Por Enrique Abasolo
La lucha ha sido encarnizada, si por lucha entendemos estar peleando en redes sociales y por encarnizada el elevar la calidad de los argumentos al consabido recordatorio maternal. Bueno, en realidad ya nadie se mienta la madre sabroso, como antaño, llenándose la boca con cada una de sus letras: “¡Oye, tú! ¡Sí, tú! ¡Vas y ch…s a toda tu rep…a madre!”.
Hoy los epítetos y denuestos son en cambio: ¡Maldito derechairo (o derefacho)! ¡Pinxhe morenaco! ¡Prianista vendido, ponte vitacilina! (¡ah, como les provoca orgasmos repetir eso del famoso ungüento!), o “Pejelovers”, pero en vez de Peje aluden al mote escatológico extra-oficial del Presidente.
Resulta obvio que, tratándonos con ese cariño, uno no va a escuchar las razones del otro. El diálogo es sencillamente estéril y es que, desde luego, no se trata ya de convencer al otro sino de humillarlo y aplastarlo, de ser posible, con el peso de sus propias afirmaciones.
Al final, ¿quién sale ganando de que nos enfrasquemos en ese horrendo, estéril, eterno e irreconciliable pique?
Citaré a Luis Carlos Ugalde, ex Presidente del Instituto Federal Electoral, hoy INE: “El populismo requiere pleito y polarización”.
Hace mucho que no leía tanta verdad concentrada. En menos de diez palabras Ugalde describió la fórmula del combustible que hace andar al populismo, que es la antesala de la autocracia, la hermana menor de la dictadura.
Y es que, en efecto, mientras un gobernante convenza a su base de que hay un enemigo ansioso de despojarlo de sus bienes (escasos), sus conquistas (nulas) y sus privilegios (raquíticos), dicha base estará más al pendiente de lo que haga ese “fabuloso enemigo imaginario” que de vigilar la forma en que procede su gobierno.
De hecho, como se supone que existe una amenaza decidida a acabar con nuestra forma de vida, cualquier acción que emprenda el gobierno estará más que justificada, no importa si es ilegal o viola algunas garantías individuales. El fin justifica todos los medios. Y por eso un día, la gente más fanática, ignorante y rabiosa del electorado gringo terminó asaltando el Capitolio, ‘cilindreada’ por la versión USA del caudillo bananero, Donald J. Trump.
De regreso a la consulta de revocación: Gracias al enorme poder que López Obrador concentra -institucional, mediático y de convocatoria- se salió con la suya y presionó al árbitro electoral -que de momento aún escapa a su control- para realizar su capricho de revocación y a la vez, persuadió a la sociedad -en realidad, sólo a sus indoctrinados- de la falsa dicotomía que estos comicios encierran. Es decir: “Si no te gusta el rumbo que lleva el gobierno, las políticas de esta administración o le perdiste la confianza al Presidente… ¿Quieres que deje el cargo a la mitad del sexenio?”.
Pues no… Aunque no me gusta el rumbo, ni las políticas y le perdí la confianza. ¿Quién dice que la única alternativa es hacer dimitir al Presidente? ¿Dónde dice que no hay otros mecanismos para presionar al Ejecutivo a corregir lo que está mal, a cumplir sus promesas y transparentar su administración?
¿Cuándo se volvió una disyuntiva de “es todo o es nada”, de “tómalo como viene sin chistar, sin protestar, sin reclamar, sin exigir, o entonces la alternativa es deponer al Presidente”?
Ese falso dilema, esa dicotomía falaz, sólo existe en el discurso del rey chiquito del Palacio Grande y en la mente de la llamada chairiza: “¡Te están dando la democrática oportunidad de decidir el rumbo del país y estás obligado a participar!”.
