Lic. Marco Campos Mena
Bien lo decía el filósofo Séneca hace 2000 años en su icónica frase «Non est ad astra mollis e terris via» traducida como “no hay camino fácil de la tierra a las estrellas” y esto rige por completo nuestra vida de una u otra forma.
Solemos creer que habrá soluciones fáciles a problemas complicados, pero la realidad es que las soluciones fáciles suelen ser la mayor parte de las veces un simple engaño paliativo que nunca resuelve de fondo el problema que tenemos.
Esto lo podemos ver desde nuestras decisiones personales hasta en los asuntos macroeconómicos y gubernamentales, nada es fácil, toda decisión presenta siempre una complicación secundaria que termina por afectarnos mucho más de lo que esperamos y en ocasiones resulta incluso más perjudicial.
Veámoslo incluso desde la medicina alópata, cada medicamento que compra para un malestar siempre tiene en el anverso de la caja una pequeña sección en la que se enumeran los diversos efectos secundarios detectados en laboratorio, aclaro, no limitativo a solo esos, cada organismo puede responder de diferentes maneras y resultar en un problema mayor de no ser atendido correctamente una vez que surgen los primeros síntomas.
Analice todas las repercusiones que puede tener una decisión en su vida diaria, un cambio de ruta en su trayecto diario, que elegir para desayunar, qué ropa usar o qué palabras usar al hablar con alguien, todo son decisiones que se toman en todo momento y que comunican mucho más que lo que decimos, todas son decisiones que pueden cambiar nuestras vidas de un instante a otro.
Steve Jobs descubrió el tiempo que pasaba vistiéndose, calculando el tiempo que le tomaba diariamente elegir las prendas que usaría, siendo un genio creativo decidió eliminar esa variable de sus procesos de pensamiento y toma de decisiones para enfocar su energía cerebral en algo mucho más importante para él, pensar en ideas que innovaran tecnológicamente y revolucionaran el mundo.
Al elegir un mismo atuendo para todos los días eliminó un proceso mental que quedó automatizado en ese momento, el cambio puede parecer mínimo considerando los pocos segundos o minutos que le tomaba elegir que usar, pero al momento de sumar esos segundos diariamente por años, suman una cantidad importante de tiempo, sin mencionar aún que tenemos que sumar el tiempo que toma acudir a una tienda a buscar ciertas prendas que sean de su agrado y las tallas para asegurarse que le quedarán cómodas… podríamos estar hablando de días o meses incluso en procesos que a modo hormiga restan nuestro tiempo de actividades más relevantes o que disminuyen nuestra energía mental.
Claro, no aplica del mismo modo para todos los seres humanos, en su caso era así por el valor que le daba a tener una mente despejada para crear, pero para otros es un proceso de gran valor que influye directa y proporcionalmente en los resultados de su día a día.
Por ejemplo, para una persona cuyo trabajo es cerrar tratos y ser la imagen de la compañía, el vestir bien, tomar decisiones sobre cada mínimo detalle de su atuendo e incluso el aroma que le caracterice pueden ser cruciales para transmitir justo aquello que lo vuelva exitoso, aquello que lo distinga y haga que se gane la confianza, cada decisión es de gran peso y debe destinarse el tiempo necesario para que sea tomada con cautela y de manera que cumpla con lo esperado.
Es así como el ser humano como ser pensante y lingüístico es un ser de decisiones.
Diariamente tomamos alrededor de 35,000 decisiones y solamente el 1% se toman de manera consciente, el resto son respuestas programadas a un estímulo, es así cómo se educa al cerebro y muchas veces la respuesta programada no es la más acertada, incluso puede ser la más adversa, pero es tomada por un hábito.
Es por ello que reitero que no hay un camino fácil, las decisiones son procesos racionales que deben ser analizados a nivel neocórtex para que puedan ejecutarse límbica y reptilianamente en automático, ¿le suena como algo difícil?
En realidad, no es difícil, pero si es un trabajo de conciencia y hábito más que de motivación, es una programación a final de cuentas, somos una súper computadora capaz de aprender y ejecutar la orden que deseamos que sea ejecutada en determinado momento.
Mucho se habla de ganar las batallas primero en la mente, eso es justo la manera en que se educa al cerebro para programar las respuestas que se van a dar a cada estímulo que podamos tener diariamente, no es un camino difícil, pero tampoco es fácil vencer la pereza del cerebro de querer tomar decisiones automatizadas todo el tiempo.
Sabiendo esto, comience a hacer un autoanálisis de sí mismo y de cómo responde a diversos acontecimientos diarios, ¿Por qué café y no té? ¿Por qué a la izquierda y no a la derecha? ¿Por qué hacer algo o no hacerlo?
Ahora comience a analizar a las figuras públicas, ¿por qué dijo eso? ¿por qué no ha hecho algo? Y cuantas más preguntas le vengan a la mente. Le recomiendo tomar notas de sus conclusiones.
Cada decisión está basada en una intención, pero no siempre se analiza el contexto o lo que pueda pasar por dicha decisión.
La decisión de Rusia de invadir Ucrania pudo haberse visto como un conflicto menor, sin embargo, aquí estamos padeciendo una inflación mundial de grandes proporciones, la decisión de cancelar un aeropuerto claro que tuvo sus repercusiones, hoy se enfrenta a un problema de sobre cupo en el aeropuerto de la ciudad de México mientras que el AIFA requerirá 2MMDP para funcionar el próximo año y sin una fecha clara de cuándo pueda ser autosustentable.
Esas decisiones cambiaron el rumbo de la vida de todos nosotros, incluso si no volamos ni una vez al año y menos a la ciudad de México, hubo un impacto por la decisión de una persona y lo que pensaron sería un camino fácil en realidad está siendo uno más complicado.
Aprender a identificar el poder de una decisión no le hará el camino más fácil, eso es un hecho, pero le servirá para saber tomar un camino diferente con resultados que pueden resultar más benéficos, deles su debido valor a estos procesos mentales, pero, sobre todo, analice a quienes mueven los hilos del país y del mundo.
Pensar diferente es una cuestión de perspectiva y no es un delito, pero seguir incondicionalmente y nunca juzgar, sin duda es una complicidad, aunque sea por omisión.
Tenga esto presente y preste atención a lo que no se lee, lo que no se ve, aquello que no se dice o hace, hay más información allí que en todo lo demás y con ello podrá tomar mejores decisiones en un futuro.
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