El misterioso síndrome de La Habana era un mal repentino sin aparente explicación. Registrado por primera vez en Fráncfort en 2014, lo sufrieron, en muchos puntos del globo, más de cien diplomáticos, agentes y militares estadounidenses, así como por sus familias. Los afectados padecían una súbita presión en la cabeza y el pecho, así como vértigos y náuseas y, a veces, pérdida de visión y oído.
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