Horacio Cárdenas Zardoni
La esperanza es lo último que muere. Esa es la divisa que debería regir las relaciones entre el gobierno y los gobernados. Nada de cumplir y hacer cumplir la constitución y las leyes que de ello emanen, y si no lo hiciere, que la nación (o el estado o el municipio) me lo demanden, cuando lo que queda demostrado sexenio tras sexenio, es lo que están pensando los mandamases en el momento mismo de jurar: me la pelan. ¿Y es que qué gobernante paga por lo hecho indebidamente, por lo no hecho y por lo gastado durante su gestión?, sí, se imponen, muy de vez en cuando penas corporales y pecuniarias, pero estas nunca, ni de relajo, resarcen el daño causado a la población, y no tanto por lo que se hallan chispado, sino por las oportunidades perdidas y el tiempo desperdiciado.
En economía hay una que le llaman ley, pero no nos andemos por las ramas, pongámoslo en el terreno de lo práctico, un principio que llaman costo beneficio. Si algo cuesta equis cantidad de dinero, debe rendir por lo menos eso, y deseablemente mucho más, al menos en eso consiste la teoría, porque en la realidad cotidiana, y sobre todo en paisitos como México, nos acabamos dando de topes con que gracias a la eficacia gubernamental, nos sale más caro el caldo que las albóndigas, que además, nos las hacen de soya, aunque nos las facturen como si fueran de Angus.
Cuando se incluyó la dizque modernización de bulevar Venustiano Carranza en el pomposa y deportivamente denominado Tercer Maratón de Obras, lo primero que se nos vino a la cabeza a los descreídos saltilleros fue que llegaba tarde, siendo como es, la principal vialidad de la capital de Coahuila, lo mínimo que hubiera cabido esperar a los ciudadanos es que se incluyera en el primer maratón, y no hasta el último, pero como sabemos, los designios de los políticos son insondables, rayando en lo incomprensible. Así que durante dos años se hizo apenas lo indispensable para que la avenida no se cayera en pedazos… o no, ni siquiera eso, como venía una “renovación grande” ¿pues para qué gastar doble, en reparaciones y en el gran proyecto que s iba a emprender?
Todo fueron especulaciones durante dos años, a propósito la administración municipal dejó volar, y también alimentó la imaginación de los saltillenses, que con aburrimiento y resignación veían que el tráfico en Venustiano Carranza estaba cada vez peor. Se habló de crear un par vial con Isidro López o hasta con Vito Alessio Robles, se especuló sobre la creación de carriles confinados para el transporte público y de personal, entre las fumadas del Instituto Municipal de Planeación, y los deseos desbocados de ciudadanos desesperados por el trafical nuestro de cada día, el municipio tomó una decisión salomónica: hacer lo mismo de siempre, vendiéndolo como la panacea para todos los problemas viales de ese sector de la ciudad, para lo cual se aplicó la clásica: gastar el dinero en lo mismo de toda la vida, es más, contratando la misma empresa que, yo creo, instaló el primer semáforo que hubo en Saltillo hace cosa de un siglo, y que es la misma que presta servicio en todo el país, Semáforos de México o algo así, SEMEX.
La novedad fue ahora que nos jugaron el dedo en la boca diciendo que los semáforos serían “inteligentes”, a diferencia de los que vino a sustituir, que trabajaban con sistemas más anticuados, pero que en la práctica hacían el mismo trabajo, a saber, organizar el flujo de vehículos conforme a un programa, desarrollado a base del conteo del tráfico. De hecho, con todo y su inteligencia artificial, allí estuvieron las clásicas cajitas amarradas a un poste, con sus cables atravesados a los carriles, el mismo procedimiento de hace cincuenta años, que fue la primera vez que lo notamos. Si aparte usaron drones o cámaras digitales, eso no lo sé, pero de que el conteo fue a la muy antigüita, lo vimos.
Ahora, respecto de la solución. Aquí lo teorizamos de manera muy rupestre, la hipótesis fue que, igual que cada vez que lo han intentado, la mejora en la vialidad en Venustiano Carranza, que era todo el objetivo, se haría a costa de la vialidad en las calles y avenidas secundarias que desembocan en aquella… ¿y qué cree?, que así fue.
En Periférico Luis Echeverría, de oriente a poniente y de poniente a oriente, las filas para atravesar Carranza, que de por sí eran pesadas, se han multiplicado por tres… parecerá exagerado, pero no lo es, compruébelo o súfralo a cualquier hora del día. En la famosa Calle del Árbol, Sauce, la fila que antes era de una cuadra, ahora abarca tres, Álamo, Roble y Sauce para cruzar a Hinojosa, eso viniendo por Carranza, y si viene de la Colonia Los Ángeles, la cola tranquilamente rebasa el nogal, pudiendo pasar más de diez minutos, nada más para cruzar la avenida arreglada, que esa sí, va como sedita, supuestamente.
El otro milagro esperado, que finalmente el municipio se fajara los pantalones, y quitara de una vez por todas el semáforo de bulevar Galerías, tampoco ocurrió. Pese a que el alcalde José María Fraustro Siller dijo que ese asunto, que cumple ya siete u ocho años de desidia y de rispideces entre los dueños de Parque Centro y la autoridad, se quedará para algún eventual futuro, quizá cuando MORENA gobierne o el PT, y lo haga nomás por contreras, mientras seguirá ese chipote con las luces intermitentes del semáforo, y los tambos naranjas en el corte de camellón, y con su respectiva cadena para que nadie los quite o se los robe.
Ni siquiera hubo el milagro de que planearan y ejecutaran bien la obra. Aquí mismo criticamos en sendas columnas que no hubieran subido las alcantarillas antes de comenzar la obra, esa fue una, y otra en la que criticamos que sobre Carranza y por toda la ciudad, las alcantarillas las rodean de concreto, en vez de asfalto, con lo que a la vuelta de pocos años o escasos meses, se fractura y pulveriza, quedando todavía peor. No que nadie nos lea y menos que nos haga caso, pero sí se pusieron a subir las alcantarillas, algunas, no todas, ¿y qué cree?, por supuesto usaron concreto en vez de asfalto, ya lo de destruir una obra que se vendió en cuarenta y feria de millones de pesos, de eso ni quien se ocupe ni a quien le importe, parece.
Ah y lo de plantar un semáforo enfrente mismo del escudo del IMSS, eso de plano no tuvo progenitora, le guste o no el símbolo, quedó tapado por el tubo negro del semáforo, que perfectamente pudieron poner donde estaba el que quitaron, pero no, hay que se incompetente y demostrarlo.
Total que no, bulevar Carranza sigue igual y va para peor, ¿reponer los árboles que se han caído o que han tumbado los borrachos?, no, eso no. ¿acompañar las palmeras washingtonianas que quedan de cuando Oscar Pimentel las vendió en diez mil pesos cada una, en vez de poner árboles de cien pesos, con otros que cuesten unos mil?, no eso tampoco, ¿hacerlo una vía en que convivan ciclistas, motos y peatones con el temible transporte público y el todavía más temible transporte de personal?, no… ¿entonces en qué quemaron 57 millones de pesos?, comprobado a nivel usuario, no en que recorramos el bulevar en menos tiempo que antes.
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