No es cierto, me están amagando con un escenario que, aunque es más que improbable, casi imposible -la posibilidad de deponer a AMLO-, es totalmente indeseable, por el cisma, la agitación, la desestabilidad y el gran vacío de poder que ello implicaría. Aunque, reitero, es sólo una farsa. Las posibilidades reales de deponer a un antidemócrata mitómano como AMLO, por la vía de la revocación, son de facto inexistentes.
Qué gracioso resulta escuchar los discursos encomiásticos de Claudia Sheinbaum, que dicen que sólo un gobernante valiente sometería su mandato a un proceso de revocación.
¡Pero qué puede tener de valiente convocar a un proceso cuando uno se sabe ampliamente respaldado por la mayoría del padrón de votantes! Valiente sería someter a consulta la permanencia del Fiscal de la República, o la de Manuel Bartlett al frente de la CFE.
Pero un gobernante, que no se cansa de presumir sus índices de popularidad -como argumentos ante los reclamos por sus omisiones- y que efectivamente goza de una anuencia popular sin parangón en la historia reciente y que aun así decide gastarse mil 500 millones de pesos en hacer una consulta para obtener un resultado que ya conoce, debe tener un motivo ulterior, mismo que ya hemos tratado de desentrañar y seguiremos haciéndolo.
Y una base de electores que aplaude rabiosa e incondicionalmente a López Obrador, participando activamente y haciendo proselitismo para refrendar un mandato que nadie ha buscado deponer, es en el más cándido de los casos, un ejercicio masturbatorio.
Es aguantar al Presidente con todo lo torpe, terco, autocrático, absolutista, megalómano y antidemocrático que es… o hacerlo saltar por la borda.
Repasando someramente la presencia de la muy democrática figura de revocación, la madre chairos contra fifíes, unos por legitimar, otros por desacreditar el inédito ejercicio de mañana llamado pomposamente de revocación de mandato
La población nacional se debate en medio de una gran incertidumbre sobre cómo es más prudente proceder este fin de semana frente a la consulta de revocación.
Me ha escrito un número poco habitual de lectores preguntándome al respecto, por lo que me siento más que obligado a hacer mi aportación en aras de que todos juntos, como mexicanos, superemos este entuerto de la mejor manera posible.
La pregunta que con mayor frecuencia me hacen es: “Estimado columnista, la autoridad aún no dice nada sobre si va a decretar ley seca el fin de semana de la revocación. ¿Cree que debo comprar más cheve para estar abastecido en caso de que las cosas se pongan difíciles?”.
Yo, como el profesor Cocoon, diría que sí. Mire, lo cierto es que hasta el momento no he visto yo un comunicado oficial de parte del gobierno de la malhadada 4t, sobre la posible suspensión de la venta de bebidas alcohólicas, deliciosas y refrescantes bebidas espirituosas, destiladas o fermentadas, que se resbalan por el gaznate llenándonos de optimismo y alegría de vivir, de autoconfianza y temeridad, tragos que nos vuelven atractivos y exitosos y a ellas irresistibles; bendito chupe que nos transportas a una tierra sin penurias y…
¡Perdón! ¿En qué estaba? Ah, sí, que no han dicho nada sobre imponer ley seca como suele ser desde 36 horas antes y durante un proceso electoral.
Mi teoría es que, dado que al Gobierno le urge legitimarse y legitimar esta farsa de la revocación con la mayor participación posible y, visto el desinterés y hasta el más militante repudio a este ejercicio, permitirán la venta libre de alcohol e incluso alentarán a la población a que se ponga hasta las manitas; quizás incluso subsidien el chupe viernes, sábado y domingo, con tal de que los ciudadanos se embriaguen como Calderón en quincena y ya punto pedos y por pura vacilada, les dé por participar o, quizás algunos, los más teporochos, se formen en la casilla pensando que son los baños del festival Pa’l Norte y se metan a hacer lo suyo, contándolo como voto (1 si es del 1 y 2 si es… pos…).
