Palabras Mayores

Libros de pretexto (I)

Por David Guillén Patiño

Al darse a conocer los nuevos libros de texto gratuitos para instrucción básica, lo que menos imaginé fue que su contenido se convertiría en epicentro de un intenso combate de carácter político electoral, no tanto educativo, pedagógico, social, cultural o ético, como se ha planteado.

Los ánimos escalaron y este asunto mediático fue llevado incluso al terreno jurídico, al menos en el caso del estado de Chihuahua, donde, luego de que un diputado local y padres de familia promovieron un amparo, un juez otorgó la suspensión de la entrega de dichas herramientas para educación elemental.

Lo mismo ocurrió en Guanajuato, donde la Unión Nacional de Padres de Familia fue quien consiguió el amparo. Por su parte, Jalisco, Nuevo León y Yucatán se sumaron a dicha medida.

En lo que respecta a Coahuila, el gobernador Miguel Ángel Riquelme Solís anunció el pasado miércoles que suspendería también la distribución de los libros, aunque no precisó si lo hará mediante amparo o “a la brava”.

Es de comprenderse el creciente malestar que priva en un amplio sector de la población, liderado por padres de familia y diversas organizaciones de la sociedad civil, ya que, efectivamente, los cientos de errores de toda índole en el contenido de los libros son evidentes, tanto como su carga ideológica.

Sin embargo, esta situación, resultado de un supuesto esfuerzo por mejorar la calidad educativa, no debiera extrañar a nadie, ya que el material de enseñanza que distribuye el Estado siempre ha tenido, lo mismo datos falsos, omisiones e información manipulada, que rasgos ideológicos diversos.

Quizá los más sorprendidos con los cambios de la Nueva Escuela Mexicana sean los propios docentes, a quienes, como siempre, no se les tomó en cuenta para modificar los contenidos, mismos que hasta hace poco permanecieron a la sombra de una innecesaria discrecionalidad.

De hecho, la mayor parte de los maestros sabían que en el ciclo escolar que está por comenzar trabajarían en función de campos formativos, en lugar de materias, pero sin tener claro hasta dónde se suprimirían o fusionarían las asignaturas habituales, de ahí que hasta ahora desconozcan cuáles serán las nuevas listas de útiles escolares que encargarán a los padres de familia.

En la práctica docente la incertidumbre es tal que los profesores aún se preguntan cuál de las reformas educativas es la que van a aplicar, o bien, cómo las seguirán conciliando, pues todavía en el ciclo anterior se estuvieron utilizando criterios y elementos de reformas atrasadas, como la promovida por Felipe Calderón, sobre todo en los grados superiores de primaria, por increíble que esto parezca.

Pero el mayor dilema que está por enfrentar el gremio magisterial tiene qué ver con el manejo de los temas relacionados con la ideología de género, acerca de lo cual el gobierno federal, por alguna razón, ha dicho casi nada.

Respecto de este tema, de orden moral y social, la cuestión es si los profesores acatarán totalmente los términos del nuevo modelo educativo o se abstendrán de hacerlo, en atención a la inconformidad de los padres de familia o tutores.

Será acaso que, debido a estos trastornos en el ejercicio magisterial, que el pasado 4 de agosto la dirigencia nacional del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) exigió que al sector educativo no se le convierta en campo de batalla político electoral.

Tratando de salvar la situación, Alfonso Cepeda Salas, líder nacional de la organización, apeló a la capacidad y experiencia del gremio para sortear los retos de la nueva era educativa que está por cristalizarse.

Anunció que el sindicato promoverá que, tanto para el co diseño del programa analítico, como para el uso de los libros y los diversos materiales educativos, los maestros empeñen su preparación, su experiencia profesional, la autonomía curricular y, algo muy importante: “la libertad de cátedra y el pensamiento crítico”.

Todo ello, sin soslayar el hecho de que “el debate crece también –dijo– porque hay sectores de opinión, grupos políticos y facciones ideológicas que pretenden usar la coyuntura para atacar al gobierno federal y posicionarse con miras a las próximas elecciones… La educación debe ser una auténtica política de Estado y de Nación, por encima de las disputas políticas y partidistas”.

Por lo demás, convengo con las demandas presentadas por el magisterio a través de un desplegado firmado por todas sus dirigencias seccionales, al menos en lo que se refiere a “que ninguna fuerza política, facción ideológica o grupo de interés pretenda convertir a la escuela y la educación públicas en el campo de sus disputas, asimismo, que dejen en paz y libre de sus violencias a la educación”.

Y, en efecto, falta mucho por hacer para la adecuada implementación de la denominada Nueva Escuela Mexicana, particularmente para el fortalecimiento y mejoramiento de la educación pública, de las escuelas, de los libros de texto y del conjunto de materiales y equipos para enriquecer el cotidiano encuentro educativo del magisterio y sus alumnos. A este respecto, hablaremos más adelante.

(davidguillenp@gmail.com).


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