Ciudad de México. Septiembre 8.- En México, una de cada tres agresiones sexuales contra menores de edad ocurre en espacios escolares, revelan diversos estudios y organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos de la infancia. En un país donde entre el 80% y el 96% de los casos de abuso sexual infantil no se denuncian, este dato cobra una dimensión alarmante: las escuelas no son lugares seguros para millones de niñas, niños y adolescentes.
De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh), el 38% de las mujeres mayores de 15 años que han sufrido abuso sexual, lo vivieron en las escuelas, donde los principales agresores son sus compañeros de clase, seguidos por profesores. Otro 34% de la violencia ocurre a nivel comunitario. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reportó en 2017 que el 78.6% de las víctimas no denuncian ni buscan ayuda, mientras que la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas estima que este porcentaje podría alcanzar hasta el 96%.
Según el portal Animal Político, este 8 de septiembre marca un hito: por primera vez, la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha incluido en su calendario oficial una jornada nacional de concientización sobre violencia sexual en la educación básica. Esta acción responde a una orden judicial derivada de la causa penal 258/2021, relacionada con el caso del kínder Marcelino de Chámpagnat, en la Alcaldía Gustavo A. Madero de la Ciudad de México, donde en 2018 se denunció un abuso sexual organizado.
La jornada se implementará en 232 mil escuelas y llegará a 24 millones de niñas, niños y adolescentes. No obstante, la Oficina de Defensoría de los Derechos de la Infancia (ODI), que acompañó la causa judicial, alerta que esta jornada —aunque positiva— no constituye una política preventiva, sino una reacción tardía. “Fue lograda por un grupo de familias valientes, que lucharon no solo por justicia para sus hijos, sino por establecer procedimientos obligatorios para proteger a todas y todos”, señala la organización.
Desde 2017, México ocupa el primer lugar en casos de abuso sexual infantil entre los países de la OCDE, y el panorama no ha mejorado. De 2010 a 2023, la violencia sexual infantil se ha incrementado en 1,139.2%, de acuerdo con análisis de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), con un promedio anual de 4,247 casos registrados por la Secretaría de Salud entre 2019 y 2023.
Las cifras globales también son inquietantes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que una de cada cinco niñas y uno de cada trece niños son víctimas de violencia sexual antes de los 17 años. En México, 8 de cada 10 víctimas infantiles son mujeres. Cuatro de cada diez víctimas tienen menos de 15 años, y el 34% de las mujeres abusadas lo fueron entre los 16 y 30 años.
Además, el riesgo es cuatro a diez veces mayor en menores con discapacidad, especialmente intelectual o sensorial, advierte María del Carmen Beltrán Rodríguez, paidopsiquiatra del Hospital Psiquiátrico Infantil Juan N. Navarro, quien también trabaja con casos clínicos de abuso sexual infantil. Desde su experiencia clínica y pedagógica, señala que el problema radica en la falta de supervisión y de aplicación de las leyes, a pesar de que México cuenta con normativas “muy completas”.
Durante una capacitación nacional en la que participaron mil docentes de preescolar, primaria y secundaria, Beltrán Rodríguez identificó varias barreras: falta de difusión de programas, ausencia de protocolos estatales claros y miedo de los maestros a represalias legales o del crimen organizado. “Algunos profesores han sido frenados por sus propios superiores con frases como: ‘no nos metamos en broncas’, y se guarda silencio”, explicó.
La impunidad es otro factor clave. “Incluso cuando una denuncia procede, el agresor muchas veces solo es reubicado a otra escuela, a veces en zonas más vulnerables”, añade. A esto se suma que las víctimas pueden tardar entre 5 y 6 años en reconocer el abuso vivido, sobre todo por la ausencia de educación sexual y la normalización de las conductas abusivas.
