en casa los educan, el profesor trasmite conocimientos, los valores los proporcionan los padres, los conocimientos sus profesores. Es verdad que en algunos casos pasan más tiempo con nosotros sus profesores que con sus padres, nos cuentan sus cuitas, sus sueños, los truenes con las novias o novios, los malos entendidos con algunos otros profes, sus problemas reales o no y varios etcéteras más.
Ser profesor es vivir cada día con una dosis de ansiedad, pero también puedes rozar cada día el cielo con las manos, pues vivimos con pasión el descubrimiento que en cada clase hacen tus estudiantes.
Cada día, antes de explicar un tema debemos preguntarnos ¿Qué sentido tiene eso de lo que vamos a hablar, que impacto tiene en su vida de adolescentes? ¿Qué les vamos a aportar, qué esperamos conseguir? Yo luego me lanzo un reto: me tengo que divertir explicándolo, porque si no ellos y yo nos aburriríamos, imagínense, tengo tres décadas de ser profesor, cuántas y cuántas veces he repetido temas.
Yo amo lo que hago y sé que la gran mayoría de mis compañeros también, sé de su compromiso para con sus estudiantes y también sé que sufren cuando les va mal, no sé si es vocación o apostolado, lo que sí sé es que es un amor muy grande a esta profesión. Y lo sé de cierto, no sólo lo supongo.
¡Feliz día del Maestro!
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