por Horacio Cárdenas Zardoni
Dicen que decía Jorge Luis Borges que es un asunto de caballeros el defender las causas perdidas, porque las otras, las que no son perdidas, se defienden solas.
Esta frase, consciente o inconscientemente, parece ser el motor de muchas de las luchas emprendidas por los ciudadanos de todas las latitudes, en defensa de cuestiones a las que les perciben pocas posibilidades de éxito. Sí, van y gritan, van y se pelean, meten oficios, realizan protestas, organizan plantones y manifestaciones, y en algunas exageraciones de teatralidad, hasta organizan huelgas de hambre, se encadenan, y otras acciones, destinadas más a llamar la atención de la población sobre un asunto, que para a través de ellas, convencer a las autoridades o los particulares de la pertinencia, incluso la justicia de sus peticiones en torno a un asunto de la competencia de las primeras o del interés de los segundos.
La verdad es que muchas de las causas que se mete la gente a defender, terminarán en un fracaso rotundo. A ver ¿cuándo fue la última ocasión en la que una marcha de protesta, un plantón, el secuestro de un camión, terminó con una reducción de las tarifas a favor de la población en general y de los que protestaban, en particular?, que yo recuerde, nunca.
Es de esa clase de cosas que aun los afectados suelen dar por hechas y concluidas ¿para qué nos cansamos protestando, si está bien claro que no se podrá lograr nada?, al contrario, hasta se puede uno hacer acreedor a represalias, sobre todo de índole laboral y económico, aunque no se descarta usar otra clase de medidas de las autoridades para “convencer” a los inconformes de abandonar su causa, y para estas se pintan solos, no dudamos que hasta lo disfrutan.
Pero de vez en cuando la gente casada con una causa persevera a tal grado que los contrincantes se ven forzados a negociar, ya que no directamente a ceder, pues los ciudadanos cuando se lo proponen, pueden llegar a ser de lo más incómodos. Algo así es lo que sucedió en el caso del árbol…
¿Cuál causa y cuál árbol? Habrá gente que se lo pregunte y es que con todo y que vivimos en una sociedad que presume de hipercomunicada, lo cierto es que no nos enteramos de todo lo que nos interesa o de lo que deberíamos. Todo el mundo conoce, en Saltillo, la calle del árbol. No se llama así, sino Sauce, y es una calle ubicada en la Colonia Jardín, que por esas cosas de la mala planeación urbana, es la única calle que comunica el oriente y el poniente de la ciudad, pues al cruzar en un sentido se convierte en bulevar Hinojosa, y del otro lado… del otro lado a ver a dónde va a dar vuelta, porque en su primer tramo no es de dos sentidos. Sauce es la única opción para ir de Abasolo a Carranza y viceversa, y para tener una función tan importante, se queda chica, pues es angosta, y si hay carros estacionados, queda apenas espacio para la circulación de un carro yendo o viniendo.
Sauce es la calle donde quedó un árbol en medio, se trata de un nogal que debe estarse acercando a los cien años de edad, por su grosor y partiendo que la colonia tiene más de cincuenta años de existir, y ya era un árbol maduro entonces. Alguna vez en su vida, todos los saltillenses han pasado por allí, y visto el árbol en medio.
Todo comenzó a mediados del año pasado, cuando un grupo de vecinos se congregó en torno al árbol, ante la versión que se corrió de que la empresa DAVISA estaba planeando tumbarlo, como parte de su desarrollo inmobiliario Parque Centro. En aquella primera jornada, alguien, una niña, metió la mano en una parte hueca del tronco, para retirarla llena de aceite. Aparentemente alguien había decidido pasar de las palabras a los hechos, y habían vaciado litros y litros de aceite quemado, con la intención de envenenar al árbol, y ya muerto, tendrían pretexto para derribarlo.
Allí nació el movimiento, que luego devino en asociación civil, de defensa del nogal, integrada por vecinos de las colonias Jardín, Jardín Oriente, Parques y Ángeles. El objetivo inicial era salvar el árbol, del que se derivaron luego algunos otros relativos a la convivencia de las colonias de casas unifamiliares, con lo que promete ser un gran complejo habitacional de altos vuelos.
A lo largo de los primeros meses se organizaron jornadas de limpieza de las banquetas, el cordón cuneta, de difusión con mantas colocadas alrededor del árbol, volanteo, llevando a cabo algunas manifestaciones, en las que se cerraron no las calles, pero sí los accesos a Parque Centro. Como suele pasar, al principio los tiraron a lucas, ya se cansarán y largarán, hasta que impidieron la entrada de sus camiones… y entonces avisaron a la policía y al ayuntamiento, que andaban unos revoltosos dando lata.
Llegaron patrullas de la municipal, luego enviaron dos, tres del Grupo de Reacción Sureste… vino gente de desarrollo urbano y hasta regidores del cabildo. Hubo amenazas de denuncias penales… hasta que como decía aquel anuncio, decidieron que hablando se entiende la gente.
Y se habló, se plantearon las inquietudes, las preocupaciones, se dio cuenta de los abusos, algunos los sabían, otros no les importaban, como suele pasar, la pregunta candorosa de los poderosos ¿y porqué no se habían acercado a platicar?… y se llegó a acuerdos.
Y lo crea o no, se llegó a acciones. La semana pasada sin ir más lejos, el ayuntamiento de Saltillo colocó la rotonda para proteger al nogal, una que se había quitado hace décadas con un recarpeteo, se volvió a poner, en lo que fue entendido como un triunfo, no de unos sobre otros, sino de la posibilidad de dialogar, de llegar a acuerdos, de solucionar los problemas, de convivir y llevar la fiesta en paz.
Uno ha escuchado de causas que tardan años y más años en fructificar, si es que lo hacen, y allí tiene que a los defensores del nogal les llevó siete, ocho meses, desde las primeras acciones, los primeros roces, gritos e incidentes, hasta reunirse con las autoridades municipales y con los representantes de la empresa, y allí está. Ni crea que fue fácil, hubo discusiones al interior, espías, sabotaje, dudas, decepción, pero también perseverancia que se tradujo en lo que nadie suele hacer, barrer, recoger la basura, darle su manita de gato al árbol. Hoy el nogal luce como no lo había hecho en decenios, protegido por una rotonda, cuidado por vecinos y autoridades, símbolo de la posible y real convivencia entre humanos, sus máquinas, y la naturaleza. Dese una vueltecita para que vea cómo quedó y cómo va a quedar cuando arreglen la banqueta y pongan barda. En esta ocasión no perdió nadie, ganamos todos.
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