La organización Reinserta, especializada en atención a infancias y adolescencias sobrevivientes de violencia, trabaja actualmente con 87 menores, de los cuales el 70% ha sufrido abuso sexual. Su modelo “Sobrevivientes” ofrece acompañamiento psicológico, legal y psicolegal, ante un sistema judicial adultocentrista y revictimizante. José Pablo Balandra, director de operaciones, relata que hay niñas que han tenido que enfrentarse en tres ocasiones a su agresor en audiencias judiciales para que su testimonio sea validado.
“Queremos que los niños sepan que hay alguien más poderoso que su agresor”, dice Balandra, quien propone medidas como una entrevista única que sea válida en todo el proceso penal, para evitar que los menores repitan sus testimonios constantemente.
Balandra espera que la jornada del 8 de septiembre sirva para abrir la participación de organizaciones civiles, generar políticas públicas efectivas y romper el silencio en torno a esta violencia. También propone que se revise la estructura machista y los delitos sexuales en entornos digitales, muchas veces ignorados.
“El reto es lograr que las escuelas dejen de ser sitios de riesgo y se conviertan en verdaderos espacios seguros para nuestras infancias”, concluyen los especialistas.
ce como preparación psicolegal, pues parte de las problemáticas sobre las que han alertado es que el sistema de impartición de justicia en México conserva una mirada adultocentrista.
“Los niños cuando son víctimas de estas violencias, de estos delitos, y los cuidadores se animan a denunciar y seguir un proceso penal para sancionar a los responsables, prácticamente es un calvario lo que tienen que cruzar, porque el propio proceso jurídico es poco amigable, poco entendible y poco empático ante las infancias”, sostiene Balandra.
La acción de Reinserta, continúa, es ese acompañamiento psicolegal para poder dar un mensaje sencillo mediante el que un niño de 4, 5 o 6 años de edad pueda entender al decirle “hay alguien más poderoso que tu agresor, y nosotros vamos a acompañarte para que en este proceso, de entrada, tú estés bien y estés cuidado, y haya toda una representación y un acompañamiento que te vaya explicando qué va a suceder y qué tenemos que hacer para que ese superhéroe —una analogía— pueda realmente alejarte de ese dolor y de ese mal”.
Reinserta también destaca lo alarmante de la cifra negra en torno al abuso sexual infantil. El sistema judicial representa la mayoría de las veces un obstáculo. Balandra menciona, como ejemplo, un caso que lleva por lo menos cuatro años en juicio, en donde se ha tenido que replantear el proceso judicial por fallas procesales. La niña ha tenido que participar en al menos tres audiencias cara a cara con su agresor para poder probar sus dichos ante el juez.

“Imagínate esto en una niña, un niño, que tiene apenas capacidad para nombrar las cosas que en el desarrollo de nuestra capacidad intelectual, de nuestro cerebro, no sabemos a qué hora era exactamente, el lugar exacto, todos los detalles que una persona adulta, incluso, cuando está en una situación de shock, puede olvidar, y eso es una programación de nuestro cerebro para poder poder sobrevivir”, indica.
La organización hoy busca trabajar con las autoridades, fiscalías y ministerios públicos para poder acercar soluciones, como una entrevista única en la que el testimonio sea válido durante todo el proceso judicial penal, para que las infancias no estén constantemente en espacios no aptos para ellas.
Balandra apunta que la jornada de este 8 de septiembre debe servir para que la SEP también se abra a una mayor participación de la sociedad civil que trabaja el tema, y pueda ayudar a mejorar la sensibilización. Además, debe ser un paso para construir espacios verdaderamente significativos para infancias y adolescencias, en un periodo que es muy crítico para ellas.
Al mismo tiempo, tendría que ser un momento para replantear temas normalizados, como las estructuras machistas que contribuyen al silenciamiento de las violencias, el consentimiento, así como las implicaciones de los delitos que pueden cometerse ahora en materia de violencia sexual en entornos digitales.
“Es un avance muy significativo, y esperemos que no nada más se quede en una conmemoración de esta fecha, sino que realmente haya cambios para que las escuelas se conviertan en entornos seguros y protectores de las infancias que pueden estar vulnerables”, concluye.
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