Yo de cualquier manera, le sugiero, no se confíe, tome sus previsiones, abastezca su refri y su cava. Y no comparta con nadie, no importa que no lo consuma. Practique su discolería más egoísta para el fin de los tiempos. Y si un grupo de pandilleros motociclistas postapocalípticos se reúne en su domicilio para tomar violentamente sus reservas, fortifique su domicilio, pelee y resista todo lo que pueda. Ya cuando sea inevitable la caída en manos del enemigo (va a pasar, tarde o temprano, necesariamente) haga volar todo en mil pedazos, inmolándose y destruyendo su amado chupe, porque antes muerto antes que ver cómo otros se lo beben.
Ya divagué otra vez, pero es lo único que puedo decirle a una ciudadanía que está más que convencida de no ir a votar, porque no ve razones para ello y es que no se le está demandando a Andrés Manuel López que renuncie, sino que se ponga trabajar un día completo por una canija vez en su vida y que cumpla las promesas que durante 18 años pregonó como su razón de ser.
Hablamos de la ciudadanía, porque, por otro lado, la militancia, sólo repite ad náuseam, igual que el carrito de: “el panadero con el pan”, las argumentaciones de AMLO y el andamiaje retórico que sus ideólogos le construyen para tratar de mantenerlo en pie. A saber:
-Que no es un derroche porque, de cualquier manera, el gasto de esta farsa ya estaba asignado al INE.
De igual manera, no quiere decir que ésta sea la manera más inteligente de ejercer mil 500 millones de pesos, materializando el macuspano capricho del rey chiquito del palacio grandote.
-Que es una oportunidad única-histórica de democracia, el poder remover o ratificar a un gobernante.
No lo es. Lo sería si este ejercicio se diera por demanda de los ciudadanos, no a iniciativa de un gobernante que se sabe de sobra legitimado por el voto. Con poca o mucha participación AMLO tiene ganado su referéndum del domingo, al igual que la elección del 2018. Pero es que nadie ha puesto a discusión su permanencia en la silla, salvo él. Lo que se le reclama a diario son sus omisiones, sus reiteradas violaciones a la ley, la protección a subordinados señalados de corrupción, su ausencia de proyecto, su mitomanía y compulsión por difamar, su intolerancia hacia cualquier sector disidente y el incumplimiento reiterado de su palabra.
Pero nadie promovió la idea de deponerlo, porque sencillamente no sería práctico, causaría un vacío enorme de poder y tendría un costo altísimo para el País.
Además, los ciudadanos no son tan ingenuos como para creer en la palabra de un antidemócrata que invita a participar en un ejercicio que ni siquiera es vinculante. Y si AMLO jamás ha aceptado un resultado electoral que le resulte adverso, ¡quién esperaría que acatase el más que improbable resultado de una consulta que no le obliga a absolutamente nada!
También, ustedes chairiza, no nos quieran ver la cara de pndex@s, que está bien que algunos votamos por el viejito, pero no por eso somos sus clientes incondicionales.
Han tratado de convencerme de las bondades de implementar esta herramienta a la vida democrática del País. Pero una vez más, un proceso de revocación es deseable, sólo dependiendo de quien lo promueve; y en las manos de un autócrata no opera en favor de la democracia, sino todo lo opuesto.
Los procesos de revocación en contextos populistas de América Latina (Venezuela, Ecuador y Perú), sólo han servido para que sus tiranillos dictadorzuelos se aferren aún más al poder. Y eso, entre otras cosas que ya comentamos en pasadas enregas, es lo que AMLO busca y por eso tiene a toda su plana mayor en chinga, promoviendo – ¡ilegalmente! – su mamarrachada del domingo, porque necesita una nutrida participación para hacer alarde de convocatoria y poderío.
Así que mi sugerencia es que desdeñe usted este ejercicio antidemocrático, se surta de cerveza como buen mexicano previsor, también de barbacoa y se quede en casa este domingo a ver un maratón de Netflix o de la plataforma de su preferencia.
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